Mostrando entradas con la etiqueta Vacío. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vacío. Mostrar todas las entradas

1.21.2013

LA ATRACCION DEL VACIO: LA RE-FLEXION DE GEORGES BATAILLE

Por Christopher Gibrán Larrauri Olguín
Sus Artículos en ADN Omni
E-Mail: larrauriol@yahoo.com.mx




El inacabamiento, la herida, el dolor
necesario para la comunicación.
El acabamiento es su contrario. [1]
El erotismo abre a la muerte. La muerte
lleva a negar la duración individual. [2]

Para el Psicoanálisis, la obra del pensador francés Georges Bataille (1897-1962) no sólo indica la posibilidad de retomar algunas nociones interesantes a propósito de la subjetividad, o la ocasión para ratificar algunos de sus fundamentos teóricos, sino que indica la existencia de un pensamiento -muchas veces incomprendido en su esencia- que se dedicó enteramente a dar testimonio de una idea neurálgica de la cual emana gran parte de la experiencia psicoanalítica, a saber, la vida humana como posible sólo en base a la presencia de un vacío de saber, y la atadura de los sujetos a ese punto a-histórico denominado la Cosa, lugar del goce total.


En otros términos, en muy pocas obras de la literatura se encuentra plasmada tan frontalmente la división del sujeto, su dolor concomitante y la estrecha relación que ambos fenómenos guardan con el deseo y la pulsión, como en la obra de Georges Bataille, de allí su especial importancia para todo aquél que la encuentra en su formación como psicoanalista, o de manera más general, para quien la halla en su afán por responder a las preguntas más incesantes que habitan en su corazón siempre a partir de una imperiosa disquisición referente al mundo parlante.

Dicha afinidad entre Bataille y el Psicoanálisis freudo-lacaniano no es del todo casual, pues se sabe del acercamiento de Bataille a la obra de Freud y de su análisis con Adrien Borel en los años veinte, y sobre todo, se conoce que Bataille mantenía una cercanía notable con Jacques Lacan, al lado de quien asistió a los Seminarios de Alexander Kojève en torno a Hegel, y quien además contribuyó a la confección de su célebre libro El erotismo; por otro lado, en los años treinta el mismo Lacan se casaría con la actriz Sylvia Bataille, quien evidentemente antes había sido esposa del mismo Georges Bataille.

Sin embargo, más allá de las concordancias históricas con carácter de anécdota entre Bataille y el Psicoanálisis, insisto en poner énfasis en otra concordancia, ésta más bien de tipo existencial, que ya he introducido y a propósito de la cual el presente artículo versará; nexo que se traduce en una apreciación de la vida humana como la única desgarrada por el anhelo de consistencia, bordeada por la noción de ausencia que el orden simbólico imprime, noción de la que tanto Bataille como el Psicoanálisis beben, al extremo de apreciar algunos de los temas más apremiantes del quehacer humano como lo son la Ciencia, la Filosofía, el Erotismo y el Arte (en especial la Poesía), en base precisamente a ese agujero que constituye la respuesta a la pregunta por lo fundamental del hombre y su entorno que, Bataille, en algún momento, y Lacan, de manera constante, han denominado lo real.




BATAILLE Y EL BINOMIO CIENCIA-FILOSOFIA

A Bataille se le reconoce en los círculos de lectores ante todo como filósofo y/o como escritor ejemplar de lo erótico más que como un artista trascendental que se aventuró en lo ominoso de la totalidad de la existencia. Al mismo tiempo, se afirma –con derecho- que Bataille era un hombre muy interesado en las llamadas “ciencias humanas”, en especial en la Antropología y la Sociología –baste con recordar la influencia de Callois en su pensamiento- a las cuales recurrió sobre todo durante su trabajo como bibliotecario. Empero, lo que no se reconoce ni se menciona con igual énfasis es que ambas inclinaciones por la Filosofía y la Ciencia, ciertamente presentes en Bataille, desembocan en una oposición a la pretensión a la que ambos saberes están orientados, soslayando en ese movimiento tal vez lo más trascendente de la obra de Bataille.

Si bien existen diferencias de peso entre la actividad de la ciencia, la cual basa sus expectativas en demostrar “objetivamente” sus hallazgos a través de la forclusión de la verdad, y la Filosofía que, por su parte, no puede más que optar por proposiciones que sólo se pueden sustentar subjetivamente y que intentan rellenar el hoyo producido por el Significante, ambas disciplinas se intersectan en el punto de intentar ante todo establecer una Cosmovisión del Universo; siempre con la intención de llegar a aprehender la totalidad, o sea, la armonía del hombre, es que ambas posturas se lanzan a la cogitación.

Es decir, el objetivo máximo de Ciencia y Filosofía no es otro que el de apropiarse de lo real mediante el Símbolo, poder decir la última palabra o producir el cálculo final que significarían el cese de la falta de concordancia del hombre consigo mismo y con su mundo, por lo tanto, su objetivo es lo imposible por excelencia, tal y como lo afirma Bataille, pues lo imposible se emparienta con lo Real y lo Real es el saldo de la entrada del cuerpo a la Cultura, es lo inefable a secas, la expulsión del reino de la omnipotencia, de ese punto no marcado por la historia y que constituye su mítico inicio.

