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11.11.2013

EL INMORTAL

Por Jorge Luis Borges
+Notas de Jorge Luis Borges en ADN CreadoreS





Solomon saith: There is no new thing upon 

the earth. So that as Plato had an 

imagination, that all knowledge was but 

remembrance; so Solomon given his sentence,
that all novelty is but oblivion
Francis Bacon; Essays, LVIII



En Londres, a principios del mes de Junio de 1929, el anticuario Joseph Cartaphilus, de Esmirna, ofreció a la princesa de Lucinge los seis volúmenes en cuarto menor [1715-1720] de la Iliada, de Pope. La princesa los adquirió; al recibirlos, cambió unas palabras con él.


Era, nos dice, un hombre consumido y terroso, de ojos grises y barba gris, de rasgos singularmente vagos. Se manejaba con fluidez e ignorancia en diversas Lenguas; en muy pocos minutos pasó del francés al inglés y del inglés a una conjunción enigmática de español de Salónica y de portugués de Macao. 

En Octubre, la princesa oyó por un pasajero del Zeus que Cartaphilus había muerto en el mar, al regresar a Esmirna, y que lo habían enterrado en la Isla de Ios. En el último tomo de la Iliada halló este manuscrito.

El original esta redactado en inglés y abunda en latinismos. La versión que ofrecemos es literal.

I

Que yo recuerde, mis trabajos empezaron en un Jardín de Tebas Hekatómpylos, cuando Diocleciano era emperador. Yo había militado -sin gloria- en las recientes guerras egipcias, yo era tribuno de una legión que estuvo acuartelada en Berenice, frente al Mar Rojo: la fiebre y la magia consumieron a muchos hombres que codiciaban magnánimos el acero. 

Los mauritanos fueron vencidos; la tierra que antes ocuparon las ciudades rebeldes fue dedicada eternamente a los dioses plutónicos; Alejandría, debelada, imploró en vano la misericordia del César; antes de un año las legiones reportaron el triunfo, pero yo logré apenas divisar el rostro de Marte. Esa privación me dolió y fue tal vez la causa de que yo me arrojara a descubrir, por temerosos y difusos desiertos, la secreta Ciudad de los Inmortales.

Mis trabajos empezaron, he referido, en un Jardín de Tebas. Toda esa noche no dormí, pues algo estaba combatiendo en mi corazón. Me levanté poco antes del alba; mis esclavos dormían, la Luna tenia el mismo color de la infinita arena. Un jinete rendido y ensangrentado venía del Oriente. A unos pasos de mi, rodó del caballo. 
Con una tenue voz insaciable me preguntó en latín el nombre del río que bañaba los muros de la ciudad. 

Le respondí que era el Egipto, que alimentan las lluvias. Otro es el río que persigo, replicó tristemente, el río secreto que purifica de la muerte a los hombres. Oscura sangre le manaba del pecho. Me dijo que su patria era una montaña que está del otro lado del Ganges y que en esa montaña era fama que si alguien caminara hasta el occidente, donde se acaba el mundo, llegaría al río cuyas aguas dan la inmortalidad. 

Agregó que en la margen ulterior se eleva la Ciudad de los Inmortales, rica en Baluartes y Anfiteatros y Templos. Antes de la aurora murió, pero yo determiné descubrir la ciudad y su río. Interrogados por el verdugo, algunos prisioneros mauritanos confirmaron la relación del Viajero; alguien recordó la llanura elísea, en el término de la tierra, donde la vida de los hombres es perdurable; alguien, las cumbres donde nace el Pactolo, cuyos moradores viven un siglo. 

En Roma, conversé con filósofos que sintieron que dilatar la vida de los hombres era dilatar su agonía y multiplicar el número de sus muertes. Ignoro si creí alguna vez en la Ciudad de los Inmortales: pienso que entonces me bastó la tarea de buscarla. Flavio, Procónsul de Getulia, me entregó doscientos soldados para la empresa. También recluté mercenarios, que se dijeron conocedores de los caminos y que fueron los primeros en desertar.

Los hechos ulteriores han deformado hasta lo inextricable el recuerdo de nuestras primeras jornadas. Partimos de Arsinoe y entramos en el abrasado desierto. Atravesamos el país de los trogloditas, que devoran Serpientes y carecen del comercio de la palabra; el de los garamantas, que tienen las mujeres en común y se nutren de Leones; el de los augilas, que sólo veneran el Tártaro. 

