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10.08.2012

EL CASO ASSANGE

Por Juan José Oppizzi
Sus Artículos en ADN CreadoreS



Me parece que si buscamos un caso típico de persecución a quien ha descubierto –y hecho públicas– oscuras tramas de la vida político-militar internacional, los hechos que rodean a Julian Assange reúnen, al menos en este año de 2012, las condiciones más destacadas.

Este pálido australiano residente en Suecia (y ahora en la embajada ecuatoriana en Londres), pasó a gozar de una fama bastante superior a la que ya envolvía a su espacio cibernético llamado Wikileaks. Bastó que difundiera una serie de intimidades de los vericuetos mundiales para que las furias de muchos sectores de poder se precipitaran sobre él de una manera nada halagüeña para su futuro. La intensidad de esos fogonazos fue proporcional a la cantidad y volumen de los secretos revelados. La potencia más escaldada en sus dignidades fue Estados Unidos, hasta el punto de dejar trascender el propósito de liquidarlo en cuanto pueda lograr su extradición. El modo de hacer que caiga en sus feroces redes jurídicas (siempre funcionales a los intereses supremos del Departamento de Estado, no obstante la declamación que los sitúa al servicio imparcial de la Justicia) no discrimina entre formas elegantes y métodos horrorosos, aunque al principio aquéllas se mantengan. 


Y así fue: Suecia le pidió a Gran Bretaña la extradición, ya que Assange se encontraba allí, tomando distancia de una acusación de acoso sexual. No se requiere ningún grado de paranoia a fin de imaginar cuán permeable sería el país escandinavo a las presiones norteamericanas, si el reo cayese en la vorágine de las extradiciones sucesivas (la labor de la CIA -Agencia Central de Inteligencia, por si alguien no lo recuerda- ya se centró en presentar a Assange como un delincuente mundial). Pero lo que alimenta la sospecha del complot es, por sobre todo, la ridiculez de la causa por acoso sexual. El expediente, más que despertar la indignación por la supuesta conducta de un abusador, mueve a una carcajada descomunal: la mujer acusadora planteó que, en instancias de compartir noche y lecho con Assange, éste tuvo sexo en un momento en que ella dormía, por lo que ese coito (los anteriores, sí) no se hallaba autorizado. Que la Justicia sueca haya hecho lugar a un disparate de semejante calibre, despierta algunas susceptibilidades. No menos sospechosa fue la actitud de Gran Bretaña ante el refugio de Assange en la embajada de Ecuador: directamente amenazó con violar las normas diplomáticas y entrar a la sede por la fuerza; ¡Un poco exagerado el celo por detener a un presunto transgresor de la ley de otro país!

Tanta coordinación de parte de tantos poderosos en la finalidad de perseguirlo, callarlo o aniquilarlo, mueve a suponer que los datos que Assange divulgó por su red Wikileaks son informaciones de una veracidad extrema, y, al mismo tiempo, dejan entrever que su develación contó con otros colaboradores, realidad alarmante si las hay para quienes pretenden guardar secretos.

Por supuesto que este pálido australiano no es un hacker solitario, ni un timorato indagador de computadoras ajenas. Su sólida base informática cuenta asimismo con antecedentes de física cuántica y matemática. Wikileaks tampoco es un grupo de aficionados que se dedican en los ratos libres a navegar en espacios virtuales restringidos, si nos guiamos por las incursiones que originaron el escándalo. Pero no es eso lo que debe interesarnos en este momento, sino el contexto. Todo el proceso, desde que Wikileaks dio a conocer las datos hasta la entrada de Assange en la representación diplomática ecuatoriana, ha servido para que un trasfondo de neblinosos tentáculos se hiciera visible. Los sutiles modos del lenguaje internacional se transformaron en amenazas sin veladura, la descalificación se puso en marcha de una manera corrosiva, las campañas de desprestigio alcanzaron niveles superiores a los registrados en ocasiones análogas. El nerviosismo de los omnipotentes marca el límite de sus omnipotencias, lo cual es una esperanza de valor histórico; los viejos poderes, actualizados en sus medios por la tecnología, deben contar con que hay desafiantes también actualizados en sus medios por la tecnología, y, para colmo, por la misma tecnología; el veneno, sin querer, fabrica su contraveneno (¡Oh, Marx, qué sabio eres!).