He aquí, a mi entender, el precepto más importante en el que Bataille se apoya en su aproximación a la Ciencia y a la Filosofía: a partir de la extracción de sustancia que el Lenguaje ejerce sobre el organismo humano y que se materializa en una falta estructural, -condición necesaria para formar parte de la sociedad-, la imposibilidad de un Otro con el significante que dé consistencia definiendo al Sujeto. Como lo menciona Safouan: 

“Se puede decir que el Significante es el significante de la castración. Si tenemos el nombre, no tenemos la cosa.”. [3] 
En otras palabras: 
“El yo que aparece en el enunciado designa a aquel quien efectúa el acto de enunciar; hasta aquí es lo que dicen todos los lingüistas, pero eso que callan, helo aquí: ese yo designa el Sujeto de la enunciación, pero no lo significa”. [4]
Es decir, la función primordial del Lenguaje es la castración, entiéndase la fundación del Orden Simbólico en el devenir del cuerpo para así humanizarlo. Esto produce una pérdida de satisfacción (goce) como pago por el derecho de formar parte de la civilización, representa el peso de las leyes del significante sobre el ser del hombre, representa, en fin, la constancia de un “algo” no presente. 
“La pérdida de goce es el resto irreductible de la operación simbólica de advenimiento del sujeto en el campo del lenguaje y la cultura, en el lugar del Otro. La operación del lenguaje deja caer un resto de goce porque la hegemonía del orden simbólico que el padre tiene como función asegurar no es absoluta. Este resto, elemento extraño a la naturaleza misma de lo simbólico, constituye a la vez el núcleo de su estructura: es el punto real, refractario a toda captura significante, el ombligo en torno del cual la palabra entreteje sus redes”. [5]
Siendo el Lenguaje un invento del hombre, sin duda el más trascendente, se encuentra incapacitado para definir a su inventor, es una cuestión de lógica radical. Esto es la castración, el interdicto de completud que rige a la Cultura y que ésta instaura en sus miembros con su edificio simbólico, de aquí la imposibilidad de poder dar una explicación final sobre lo que representa el cese de lo que Bataille llama la “discontinuidad” del hombre.

Se colige entonces la impostura tanto de la Ciencia como de la Filosofía, que como he dicho, pretenden decirlo Todo en torno al hombre mediante la utilización del lenguaje, impostura que el mismo Bataille denuncia así: 

“La máxima inteligencia es en el fondo la mejor engañada: pensar que se aprehende la verdad cuando sólo se huye de ella, y vanamente, es la evidente necedad de todos. Nadie tiene verdaderamente lo que se piensa: algo de más” [6].
Nadie tiene el significado de la vida que pudiera orientarla a la estabilidad, que pudiera orientarla a una aprehensión del goce del cual todo hablante es carente precisamente por ser hablante, pues, como se ha mencionado, la palabra mata la Cosa y hace que ésta se convierta en “la emperatriz intangible de la vida anímica, objeto absoluto” [7] que, precisamente por ser intangible es que se vuelve lo imposible, un más allá del sentido que el mismo sentido postula instaurando la pérdida de sustancia en el cuerpo humano, la razón por la cual “de ordinario subsiste una intención oculta de felicidad inaccesible”. [8]

A partir de este razonamiento es que yo dudo en llamar a Bataille “filósofo”, en todo caso, habría que llamarlo denunciante de la imposibilidad de una filosofía absoluta, como él mismo lo dijera: 

“La Filosofía no sale de sí misma, no puede salir del Lenguaje. Utiliza el Lenguaje de tal modo que jamás le sucede al silencio. De modo que el momento supremo excede necesariamente a la interrogación filosófica. La excede al menos en la medida en la que la Filosofía pretende responder a su propia pregunta. Así es como debemos situar la dificultad”. [9]
En este mismo sentido, Bataille puede ser apreciado como contestatario del sueño de la Ciencia que, en última instancia, consiste en la forclusión de la subjetividad al pretender pasar por alto la falta inherente al uso del Lenguaje que siempre abre un más allá del logos.
“Si la Ciencia discierne lo posible: debe discernirlo exactamente. Se calla en el instante en que la reflexión se pierde en lo imposible. La Ciencia enfrenta a la muerte, pero si habla de ella se refiere a sus consecuencias reales”. [10] 
En otras palabras, la Ciencia niega que de la muerte nada sabemos y que por eso mismo es indomable. En efecto, aquello que tanto Ciencia como Filosofía pretenden domar o al menos captar, es el origen y el fin de la vida.

La muerte es de esta forma sinónimo de goce, pues viene a poner término al deseo y apaciguamiento a la pulsión, a esa instancia que incita a los hombres a la recuperación de la Cosa tachada por la Ley. 