Fatigamos otros desiertos, donde es negra la arena, donde el Viajero debe usurpar las horas de la noche, pues el fervor del día es intolerable. De lejos divisé la montaña que dio nombre al Océano; en sus laderas crece el Euforbio, que anula los venenos; en la cumbre habitan los sátiros, nación de hombres ferales y rústicos, inclinados a la lujuria. Que esas regiones bárbaras, donde la tierra es madre de monstruos, pudieran albergar en su seno una ciudad famosa, a todos nos pareció inconcebible. 

Proseguimos la marcha, pues hubiera sido una afrenta retroceder. Algunos temerarios durmieron con la cara expuesta a la Luna; la fiebre los ardió; en el Agua depravada de las cisternas otros bebieron la locura y la muerte. Entonces comenzaron las deserciones; muy poco después, los motines. Para reprimirlos, no vacilé ante el ejercicio de la severidad. Procedí rectamente, pero un Centurión me advirtió que los sediciosos -ávidos de vengar la crucifixión de uno de ellos- maquinaban mi muerte. 

Huí del campamento con los pocos soldados que me eran fieles. En el desierto los perdí, entre los remolinos de arena y la vasta noche. Una flecha cretense me laceró. Varios días erré sin encontrar Agua, o un solo enorme día multiplicado por el Sol, por la sed y por el temor de la sed. Deje el camino al arbitrio de mi Caballo. En el alba, la lejanía se erizó de Pirámides y de Torres. 

Insoportablemente soñé con un exiguo y nítido Laberinto: en el centro había un cántaro; mis manos casi lo tocaban, mis ojos lo veían, pero tan intrincadas y perplejas eran las curvas que yo sabía que iba a morir antes de alcanzarlo.



II

Al desenredarme por fin de esa pesadilla, me vi tirado y maniatado en un oblongo nicho de piedra, no mayor que una sepultura común, superficialmente excavado en el agrio declive de una montaña. Los lados eran húmedos, antes pulidos por el tiempo que por la industria. Sentí en el pecho un doloroso latido, sentí que me abrazaba la sed. Me asomé y grité débilmente. 

Al pie de la montaña se dilataba sin rumor un arroyo impuro, entorpecido por escombros y arena; en la opuesta margen resplandecía -bajo el último sol o bajo el primero) la evidente Ciudad de los Inmortales. Vi muros, arcos, frontispicios y foros: el fundamento era una meseta de piedra. Un centenar de nichos irregulares, análogos al mío, surcaban la montaña y el valle. 

En la arena había pozos de poca hondura; de esos mezquinos agujeros -y de los nichos- emergían hombres de piel gris, de barba negligente, desnudos. Creí reconocerlos: pertenecían a la estirpe bestial de los trogloditas, que infestan las riberas del Golfo Arábigo y las grutas etiópicas; no me maravillé de que no hablaran y de que devoraran Serpientes.

La urgencia de la sed me hizo temerario. Consideré que estaba a unos treinta pies de la arena; me tiré, cerrados los ojos, atadas a la espalda las manos, montaña abajo. Hundí la cara ensangrentada en el Agua oscura. Bebí como se abrevan los animales. Antes de perderme otra vez en el Sueño y en los delirios, inexplicablemente repetí unas palabras griegas: Los ricos teucros de Zelea que beben el Agua negra del Esepo...

No sé cuántos días y noches rodaron sobre mi. Doloroso, incapaz de recuperar el abrigo de las cavernas, desnudo en la ignorada arena, dejé que la Luna y el Sol jugaran con mi aciago destino. Los trogloditas, infantiles en la barbarie, no me ayudaron a sobrevivir o a morir. En vano les rogué que me dieran muerte. Un día, con el filo de un pedernal rompí mis ligaduras. Otro, me levanté y pude mendigar o robar -yo, Marco Flaminio Rufo, Tribuno militar de una de las Legiones de Roma- mi primera detestada ración de carne de Serpiente.

La codicia de ver a los Inmortales, de tocar la sobrehumana Ciudad, casi me vedaba dormir. Como si penetraran mi propósito, no dormían tampoco los trogloditas: al principio inferí que me vigilaban; luego, que se habían contagiado de mi inquietud, como podrían contagiarse los perros. Para alejarme de la bárbara aldea elegí la más pública de las horas, la declinación de la tarde, cuando casi todos los hombres emergen de las grietas y de los pozos y miran el poniente, sin verlo. 

Oré en voz alta, menos para suplicar el favor divino que para intimidar a la tribu con palabras articuladas. Atravesé el arroyo que los médanos entorpecen y me dirigí a la Ciudad. Confusamente me siguieron dos o tres hombres. Eran -como los otros de ese linaje- de menguada estatura; no inspiraban temor, sino repulsión. 