En lo que se refiere a Estados Unidos, no puedo pasar por alto el recuerdo de dos casos con repercusiones equivalentes al de Assange, con las debidas diferencias de tiempos, circunstancias y personalidades: el matrimonio Rosemberg y el científico Oppenheimer. En el marco de la Guerra Fría, sufrieron la acusación de haber revelado secretos a la Unión Soviética. A los Rosemberg les aguardó la silla eléctrica; a Oppenheimer, el ostracismo y el repudio generalizado. En ambos casos no dejó de sobrevolar con insistencia clamorosa la falsedad de los cargos y la posibilidad de que las razones de las condenas fueran de otra índole, menos confesable para los juzgadores. Por eso, si Assange efectivamente, sea por los motivos que fueren, dio a conocer al mundo cosas reales, merece protección en homenaje a todos los que pagaron con su vida el atrevimiento de pensar fuera del molde occidental en vigencia.




Diagramación & DG: Pachakamakin

9.05.2012

GOOD LUCK, MR. ASSANGE!

Por Eliseo Verón




Ya lo dije en otras oportunidades: hay momentos privilegiados en los que la máquina de los medios de comunicación y sus relaciones con las sociedades que los consumen constituyen un paquete de eventos y discursos cuyo análisis no tiene desperdicio. En los casos más sabrosos, el paquete en cuestión es una combinación de contradicciones, idas y vueltas discursivas, acciones microscópicas de la vida privada que se discuten junto a decisiones institucionales de nivel e importancia globales, y mucho humor telenovelesco. Eso ha ocurrido, desde hace unos días, con la reaparición de la figura de Julian Assange, el fundador de WikiLeaks. La noticia que recorrió el mundo fue el breve discurso que pronunció el pasado Sábado 18, desde una pequeña ventana de la embajada ecuatoriana en Londres.

La importancia de WikiLeaks está para mí fuera de discusión, y aplaudí, desde más de una columna en este diario, la publicación de miles de documentos secretos de distintos gobiernos. Este último lunes, nada menos que Michael Moore y Oliver Stone firmaron juntos una columna en The New York Times en la que subrayan esa importancia, recordando algunas de las revelaciones hechas por WikiLeaks: el asesinato indiscriminado de civiles de Bagdad por un helicóptero Apache de los Estados Unidos; detalles acerca de “la verdadera cara de las guerras en Irak y en Afganistán”; la complicidad con la dictadura de Yemen, ocultando la responsabilidad de los bombardeos de los Estados Unidos; las presiones de la administración Obama para evitar que oficiales de la era Bush sean juzgados por tortura, entre muchas otras cosas.

Ahora bien, Assange es acusado en Suecia de violación y de coerción sexual por dos ex colaboradoras voluntarias de WikiLeaks, y ahí comienza otra historia. Suecia reclama su extradición para poder interrogarlo. Bueno, la presunción de inocencia siempre se debe aplicar y Assange sostiene que esas acusaciones son falsas y puramente “políticas”. En el discurso desde la ventana de la embajada de Ecuador en Londres, no dijo absolutamente nada sobre ese tema. Moore y Stone señalan, sin embargo, que Assange le hizo saber al gobierno sueco que estaba dispuesto a viajar a Suecia si las autoridades se comprometían a no extraditarlo a los Estados Unidos (donde se arriesgaría incluso a la pena de muerte); recuerdan también que Assange se ofreció a ser interrogado en Londres y después en la embajada de Ecuador, y que el gobierno sueco rechazó todas estas propuestas. Moore y Stone afirman que los funcionarios suecos, en otras ocasiones, se han desplazado a diversos países para realizar interrogatorios. Piensan además que el gobierno sueco es incapaz de resistir a la presión de los Estados Unidos si Assange pisa su territorio. 
“Mr. Assange –dicen Moore y Stone– no es un ciudadano norteamericano, y ninguna de sus acciones ha tenido lugar en territorio norteamericano. Si los Estados Unidos pueden procesar a un periodista en esas circunstancias, los gobiernos de Rusia y de China podrían, con la misma lógica, solicitar que periodistas extranjeros de cualquier lugar del mundo sean extraditados por violar sus leyes.”
Hasta aquí, todo bien. Pero resulta que el país cuya embajada Julian Assange eligió para refugiarse es Ecuador. Veamos un poco más de cerca lo que dijo desde la ventana de la embajada. 
“No tiene que haber más discurso loco (foolish talk) de persecución de cualquier organización mediática. Los Estados Unidos, ¿Van a seguir titubeando en el borde del precipicio, arrastrándonos a todos hacia un mundo peligroso y opresivo en el que los periodistas se llaman a silencio por el miedo a la persecución y donde los ciudadanos deben murmurar en la oscuridad?” 
Encuentro el tono excesivamente ampuloso, pero eso no tiene mayor importancia. Es en este contexto, en todo caso, que Assange le pide a Obama que termine con la “caza de brujas” contra WikiLeaks, y reclama la liberación de Bradley Manning, el militar que está preso sin proceso desde hace 800 días (la ley fija 120 días como máximo) por haber transmitido a WikiLeaks buena parte de los datos confidenciales sobre Afganistán. Juan Méndez, informante especial de las Naciones Unidas sobre torturas, ha afirmado que Manning fue sometido a un “tratamiento cruel e inhumano”.