“Hay en la naturaleza, y subsiste en el hombre, un impulso que siempre excede los límites y que sólo en parte puede ser reducido. Por regla general, no podemos dar cuenta de ese impulso”. [11]
Tenemos que ese Vacío que se alberga en la subjetividad es vacío de goce, ausencia de continuidad que en el fondo es la razón que incita a los sujetos a un más allá de la realidad. La castración deja un resto de “animalidad” que se materializa en lo pulsional, en esa fuerza violenta cuya máxima sería el regreso a lo inorgánico, al núcleo originario que posibilita la historización, el grado primario de ésta última.

El goce es, de esta forma, aquella sustancia generadora de un arredramiento y de un ímpetu simultáneo en el discurso humano, es decir, el deseo humano está motivado a su consumación pero esa consumación representaría el cese de la vida misma conforme al lazo social. 

“En el plano definido por lo que vengo desarrollando, la continuidad divina está vinculada a la transgresión de la ley que funda el orden de los seres discontinuos. Los seres discontinuos que son los hombres se esfuerzan en perseverar en la discontinuidad. Pero la muerte, al menos la contemplación de la muerte, los devuelve a la experiencia de la continuidad”. [12]
La nada entendida no como la ausencia sino como la presencia abrumadora de la satisfacción es el objeto máximo de la pulsión, la generadora de violencia, y es del corte del fallecimiento del sentido, esa es la Verdad, y por ser fuera del sentido, es inalcanzable a través de los mecanismos de Lo Simbólico, lo que Filosofía y Ciencia niegan férreamente. Bataille y el Psicoanálisis optan por el camino inverso, por el reconocimiento de una nada de la que brota el sentido y a la cual éste último está encaminado sin augurio deseable de alcanzarlo:
“Finalmente, la pregunta se plantea de nuevo: -el miedo. . .; sí, el miedo, al cual sólo alcanza lo ilimitado del pensamiento. . .; el miedo, sí; pero ¿El miedo de qué?... La respuesta llena el universo, llena el universo en mí: -...evidentemente, el miedo de NADA …”. [13]
La Teoría Psicoanalítica reconoce pues que es precisamente esa NADA la que moviliza la existencia del deseo humano y la energía vital de la pulsión sin la que “nada” de lo existente en la Cultura sería posible, debido a que, si el hombre no fuese subsidiario de la falta creada por el Lenguaje, la Civilización simplemente nunca hubiera sido pues su néctar se encuentra en el Símbolo, en el establecimiento de la prohibición del goce.

Este es el dolor de existir incurable de la humanidad: estar del lado de la ex-sistencia y no del de la omnipotencia. En su insatisfacción es que radica el sufrimiento humano, pero también ahí se genera la semilla de su creación, el material para la construcción, para la sublimación que no es otra cosa que “la elevación de un objeto a la dignidad de la Cosa”. [14]

El deseo oculto de la Ciencia y el de la Filosofía es el de determinar cuantitativamente y cualitativamente al Sujeto, es decir, pretenden acabar con el dolor que brota de la falta perenne de Sentido olvidando que mientras se hable, eso será como dice Bataille, lo imposible, y desconociendo que el día que lo sea, ya no se hablará más de lo humano sino de lo mecánico, ya que: 

“Pensar un mundo en el que una organización artificial garantizase la prolongación de la vida, es algo de pesadilla. No podemos entrever nada que vaya más allá de un ligero aplazamiento”. [15] 
Sí, llegar a un estado de sapiencia absoluta sería el triunfo total de la muerte sobre la vida y no viceversa como en un principio se pretendería.

En síntesis, para Bataille, ambos quehaceres, científico y filosófico, se establecen como paradigmas destinados a la última palabra a lo que constituye el universo por lo que están destinados al fracaso, pues se desinflan en cuanto se topan con el marco de incomprensión que yace en las profundidades del psiquismo humano, en cuanto se topan con la pulsión que es “Inadaptable y resistente a todo influjo simbólico”. [16] 

“De esta manera veo cómo traiciona la reflexión filosófica: no puede responder a lo que de ella se espera puesto que sólo tiene un objeto definido –que se define de otro definido de antemano- y puesto que se opone al objeto del deseo, sólo puede ser indiferente”. [17] 
Y en cuanto a la Ciencia, ésta se aferra a desconocer que “La máquina humana es capaz de incoherencias”. [18] Incoherencias emanadas de la falta de objeto que colme a la pulsión y de un deseo que es primordial y llanamente deseo de deseo.

Otra temática predilecta por Bataille para puntuar el afán de regreso a la continuidad a la que se orienta la pulsión humana es el erotismo, tópico cumbre de la cogitación del galo.




BATAILLE Y EL EROTISMO

Es a través de la prohibición del goce por parte de la Ley Simbólica que hace de la carne humana, cuerpo humano, que Bataille desarrolla su concepción del erotismo, el cual se sirve de la transgresión de ese interdicto para tomar su valor específico.