Debí rodear algunas hondonadas irregulares que me parecieron canteras; ofuscado por la grandeza de la Ciudad, yo la había creído cercana. Hacia la medianoche, pisé, erizada de formas idólatras en la arena amarilla, la negra sombra de sus muros. Me detuvo una especie de horror sagrado. Tan abominadas del hombre son la novedad y el desierto que me alegré de que uno de los trogloditas me hubiera acompañado hasta el fin. Cerré los ojos y aguardé -sin dormir- que relumbrara el día.

He dicho que la Ciudad estaba fundada sobre una meseta de piedra. Esta meseta comparable a un acantilado no era menos ardua que los muros. En vano fatigué mis pasos: el negro basamento no descubría la menor irregularidad, los muros invariables no parecían consentir una sola puerta. La fuerza del día hizo que yo me refugiara en una caverna; en el fondo había un pozo, en el pozo una escalera que se abismaba hacia la tiniebla inferior. 

Bajé; por un caos de sórdidas galerías llegué a una vasta Cámara circular, apenas visible. Había Nueve Puertas en aquel sótano; Ocho daban a un Laberinto que falazmente desembocaba en la misma Cámara; la Novena -a través de otro Laberinto- daba a una Segunda Cámara circular, igual a la primera. Ignoro el Número total de las Cámaras; mi desventura y mi ansiedad las multiplicaron. 

El silencio era hostil y casi perfecto; otro rumor no había en esas profundas redes de piedra que un viento subterráneo, cuya Causa no descubrí; sin ruido se perdían entre las grietas hilos de Agua herrumbrada. Horriblemente me habitué a ese dudoso mundo; consideré increíble que pudiera existir otra cosa que sótanos provistos de Nueve Puertas y que sótanos largos que se bifurcan. 

Ignoro el tiempo que debí caminar bajo tierra; sé que alguna vez confundí, en la misma nostalgia, la atroz aldea de los bárbaros y mi ciudad natal, entre los racimos.

En el fondo de un corredor, un no previsto muro me cerró el paso, una remota luz cayó sobre mi. Alcé los ofuscados ojos: en lo vertiginoso, en lo altísimo, vi un circulo de cielo tan azul que pudo parecerme de púrpura. Unos peldaños de metal escalaban el muro. La fatiga me relajaba, pero subí, sólo deteniéndome a veces para torpemente sollozar de felicidad. 

Fui divisando capiteles y astrágalos, frontones triangulares y bóvedas, confusas pompas del granito y del mármol. Así me fue deparado ascender de la ciega región de negros Laberintos entretejidos a la resplandeciente Ciudad.

Emergí a una suerte de plazoleta; mejor dicho, de patio. Lo rodeaba un solo edificio de forma irregular y altura variable; a ese edificio heterogéneo pertenecían las diversas cúpulas y columnas. Antes que ningún otro rasgo de ese monumento increíble, me suspendió lo antiquísimo de su fábrica. Sentí que era anterior a los hombres, anterior a la Tierra. 

Esa notoria antigüedad -aunque terrible de algún modo para los ojos- me pareció adecuada al trabajo de obreros inmortales. Cautelosamente al principio, con indiferencia después, con desesperación al fin, erré por escaleras y pavimentos del inextricable Palacio. -Después averigüé que eran inconstantes la extensión y la altura de los peldaños, hecho que me hizo comprender la singular fatiga que me infundieron-. 

Este Palacio es fábrica de los Dioses, pensé primeramente. Exploré los inhabitados recintos y corregí: Los Dioses que lo edificaron han muerto. Noté sus peculiaridades y dije: Los dioses que lo edificaron estaban locos. Lo dije, bien lo sé, con una incomprensible reprobación que era casi un remordimiento, con más horror intelectual que miedo sensible. 

A la impresión de enorme antigüedad se agregaron otras; la de lo interminable, la de lo atroz, la de lo complejamente insensato. Yo había cruzado un Laberinto, pero la nítida Ciudad de los Inmortales me atemorizó y repugnó. Un Laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres; su Arquitectura, pródiga en simetrías, esta subordinada a ese fin. En el Palacio que imperfectamente exploré, la Arquitectura carecía de fin. 

Abundaban el corredor sin salida, la alta ventana inalcanzable, la aparatosa puerta que daba a una celda o a un pozo, las increíbles escaleras inversas, con los peldaños y la balaustrada hacia abajo. Otras, adheridas aéreamente al costado de un muro monumental, morían sin llegar a ninguna parte, al cabo de dos o tres giros, en la tiniebla superior de las cúpulas. 