En ese mismo breve discurso desde la ventana de la embajada, Assange le agradece a Ecuador y califica de “significativa victoria” el haber sido acogido por “una nación valiente e independiente”. Es aquí donde uno se pregunta a qué juego está jugando Assange, porque estúpido sin duda no es. Fundamedios, una organización no gubernamental de seguimiento de los medios (watchdog), con sede en Quito, tiene registrados, desde 2008, 533 ataques a periodistas por parte del gobierno de Rafael Correa. En Ecuador han sido clausuradas no menos de veinte estaciones de radio y de televisión desfavorables al gobierno.

Y así llegamos a la telenovela. Assange ha sido acusado en Suecia de violación y coerción por dos mujeres (conocidas en los medios, por el momento, como la señora A y la señora B). Según la información disponible sobre las denuncias, cuando Assange estuvo en Estocolmo para dictar una conferencia, fue al departamento de la señora A, con la cual al parecer cenó y tuvo después sexo consensuado. Según la señora A, estaba dormida junto a él y se despertó comprobando que Assange estaba de nuevo teniendo sexo con ella y sin preservativo. A un señor llamado George Galloway, que tiene en Inglaterra un programa semanal de televisión online, no se le ocurrió nada mejor que decir que ese hecho no puede ser considerado una violación. Enorme polémica: abogados y asociaciones contra la violencia sexual aclararon que, según la ley, “el consenso es requerido cada vez que se tiene una relación sexual”. O sea que Assange tendría que haber despertado a la señora A y haberle preguntado si quería tener de nuevo sexo con él, y sin protección. Sandy Brindley, coordinadora nacional de la asociación Rape Crisis de Escocia, dijo que:
“Puede ser tan devastador ser violada dormida por alguien que una conoce [habría que precisar, en este caso: alguien con el cual una está durmiendo después de haber tenido sexo consensuado] como ser violada por un extraño en la calle”.
Lo cual me parece un poco exagerado. ¡Claro que Assange no buscó calmar la discusión cuando, según Le Monde, declaró que:
Suecia es la Arabia Saudita del feminismo”!
Hay momentos en los que una estrategia individual opaca, incoherente, produce en los medios mucho ruido: una enorme discusión en Twitter sobre si tener sexo con una mujer dormida es o no una violación se mezcla con especulaciones sobre si Ecuador va a apelar a las Naciones Unidas, con el anuncio de una reunión de la OEA el Viernes 24 para discutir el tema del asilo de Assange, y con declaraciones formales de la Unasur. A propósito: la declaración de la Unasur expresa su solidaridad con Ecuador, repudiando la amenaza británica de anular la inmunidad diplomática de la embajada ecuatoriana en Londres, pero no aprueba explícitamente la decisión de Correa de dar asilo a Assange. ¿Por qué? Porque no hubo acuerdo: Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Argentina apoyaron explícitamente esa decisión, pero Brasil, Colombia, México y Chile no quisieron hacerlo. ¡¡¡Ufff!!! Algo de coherencia política queda todavía en este mundo.

Lo mejor, estimado lector, para el final. The Guardian del 20 de Agosto recuerda que el presidente de Ecuador, quien recibió los elogios de Assange por haberle concedido asilo, logró condenar a tres años de prisión por libelo contra la autoridad (más una elevadísima multa), al periodista Emilio Palacio del diario El Universo, y a tres de sus directores. Palacio pidió asilo en Miami; dos de los tres directores también se fueron del país. El tercero, Carlos Pérez, recibió asilo… en la embajada de Panamá en Quito.

¿Qué otra cosa se puede hacer con Julian Assange que desearle buena suerte?



Portada: Pachakamakin
Diagramación & DG: Pachakamakin