Hemos visto que la Ley (el Lenguaje) tiene como premisa la constitución de subjetividades encaminadas al deseo, en esta vertiente, es que el erotismo se nos presenta como una posibilidad de gozar sólo en base al rompimiento de lo que la cultura prohíbe. Bataille escribe: 

“Lo que está en juego en el erotismo es siempre una disolución de las formas constituidas. Repito: una disolución de esas formas de vida social, regular, que fundamentan el orden discontinuo de las individualidades que somos”. [19]
De acuerdo a Bataille, y hay que decirlo, de acuerdo a Freud, la humanidad se constituyó como tal gracias a un abandono de su animalidad avasallante mediante el edicto de leyes en pro del trabajo, lo cual implicaba una prohibición de eso que rompe con el lazo social por situarse del lado de la individualidad, es decir, el goce. No obstante, esa prohibición nunca ha sido del todo eficaz pues su instauración, deja un resto, lo real como indicativo de una carencia que anima a los sujetos a la continuidad que es así la razón de ser de la Pulsión de Muerte. Siendo el cuerpo sobre lo que fundamentalmente recae la prohibición, la carne como tal y sus recovecos se convierten en espacio de especial predilección para la búsqueda del acabamiento, el espacio para el relleno bordeado de un anuncio de goce que se visualiza como la recuperación de la mítica satisfacción. 
“Somos seres discontinuos, individuos que mueren aisladamente en una aventura ininteligible; pero nos queda la nostalgia de la continuidad perdida”. [20] 
Continuidad que se emparenta de lleno con la muerte siendo ésta el cese de la división subjetiva, el regreso al Uno, intención incansable de acabar con la distancia que impone el lenguaje con la indiferencia, es, repito yo a mi vez, goce. 
“El goce se sitúa allí donde la palabra tropieza, falla, falta. Es el momento en que la palabra se confronta con lo inarticulable. Su proximidad supone el peligro de ruptura de toda referencia simbólica, confina con el horror. De ahí su lazo esencial con la Pulsión de Muerte introducida por Freud”. [21]
La Pulsión de Muerte se nos presenta entonces como esa fuerza que el mismo Freud calificara de “indomeñable” que atenta siempre contra el interdicto de goce, es lo resultante de la violación del orden natural o del asesinato del Padre, y muestra así, que el fundamento de la sociedad reposa precisamente en la violencia que el Símbolo impone a lo natural con la intención de preservar a los sujetos alejados de la experiencia de muerte, es decir, la violencia del sexo es sólo posibilitada por la violencia que la prohíbe. La contra creada por las intenciones siempre renovadas por impedir llevar el cuerpo de nuevo al estado de la carne sin tachar por el Significante, eso es la pasión de la pulsión.

Ese afán de restituir la pérdida indudablemente se correlaciona con lo que el Psicoanálisis llama el superyó, esa instancia del aparato psíquico cuyo mandamiento extremo es el goce. El superyó tiene más como función el seguimiento de la Ley del Goce que el de las leyes que lo prohíben, es por esta razón que Lacan menciona que el superyó es una voz feroz ya que incita a lo imposible, a borrar la falta que el Otro impone.

En este sentido, es que se entiende la afinidad de Bataille por la obra del Marqués de Sade en la que impera una apatía o desensibilización por los sufrimientos de las subjetividades que participan de la sevicia. En la obra de Sade, Bataille encuentra esa voluntad por la búsqueda de goce de la que en el fondo todo sujeto es propenso a ser partícipe, para demostrar que la violencia siempre está presente como antesala y estancia del goce, una violencia que atenta contra la estabilidad y la empatía del hombre en sociedad. 

“La violencia entraña esta negación descabellada, que pone fin a toda posibilidad de discurso”. [22]
Esa constatación de la transgresión a partir de lo vedado evidentemente la encontramos en las novelas de Bataille. Esa figura obscena y feroz que encarna el rencuentro con la Cosa, Bataille la retrata en el personaje central de Mi madre- plasmado por Isabelle Huppert bajo la dirección de Christophe Honoré de manera magistral y terrorífica en Ma mère (2004)-, esa madre que se ofrece sexualmente al hijo quien transcurre la mayor parte del tiempo angustiado ante la posibilidad real de lo real para finalmente encontrarlo –y a sus locas consecuencias-; y la retrata en la persona de Madame Edwarda a quien con acierto Bataille le da dotes de Dios, pues si Dios se define como el Todo pudiente, el goce por su parte se define como éxtasis, como lo que nos lleva a un estado de eternidad, ese estado ante el cual Madame Edwarda desfallece.

En Historia del ojo, para muchos la obra maestra del erotismo, también encontramos esa violencia proveniente del superyó encaminada a la muerte que desborda a los personajes a un desgaste de energías que ´se roza con el horror de ver satisfecha la pulsión.

En suma, encontramos en esas novelas de Bataille el extremo al que el hombre es capaz al volverse reo incondicional de la orden de goce. Lo importante de esta idea es la ratificación del hombre como nunca totalmente adaptado a la paz que ordena Lo Simbólico, así como el des-cubrimiento de afán utópico que es capaz de movilizar radicalmente a los sujetos, siendo ese afán creer que se puede gozar y a la vez mantener el deseo.