Ignoro si todos los ejemplos que he enumerado son literales; sé que durante muchos años infestaron mis pesadillas; no puedo ya saber si tal o cual rasgo es una transcripción de la realidad o de las formas que desatinaron mis noches. Esta Ciudad -pensé- es tan horrible que su mera existencia y perduración, aunque en el centro de un desierto secreto, contamina el Pasado y el Porvenir y de algún modo compromete a los Astros. 

Mientras perdure, nadie en el mundo podrá ser valeroso o feliz. No quiero describirla; un caos de palabras heterogéneas, un cuerpo de Tigre o de Toro, en el que pulularan monstruosamente, conjugados y odiándose, dientes, órganos y cabezas, pueden -tal vez- ser imágenes aproximativas.

No recuerdo las etapas de mi regreso, entre los polvorientos y húmedos hipogeos. Únicamente sé que no me abandonaba el temor de que, al salir del último Laberinto, me rodeara otra vez la nefanda Ciudad de los Inmortales. Nada más puedo recordar. Ese olvido, ahora insuperable, fue quizá voluntario; quizá las circunstancias de mi evasión fueron tan ingratas que, en algún día no menos olvidado también, he jurado olvidarlas.
III

Quienes hayan leído con atención el Relato de mis trabajos recordaran que un hombre de la tribu me siguió como un perro podía seguirme, hasta la sombra irregular de los muros. Cuando salí del último sótano, lo encontré en la boca de la caverna. Estaba tirado en la arena, donde trazaba torpemente y borraba una hilera de Signos que eran como las Letras de los Sueños, que uno está a punto de entender y luego se juntan. 

Al principio, creí que se trataba de una Escritura bárbara; después vi que es absurdo imaginar que hombres que no llegaron a la palabra lleguen a la Escritura. Además, ninguna de las formas era igual a otra, lo cual excluía o alejaba la posibilidad de que fueran simbólicas. El hombre las trazaba, las miraba y las corregía. De golpe, como si le fastidiara ese juego, las borró con la palma y el antebrazo. Me miró, no pareció reconocerme. 

Sin embargo, tan grande era el alivio que me inundaba -o tan grande y medrosa mi soledad- que di en pensar que ese rudimental troglodita, que me miraba desde el suelo de la caverna, había estado esperándome. El Sol caldeaba la llanura; cuando emprendimos el regreso a la aldea, bajo las primeras estrellas, la arena era ardorosa bajo los pies. El troglodita me precedió; esa noche concebí el propósito de enseñarle a reconocer, y acaso a repetir, algunas palabras. 

El Perro y el Caballo -reflexioné- son capaces de lo primero; muchas aves, como el Ruiseñor de los Césares, de lo último. Por muy basto que fuera el entendimiento de un hombre, siempre sería superior al de irracionales.

La humildad y miseria del troglodita me trajeron a la memoria la imagen de Argos, el viejo Perro moribundo de La Odisea. Y así le puse el nombre de Argos y traté de enseñárselo. Fracasé y volví a fracasar. Los arbitrios, el rigor y la obstinación fueron del todo vanos. Inmóvil, con los ojos inertes, no parecía percibir los sonidos que yo procuraba inculcarle. A unos pasos de mí, era como si estuviera muy lejos. 

Echado en la arena, como una pequeña y ruinosa esfinge de lava, dejaba que sobre él giraran los cielos, desde el crepúsculo del día hasta el de la noche. Juzgué imposible que no se percatara de mi Propósito. Recordé que es fama entre los etíopes que los Monos deliberadamente no hablan para que no los obliguen a trabajar y atribuí a suspicacia o a temor el silencio de Argos. 

De esa imaginación pasé a otras, aún mas extravagantes. Pensé que Argos y yo participábamos de universos distintos; pensé que nuestras percepciones eran iguales, pero que Argos las combinaba de otra manera y construía con ellas otros objetos; pensé que acaso no había objetos para él, sino un vertiginoso y continuo juego de impresiones brevísimas. 

Pensé en un mundo sin Memoria, sin Tiempo; consideré la posibilidad de un Lenguaje que ignorara los sustantivos, un Lenguaje de verbos impersonales o de indeclinables epítetos. Así fueron muriendo los días y con los días los años, pero algo parecido a la felicidad ocurrió una mañana. Llovió, con lentitud poderosa. Las noches del desierto pueden ser frías, pero aquélla había sido un fuego. 