Sin lugar a dudas, la violencia que se inscribe en la voluntad de ir más allá de lo constituido en los confines con el horror, se inscribe de lleno con el proyecto de la estructura perversa, el cual es: 

“Eliminar la radical incompatibilidad entre el goce, ‘interdicto a quien habla como tal’, y el cuerpo, que puede definirse como incorporación de Lo Simbólico”. [23] 
Con lo cual no quiero decir que Bataille era perverso ni que no lo era, simplemente recalco el hecho de que en la actividad erótica lo que se busca es un más allá del placer en los confines con el horror que supone el desvanecimiento de la subjetividad, nación del goce, Bien Supremo o de acuerdo a Bataille: exceso.

Por otro lado, cabe señalar que el sujeto recula ante la falta de a falta (exceso), demasiada satisfacción supondría la salida del circuito discursivo, es por esta razón que el mismo Bataille se refiere constantemente a la angustia producida por el quebrantamiento de los límites. En este sentido, descubrimos en su obra no sólo la constatación de una dimensión humana que atenta contra la estabilidad sino el simultáneo rechazo a su consumación absoluta, o sea, descubrimos en Bataille la división del sujeto de la que el psicoanálisis puede decirse descubridor y que uno de sus representantes así expresa: 

“La tragedia de la condición humana radica tal vez en el hecho de que por una parte estamos condenados a la repetición, dado que el deseo sólo es deseo al quedar suspendido de un objeto intrínsecamente perdido, mientras que por otra se nos exige romper esa repetición, vale decir, reconocer que el objeto perdido no es una ilusión”. [24] 
El goce o el deseo, los dos no, ya que no son compatibles, se repelen… en medio está el sujeto.

Ante esa tragedia (La Tragedia) no sólo se posibilita la irrupción violenta destinada a la detonación del orden legal con tintes de barbarismo y la no menos usual parálisis pulsional, existe una posibilidad de metabolizarla evitando caer en extremismos, esa posibilidad es la de la creación. En el terreno artístico es que se puede entretener una opción de estilizar esa hiancia florecida en el centro de la subjetividad y darle un estatuto sublime, pues, en la creación artística si bien se evoca la inexistencia de la relación sexual, el radical sin-sentido de la vida y se ejerce la ruptura de los ideales que oprimen la Verdad, es decir, si bien en el Arte también existe la violencia, a su vez es capaz de aportar un producto que hace más soportable la convivencia. A ese terreno artístico Bataille hace también notable referencia, en particular al de la poesía, en el que encontramos una vez más la alusión a lo imposible.




BATAILLE Y LA POESIA

Como es de esperarse, la noción de Poesía de Bataille no se cuenta en aquellas corrientes que la definen como equivalente de belleza cursi y como posibilidad de endurecer un narcisismo muchas veces necesario para encubrir el dolor. Bataille señala que en la poesía germina de lleno la improbable posibilidad de arribar a un estado de Sentido, para señalar que lo que determina a la poesía, y obviamente, a todo acto creador que toma dotes de obra transcultural, es que precisamente se dedica a dar paso al silencio como meta, a con-mover al espectador-lector, puntuando el núcleo inefable del ser-en-el-mundo del homo sapiens en oposición a toda bonhomía y cordialidad que “calme”.

“La poesía que no se eleva al no-sentido de la Poesía no es más que el Vacío de la Poesía, es sólo una bella Poesía”. [25] 
Con lo que podemos colegir que para Bataille la Poesía además de ser bella debe de ser ominosa, con un alto grado de alusión a la herida. 
“La Poesía no es un conocimiento de sí mismo, aún menos la experiencia de un lejano posible (de lo que antes no era), sino la simple evocación, mediante las palabras, de posibilidades inaccesibles”. [26] 
Es, de nuevo, hacer lugar a lo imposible, siendo esto: 
“La muerte a la que en rigor el hombre está condenado”. [27]
El mismo Lacan señala que para interpretar es necesario servirse de la Poesía, pues su estructura apunta a un algo difícil de asumir, que no es más que el Vacío de Saber, el lugar del Goce Mítico y resignado. [28]

Amén del matiz fatalista de estas afirmaciones, se pecaría de pesimista sino se reconociese que es gracias a lo imposible que el mundo humano existe, que es a partir de la falta que la motivación por hacer se edifica. Como lo indica Bataille mismo: 

“Hablar de lo imposible es la única manera de describir lo posible pues el hombre posible debe enfrentar a lo imposible”. [29] 
Aventurarse en un decir en torno a lo real es la opción que el Psicoanálisis a su vez también postula como la única vía de acceder a una libertad posible, apartada de las pretensiones del amo en curso. 
“La Poesía lleva al mismo punto que todas las formas del erotismo: a la indistinción, a la confusión de objetos distintos. Nos conduce hacia la eternidad, nos conduce hacia la muerte y, por medio de la muerte, a la continuidad: la Poesía es la eternidad”. [30]
Decido terminar aquí esta aventura por el pensamiento de alguien a quien considero un peculiar mentor, tan inmortal y vigente como consta en su obra, y le dejo la palabra: 




PONGO MI PITO…



Pongo mi pito en tu mejilla

la punta roza tu oreja
lame mis huevos lentamente
tu lengua es dulce como el agua
tu lengua está cruda como una carnicera
roja como pierna de cordero
su punta es un cucú que grita
mi pito solloza salvaje
tu trasero es mi diosa
se abre como tu boca
lo adoro como al cielo
lo venero como a un fuego
bebo en tu desgarramiento
extiendo tus piernas desnudas
las abro como a un libro
donde leo lo que me mata. [31]



CITAS:

[1] Georges Bataille: El culpable, Taurus, Madrid, 1986, p.39.
[2] Georges Bataille: El erotismo, Tusquets, México, 2005, p.29.
[3] Moustapha Safouan: De los fundamentos del psicoanálisis. Seminario en los Estados Unidos, Nueva Visión, Buenos Aires, 2004, p.18.
[4] Juan David Nasio: L’inconscient à venir, Christian Bourgeois, Paris, 1980, p.34 (Traducción mía).
[5] Daniel Gerber: El psicoanálisis en el malestar en la cultura, Lazos, Buenos Aires, 2005, p.48.

[6] Georges Bataille: Lo imposible, Ediciones Coyoacán, México, 2000, p. 83.
[7] Néstor Braunstein: Goce, Siglo XXI, México, 1999, p. 31.
[8] Georges Bataille: Lo imposible, op. cit., p.31.
[9] Georges Bataille: El erotismo, op. cit., p.279.
[10] Georges Bataille: Lo imposible, op. cit., p.171.

[11] Georges Bataille: El erotismo, op. cit., p.44.
[12] Ibíd., p.88.
[13] Georges Bataille: El culpable, op. cit., p.14.
[14] Jacques Lacan: L’éthique de la psychanalyse, Seuil, Paris, 1986, p.133.
[15] Georges Bataille: El erotismo, op. cit., p.107.

[16] Daniel Gerber: El psicoanálisis en el malestar en la cultura, op. cit., p.41.
[17] Georges Bataille: Lo imposible, op. cit., pp. 46-47.
[18] Ibíd., p.176.
[19] Georges Bataille: El erotismo, op. cit., p.23.
[20] Ibíd., p.19.

[21] Daniel Gerber: El psicoanálisis en el malestar en la cultura, op. cit., p.58.
[22] Georges Bataille: El erotismo, op. cit., p.195.
[23] Daniel Gerber: La perversión y el goce de Dios, en Contexto en psicoanálisis 8, Lazos, Buenos Aires, 2004, p.47.
[24] Moustapha Safouan: De los fundamentos del psicoanálisis, op. cit., p.104.

[25] Georges Bataille: Lo imposible, op. cit., p.163.
[26] Ibíd., p.164.
[27] Ibíd., p.169.

[28] Ver Rosario Herrera: Poética de la interpretación En: http://www.cartapsi.org/revista/no4/herrera.htm.

[29] Georges Bataille: Lo imposible, op. cit., p.182.
[30] Georges Bataille: El erotismo, op. cit., p.30.
[31] Georges Bataille: Poèmes, El tucán de Virginia, México, 1995, p.23 (Edición bilingüe).




Diseño & Diagramación: Pachakamakin



7.22.2008

LA MAESTRA DEL VACIO.

Por Pedro Valtuille







Brighton, Inglaterra, 24 de Diciembre de 1980. Fuí invitado por un amigo japonés, pintor Zen especializado en vidrieras, de nombre Shigeru Yoshida, a una cena de Nochebuena. Shigeru sabía que en Caracas yo había conocido en 1975 a un Sensei de Shorinji Kempo, Yoshio Hama, quien sería mi primer mentor en el ámbito del Budismo Zen. 


Yo le había contado que en el ´75 Kazuo Wada me había iniciado el la práctica del Karate-Do Shitu Ryu y como a través de él había conocido a Yoshio Hama, Sensei de Shorinji Kempo, y mis viencias con él en relación al Zen... También le conté que en Caracas había conocido a Ishiyama, a Carlos Moreno y... al Shihan Shoko Sato para quien mi padre había trabajado como transportista de sus alumnos...

Yo le había contado a Shigueru mis Vivencias, de hacía varios años, de Shunyata y de Maha-Shunyata... Shigueru también sabía que realizaba una Disciplina de Dhyana intensa, pues a diario Meditaba de 6 a 8 de la mañana y de 21 a 21:30; además de las prácticas en Vipassana, Metta y otras en diversos Centros y Grupos Budistas, como los Friends of the Western Buddhist Order, Lamas Tibetanos y Diversas Escuelas Mahayana...


Así que Shigeru me preparó un Regalo inesperado...


La Cena de Nochebuena la daba en su habitación. Allí­ no habí­a cuarto de baño ni ningún tipo de cuarto, compartimento o biombo, sólo una pequeña habitación donde él viví­a. A la Cena estaban invitados cuatro amigos suyos japoneses: un Señor experto en Flamenco, dos Señoras Cristianas y la Dama que no me fue presentada, a la cual denomino Maestra del Vací­o... pues Ella fue el Regalo.


A las dos japonesas Católicas y al Señor experto en guitarra española les hací­a mucha gracia que yo estuviera tan interesado en el Budismo Zen y en la Cultura Japonesa, mientras que ellos tres lo estaban de la Cultura Española... Nos reímos todos por ello.
Pero veamos el Regalo que me hizo la Maestra del Shunyata, una mujer experta en Ikebana
Cha-no-yu o Ceremonia del Te, desde la perspectiva Zen. 