Soñé que un río de Tesalia -a cuyas Aguas yo había restituido un Pez de Oro- venia a rescatarme; sobre la roja arena y la negra piedra yo lo oía acercarse; la frescura del aire y el rumor atareado de la Lluvia me despertaron. Corrí desnudo a recibirla. Declinaba la noche: bajo las nubes amarillas la tribu, no menos dichosa que yo, se ofrecía a los vívidos aguaceros en una especie de éxtasis. 

Parecían coribantes a quienes posee la Divinidad. Argos, puestos los ojos en la esfera, gemía; raudales le rodaban por la cara; no sólo de Agua, sino -después lo supe- de lagrimas. Argos, le grité, Argos.

Entonces, con mansa admiración, como si descubriera una cosa perdida y olvidada hace mucho tiempo, Argos balbuceó estas palabras: Argos, perro de Ulises. Y después, también sin mirarme: Este Perro tirado en el estiércol.

Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real. Le pregunté qué sabia de La Odisea. La practica del griego le era penosa; tuve que repetir la pregunta. Muy poco, dijo. Menos que el rapsoda más pobre. Ya habrán pasado mil cien años desde que la inventé.

IV

Todo me fue dilucidado, aquel día. Los trogloditas eran los Inmortales; el riacho de Aguas arenosas, el río que buscaba el jinete. En cuanto a la ciudad cuyo renombre se había dilatado hasta el Ganges, nueve siglos hacía que los Inmortales la habían asolado. 


Con las reliquias de su ruina erigieron, en el mismo lugar, la desatinada ciudad que yo recorrí: suerte de parodia o reverso y también templo de los dioses irracionales que manejan el mundo y de los que nada sabemos, salvo que no se parecen al hombre. 

Aquella fundación fue el último símbolo a que condescendieron los Inmortales; marca una etapa en que, juzgando que toda empresa es vana, determinaron vivir en el pensamiento, en la pura especulación. Erigieron la Fábrica, la olvidaron y fueron a morar en las cuevas. Absortos, casi no percibían el Mundo Físico.

Esas cosas Homero las refirió, como quien habla con un niño. También me refirió su vejez y el postrer Viaje que emprendió, movido, como Ulises, por el propósito de llegar a los hombres que no saben lo que es el mar ni comen carne sazonada con sal ni sospechan lo que es un remo. Habitó un siglo en la Ciudad de los Inmortales. 


Cuando la derribaron, aconsejó la fundación de la otra. Ello no debe sorprendemos; es fama que después de cantar la guerra de Ilión, cantó la guerra de las ranas y los ratones. Fue como un dios que creara el Cosmos y luego el Caos.

Ser Inmortal es baladí; menos el hombre, todas las Criaturas lo son, pues ignoran la Muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse Inmortal. He notado que, pese a las religiones, esa convicción es rarísima. Israelitas, cristianos y musulmanes profesan la inmortalidad, pero la veneración que tributan al primer siglo prueba que sólo creen en él, ya que destinan todos los demás, en número infinito, a premiarlo o a castigarlo. 


Más razonable me parece la rueda de ciertas religiones del Indostán; en esa rueda, que no tiene principio ni fin, cada vida es efecto de la anterior y engendra la siguiente; pero ninguna determina el conjunto... Adoctrinada por un ejercicio de siglos, la república de hombres Inmortales había logrado la perfección de la tolerancia y casi del desdén. Sabia que en un plazo infinito le ocurren a todo hombre todas las cosas. 

Por sus pasadas o futuras virtudes todo hombre es acreedor a toda bondad, pero también a toda traición, por sus infamias del Pasado o del Porvenir. Así como en los juegos de azar las cifras pares y las cifras impares tienden al equilibrio, así también se anulan y se corrigen el ingenio y la estolidez, y acaso el rústico poema del Cid es el contrapeso exigido por un solo epíteto de las Églogas o por una sentencia de Herálito. 

El pensamiento mas fugaz obedece a un dibujo invisible y puede coronar, o inaugurar, una forma secreta. Sé de quienes obraban el mal para que en los siglos futuros resultara el bien, o hubiera resultado en los ya pretéritos... Encarados así, todos nuestros actos son justos, pero también son indiferentes. No hay méritos morales o intelectuales. 

Homero compuso La Odisea; postulado un plazo infinito, con infinitas circunstancias y cambios, lo imposible es no componer, siquiera una vez, La Odisea. Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los hombres. Como Cornelio Agrippa, soy Dios, soy Héroe, soy Filósofo, soy Demonio y soy Mundo, lo cual es una fatigosa manera de decir que no soy.