Es importante saber que en ningún momento Ella salió de allí­, ni se maquilló o desmaquilló estilo Geisha, ni se quitó o cambió de ropa. Su Regalo fue el mostrarme su Dominio del Vací­o. Para ello me hizo vivir intensamente el momento presente. Como una Maestra del Teatro me hizo cuatro representaciones en vivo, sin yo saber que lo hací­a...

Veamos Su Destreza en la Representación y en el dominio del Shunyata... En cada representación viví­a con intensidad el momento presente sin poder recordar las escenas anteriores. Cada escena duró aproximadamente una hora.


Primera Escena: Cuando entro en la habitación la Dama es una Joven de unos 16 años. Shigueru me presenta a todos menos a esta 
ꞋjovenꞋ, al menos yo no lo recuerdo. La ꞋjovencitaꞋ era bellísima y estaba decorando cuando yo entré.

Ella no se inmutó ni me miró, y siguió haciendo su trabajo durante una hora, más o menos, sin parar. Durante toda esta Escena todos mis sentidos estuvieron enfocados en Ella, no podía dejar de mirarla... habí­a tanta Belleza y Armoní­a en cada gesto y movimiento suyo... no había visto tanta perfección, nada igual en mi vida... 

Ella no me miró ni me habló en ningún momento, estaba plenamente centrada en la decoración, en crear Belleza. Pero Ella era la Belleza en sí­ misma, todos mis sentidos no podían dejar de focalizarse en Ella...

Segunda Escena: Ahora Ella aparentaba unos 23 años y yo pasé a ser el centro de atención de todos sus sentidos, cada gesto o movimiento mío durante la cena atraí­a todos sus sentidos. Su mirada era profunda y penetrante... En esta Escena no hubo tampoco cruce de palabras, yo hablaba con los demás en inglés mientras Ella me observaba... Durante todo el tiempo también viví intensamente el presente sin recordar la escena anterior...


Tercera Escena: Ahora la Dama aparentaba unos 35 años... Sigo sin recordar sus anteriores aspectos, ya que me hacía vivir muy intensamente cada Escena, momento a momento... Por tanto, no noto el instante del cambio de cada Escena. En esta Tercera Representación yo me convierto en el blanco de sus crí­ticas...


Cuarta Escena: En esta aparenta unos 45 años y sigo sin recordar las escenas anteriores. Esta vez, durante todo el tiempo, Ella se convirtió en el blanco de mis críticas mentales; por cada comentario que hacía, por su conversación, por cada gesto o movimiento... por todo...


Fin de Escena, Acción Maestra y Dominio de la Vacuidad: Nada más salir de la Habitación, y despedirme de Shigueru y de sus amigos, la Maestra Desapareció Absolutamente de mi Consciencia, sin dejar la más mí­nima huella. Podí­a recordar al Sr. Yoshida, al guitarrista y a las dos Señoras Católicas, mas no a la Maestra de Chanoyu...


Y así­ pasaron unos 23 dí­as en Inglaterra sin recordarla. Regresé a León, España, y pasaron varios meses... Seguí­a recordando sólo a tres japoneses, a parte de mi amigo Shigueru, con quien mantenía correspondencia.


Un día entré en la ya desaparecida librería Pisa, y en la sección de Orientalismo cogí un Libro de Okakura: La Ceremonia del Te. Un libro publicado en Kairós. Antes de abrir el Libro cerré los ojos dirigiéndome a lo Profundo y anhelando intensamente conocer la Esencia de la Ceremonia del Te, no el Procedimiento...


Al abrir el Libro por la mitad, al azar, ví el título del Capítulo que comenzaba:
Te: Virtualidad... y lo leí. Trataba de la Esencia de la Ceremonia y se narraba la historia de un matrimonio occidental, quienes llegan a Japón invitados por un amigo que residía en Kyoto. 

Ya en la Ciudad de los Jardines, los Templos Zen y las Geishas, el amigo les invita a presenciar una Ceremonia de Te. Una vez dentro del recinto, sale una joven bellísima que les sirve el Té, de tal forma, que la pareja queda hondamente impresionada, por la Armoní­a que desprendí­a la joven en cada gesto y movimiento... 

Pasa un tiempo y la pareja de occidentales siguen impresionados por tal Perfección... Entonces el amigo japonés les dice que la joven es solo una principiante, que el Maestro les sirvió después, con tal Perfección, que les pasó absolutamente desapercibido... Cerré el Libro y, entonces, ¡Lo recordé todo!... Recordé a la Maestra del Vací­o, sus Cuatro Escenas, y el toque Maestro de Dominio del Shunyata al final... 

¡Qué Regalo! La Historia del Libro se quedaba corta ante la destreza de esta Maestra, pues Esta habí­a hecho el papel de Aprendiz, me habí­a impresionado muy intensamente en Tres Escenas posteriores para, a continuación, desaparecer plenamente de mi Consciencia sin dejar huella... 