El concepto del mundo como sistema de precisas compensaciones influyó vastamente en los Inmortales. En primer término, los hizo invulnerables a la piedad. He mencionado las antiguas canteras que rompían los campos de la otra margen; un hombre se despeñó en la mas honda; no podía lastimarse ni morir, pero lo abrasaba la sed; antes que le arrojaran una cuerda pasaron setenta años. 


Tampoco interesaba el propio destino. El cuerpo era un sumiso animal doméstico y le bastaba, cada mes, la limosna de unas horas de sueño, de un poco de Agua y de una piltrafa de carne. Que nadie quiera rebajarnos a ascetas. No hay placer mas complejo que el pensamiento y a él nos entregábamos. A veces, un estímulo extraordinario nos restituía al Mundo Físico. 

Por ejemplo, aquella mañana, el viejo goce elemental de la Lluvia. Esos lapsos eran rarísimos; todos los Inmortales eran capaces de perfecta quietud; recuerdo alguno a quien jamas he visto de pie: un pájaro anidaba en su pecho.

Entre los corolarios de la doctrina de que no hay cosa que no esté compensada por otra, hay uno de muy poca importancia teórica, pero que nos indujo, a fines o a principios del Siglo X, a dispersarnos por la faz de la Tierra. Cabe en estas palabras: Existe un río cuyas aguas dan la Inmortalidad; en alguna región habrá otro río cuyas Aguas la borren. 


El número de ríos no es infinito; un Viajero inmortal que recorra el mundo acabará, algún día, por haber bebido de todos. Nos propusimos descubrir ese río.

La muerte -o su alusión- hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos se conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un Sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. 


Entre los lnmortales, en cambio, cada acto -y cada pensamiento- es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el Futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay cosa que no esté como perdida entre infatigables espejos. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario. 

Lo elegíaco, lo grave, lo ceremonial, no rigen para los Inmortales. Homero y yo nos separamos en las puertas de Tánger; creo que no nos dijimos adiós.
V

Recorrí nuevos Reinos, nuevos Imperios. En el Otoño de 1066 milité en el Puente de Stamford, ya no recuerdo si en las filas de Harold, que no tardó en hallar su destino, o en las de aquel infausto Harald Hardrada que conquistó seis pies de tierra inglesa, o un poco más. En el Séptimo Siglo de la Héjira, en el arrabal de Bulaq, transcribí con pausada caligrafía, en un Idioma que he olvidado, en un Alfabeto que ignoro, los Siete Viajes de Simbad y la Historia de la Ciudad de Bronce. 


En un patio de la cárcel de Samarcanda he jugado muchísimo al Ajedrez. En Bikanir he profesado la Astrología y también en Bohemia. En 1038 estuve en Kolozsvar y después en Leipzig. En Aberdeen, en 1714, me suscribí a los Seis Volúmenes de La Iliada, de Pope; sé que los frecuenté con deleite. Hacia 1729 discutí el origen de ese poema con un Profesor de retórica, llamado, creo, Giambattista; sus razones me parecieron irrefutables. 

El Cuatro de Octubre de 1921, el Patna, que me conducía a Bombay, tuvo que fondear en un puerto de la costa eritrea [1]. Bajé; recordé otras mañanas muy antiguas, también frente al Mar Rojo; cuando yo era Tribuno de Roma y la fiebre y la magia y la inacción consumían a los soldados. En las afueras vi un caudal de Agua clara; la probé, movido por la costumbre. 

Al repechar la margen, un árbol espinoso me laceró el dorso de la mano. El inusitado dolor me pareció muy vivo. Incrédulo, silencioso y feliz, contemplé la preciosa formación de una lenta gota de sangre. De nuevo soy mortal, me repetí, de nuevo me parezco a todos los hombres. Esa noche, dormí hasta el amanecer.

...He revisado, al cabo de un año, estas paginas. Me consta que se ajustan a la verdad, pero en los primeros capítulos, y aun en ciertos párrafos de los otros, creo percibir algo falso. Ello es obra, tal vez, del abuso de rasgos circunstanciales, procedimiento que aprendí de los poetas y que todo lo contamina de falsedad, ya que esos rasgos pueden abundar en los hechos, pero no en su Memoria... 


Creo, sin embargo, haber descubierto una razón mas íntima. La escribiré; no importa que me juzguen fantástico. La Historia que he narrado parece irreal porque en ella se mezclan los sucesos de dos hombres distintos. 

En el Primer Capítulo, el jinete quiere saber el nombre del río que baña las murallas de Tebas; Flaminio Rufo, que antes ha dado a la ciudad el epíteto de Hekatómpylos, dice que el río es el Egipto; ninguna de esas locuciones es adecuada a él, sino a Homero, que hace mención expresa, en La Ilíada, de Tebas Hekatómpylos, y en La Odisea, por boca de Proteo y de Ulises, dice invariablemente Egipto por Nilo. 

En el Capítulo Segundo, el romano, al beber el Agua inmortal, pronuncia unas palabras en griego; esas palabras son homéricas y pueden buscarse en el fin del famoso Catálogo de las Naves. Después, en el vertiginoso Palacio, habla de «una reprobación que era casi un remordimiento»; esas palabras corresponden a Homero, que había proyectado ese horror. 

Tales anomalías me inquietaron; otras, de orden estético, me permitieron descubrir la verdad. El Ultimo Capitulo las incluye; ahí esta escrito que milité en el Puente de Stamford, que transcribí, en Bulaq, los Viajes de Simbad el Marino y que me suscribí, en Aberdeen, a La Ilíada inglesa de Pope. Se lee, inter alia: «En Bikanir he profesado la astrología y también en Bohemia». 

Ninguno de esos testimonios es falso; lo significativo es el hecho de haberlos destacado. El primero de todos parece convenir a un hombre de guerra, pero luego se advierte que el narrador no repara en lo bélico y sí en la suerte de los hombres. Los que siguen son mas curiosos. Una oscura razón elemental me obligó a registrarlos; lo hice porque sabía que eran patéticos. 

No lo son, dichos por el romano Flaminio Rufo. Lo son, dichos por Homero; es raro que éste copie, en el Siglo Trece las Aventuras de Simbad, de otro Ulises. y descubra a la vuelta de muchos siglos, en un reino boreal y un idioma bárbaro, las formas de su Ilíada. En cuanto a la oración que recoge el nombre de Bikanir, se ve que la ha fabricado un hombre de letras, ganoso -como el autor del Catálogo de las Naves- de mostrar vocablos espléndidos [2].

Cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras. No es extraño que el Tiempo haya confundido las que alguna vez me representaron con las que fueron Símbolos de la Suerte de quien me acompañó tantos siglos. Yo he sido Homero; en breve, seré Nadie, como Ulises; en breve, seré todos: estaré muerto.

Posdata de 1950. Entre los comentarios que ha despertado la publicación anterior, el más curioso, ya que no el mas urbano, bíblicamente se titula A coat of many colours -Manchester, 1948- y es obra de la tenacísima pluma del doctor Nahum Cordovero. Abarca unas cien paginas. 


Habla de los centones griegos, de los centones de la baja latinidad, de Ben Jonson, que definió a sus contemporáneos con retazos de Séneca, del Virgilius evangelizans, de Alexander Ross, de los artificios de George Moore y de Eliot y, finalmente, de “la narración atribuida al anticuario Joseph Cartaphilus”. 

Denuncia, en el Primer Capítulo, breves interpolaciones de Plinio -Historia naturalis, V, 8-; en el Segundo, de Thomas de Quincey -Writings, III, 439-; en el Tercero, de una epístola de Descartes al embajador Pierre Chanut; en el Cuarto, de Bernard Shaw -Back to Methuselah, V-. Infiere de esas intrusiones, o hurtos, que todo el documento es apócrifo.

A mi entender, la conclusión es inadmisible. Cuando se acerca el fin, escribió Cartaphilus, ya no quedan imágenes del recuerdo; solo quedan palabras. Palabras, palabras desplazadas y mutiladas, palabras de otros, fue la pobre limosna que le dejaron las horas y los siglos.



A Cecilia Ingenieros

Diseño|Arte|Diagramación: Pachakamakin
Portada: Ernst Fuchs.


NOTAS:

[1] Hay una tachadura en el manuscrito: quizá el nombre del puerto ha sido borrado.

[2] Ernesto Sábato sugiere que el “Giambattista” que discutió la formación de La llíada con el anticuario Cartaphilus es Giambattista Vico; ese italiano defendía que Homero es un personaje simbólico, a la manera de Plutón o de Aquiles.