Esto iba mucho más allá de lo realizado por el Maestro aquel de Kyoto quien, aprovechando el impacto que la Principiante habí­a causado en la pareja, El les habí­a servido posteriormente pasando desapercibido...

Abrí­ de nuevo el Libro, pero no encontré el Capí­tulo. Miré el I­ndice: Pero 
Te: VirtualidadꞋ no aparecí­a. Revisé el Libro durante una hora, más o menos, y ¡Nada!... lo que sí pude comprobar fué que el Texto invisible que habí­a visto tení­a el mismo tipo de Letra, incluso la Letra del Tí­tulo era igual.... 

¡Había leí­do un Capítulo invisible, inexistente! Una amiga compró ese mismo ejemplar, el único que quedaba en esa Librerí­a, lo leí­ entero y me decepcionó. Efectivamente el Capí­tulo no estaba. Le dediqué el Libro a esa amiga, con el Capí­tulo invisible incluido...

Días después me llegó una carta que Shigueru me había enviado con una foto hecha aquel dí­a y... ¡La Maestra aparentaba unos 56 años, o quizás más, y no era nada atractiva... ¡Qué Maestr­a! ¿Cómo pudo realizar la Primera Escena mostrando tanta Belleza y Juventud? ¿Y el toque Maestro final desapareciendo de mi mente, después de haberme impactado tanto sensorialmente durante varias horas?


Varios años después encontré la misma Historia del Capí­tulo inexistente, que ví­ proyectado en la obra de Okakura, en un Libro de Antonio Blay Fontcuberta titulado Los Yogas, de Editorial Cedel. La historia es contada por Blay en el Capí­tulo dedicado al Zen y, evidentemente, el Tí­tulo no era 
Te: Virtualidad ni el tipo de Letra era el mismo. 

La Historia era más light que la del Capítulo invisible, pues en ella el amigo japonés sólo señalaba la posibilidad de que un verdadero Maestro les hubiera servido sin dejar rastro en la Consciencia.

El Mensaje: Veamos ahora el Mensaje que nos da esta Maestra. Ella Representó las Cuatro Variedades básicas extremas de impactos que nuestra psique puede recibir en la relación humana, en cualquier tipo de ambiente social normal. 


El Mensaje que nos da con su ejemplo es el de vivir Plenamente Desapegados a los fenómenos de los Tres Mundos del esfuerzo humano en los que podamos estar inmersos... Vivir centrados en el Shunyata, sin reaccionar ni ser afectados en cualquier tipo de ambiente social. Con su ejemplo nos Enseña la Maestría que se ejerce desde la Vacuidad sobre los Tres Mundos del esfuerzo humano -fí­sico, emocional y mental. 

Te: Virtualidad nos enseña que toda Ceremonia o Ritual es solo un medio -Virtual- de hacer consciente a nuestro Inconsciente, adentrándonos en un Ritmo que nos Abre a lo Real, al Noúmeno que subyace en todo Fenómeno. 

Las Representaciones fueron escenas virtuales que ocultaron la edad, apariencia y personalidad real de la Maestra. Virtual también significa con efecto retardado... Y es evidente que el toque Maestro hizo que tuviera un efecto retardado sobre mi Consciencia!...

Solo pude recordar todo al leer aquel Capítulo etérico mostrándome la Esencia del Cha no yu. Ahora bien ¿Cual es la personalidad de Aquel o Aquella que mora en el Vací­o? Evidentemente quien mora en el Vacío puede Representar cualquier papel y actuar también como un Espejo.

Bhagawan Sri Sathya Sai Baba nos dice que la Maestrí­a en la Meditación nos puede servir para cometer un crimen perfecto... Es decir que el Dominio del Shunyata no nos da la Iluminación, es algo frí­o. Solo a través de la Devoción, el Amor y la Caridad se puede atraer la Arul, Anugraha o Divina Gracia... 


Solo entonces penetramos en el Maha-Shunyata. Por ello Daisetz Teitaro Suzuki, habiendo domesticado el Shunyata, es decir, habiendo despertado en el Nivel de la Gran Ignorancia -daisetz-, se dedicó a la práctica del Nembutsu en la Ultima Etapa de su Vida. 

El Nembutsu es la practica Devocional Budista, la Repetición del Nombre de Amida Buda, Ambita Abha o Amitayus, el Buda de la Luz Infinita. Lo que podía aparentar un retroceso en su Práctica no lo era en modo alguno. 

El Dominio de la Vacuidad se puede lograr a través del Adiestramiento Zen, Maha Mudra Tibetano o Kriya Yoga; pero la Gracia del Gran Vací­o Meta-Cósmico que es lo Absoluto, la Suprema Luz de la Gracia -Arul Perun Yoti- solo Desciende sobre un Sadhaka lleno de Devoción, Compasión, Amor y Humildad.

Hay quien siendo ignorante cree que sabe algo. Quien esto escribe sabe que es ignorante y que aún no ha despertado al nivel de la Gran Ignorancia -daisetz-... A ese estado donde el Dominio del Vací­o es una Realidad Práctica.




Diseño|Arte|Diagramación: Pachakamakin
Portada: Pachakamakin