EL LIBRO PERDIDO DE ENKI [6/14]

Por Zecharia Sitchin









SINOPSIS DE LA SEXTA TABLILLA


Enki revela un secreto a los incrédulos líderes: en el Abzu deambula un ser 
salvaje similar a los Anunnaki | Acrecentando su Esencia Vital con la de los 
Anunnaki, se le podrá elevar hasta convertirlo en un Trabajador Primitivo 
inteligente | La creación pertenece al Padre de Todo Principio, gritó Enlil | Sólo 
le daremos nuestra imagen a un ser ya existente, arguyó Ninmah | Necesitando urgentemente el Oro para sobrevivir, los líderes votan Sí | Enki, Ninmah 
y Ningishzidda, el hijo de Enki, comienzan los experimentos Tras muchos 
fracasos, se consigue el modelo-perfecto Adamu | Ninmah grita triunfante: 
¡Mis manos lo han hecho! | Se la renombra Ninti [Dama de la Vida] por su 
logro | Ninki, la esposa de Enki, ayuda a crear a Ti-Amat, una hembra 
Terrestre | Los terrestres, siendo híbridos, se emparejan pero no 
procrean | Ningishzidda añade dos ramas de Esencia al Árbol de la Vida de 
los Terrestres | Al descubrir los acontecimientos no aprobados, Enlil expulsa 
a los Terrestres | La doble hélice del ADN, emblema de Ninghishzidda.




LA SEXTA TABLILLA

¡Crear un Trabajador Primitivo, forjarlo por la señal de nuestra esencia! Así dijo Enki a los líderes. ¡El ser que necesitamos existe ya! Así les reveló Enki un Secreto del Abzu. Asombrados escucharon los demás las palabras de Enki; se quedaron fascinados con sus palabras. Existen criaturas en el Abzu, dijo Enki, que caminan erectas, sobre dos piernas, las patas delanteras las utilizan como brazos, de manos están dotados. Viven entre los animales de las estepas. 


No saben vestirse, comen plantas con la boca, beben Agua de los lagos y de las zanjas. Tienen todo el cuerpo peludo, el pelo de la cabeza es como el de un León; ¡Retozan con las Gacelas, disfrutan con las criaturas prolíficas en las Aguas! Los líderes escucharon las palabras de Enki con sorpresa. ¡En el Edin no se había visto ninguna criatura como esa!, dijo Enlil sin podérselo creer. ¡Hace eones, en Nibiru, nuestros predecesores quizá fueron así!, dijo Ninmah.

¡Es un ser, no una criatura!, dijo Ninmah. ¡Debe ser emocionante contemplarlo! Enki les llevó a la Casa de la Vida; en fuertes jaulas había unos de estos seres. Al ver a Enki y a los demás, se pusieron a saltar, golpeaban con los puños en las barras de la jaula. Gruñían y resoplaban; no decían palabras. ¡Son macho y hembra!, dijo Enki; tienen masculinidad y femineidad, procrean como nosotros, los venidos de Nibiru.

Ningishzidda, mi hijo, ha comprobado su Esencia de Elaboración; es similar a la nuestra, como dos Serpientes entrelazadas; nuestra Esencia Vital se combinará con la de ellos, nuestra Señal se pondrá sobre ellos, ¡Se creará un Trabajador Primitivo! Comprenderá nuestras órdenes, manejará nuestras Herramientas, llevará a cabo los trabajos duros en las excavaciones; ¡Dará alivio a los Anunnaki en el Abzu!

Así hablaba Enki, con entusiasmo, sus palabras sonaban excitadas. Enlil vacilaba ante las palabras: ¡Es un asunto de gran importancia! ¡Hace mucho que se abolió la esclavitud en nuestro planeta, los esclavos son las herramientas, no otros seres! Quieres traer a la existencia a una Nueva Criatura, no existente previamente; ¡La creación sólo está en manos del Padre de Todo Principio! 

Así dijo Enlil, oponiéndose; sus palabras eran severas. Enki le respondió a su hermano: ¡No esclavos, sino ayudantes es mi Plan! ¡El ser ya existe!, dijo Ninmah. ¡El plan consiste en darle más capacidad! ¡No se trata de hacer una Nueva Criatura, sino de hacer más a nuestra imagen una ya existente!, dijo Enki persuasivamente. ¡Con pocos cambios se puede conseguir, sólo se necesita Una Gota de nuestra Esencia!

¡Es éste un asunto grave, y no es de mi agrado!, dijo Enlil. Va en contra de las Reglas del Viaje de Planeta en Planeta, se prohibió por las Reglas de la venida a la Tierra. ¡Nuestro Objetivo era obtener Oro, no era reemplazar al Padre de Todo Principio! Después de hablar así Enlil, Ninmah fue la que le respondió: ¡Hermano mío!, le dijo Ninmah a Enlil, el Padre de Todo Principio nos ha dotado de Sabiduría y Entendimiento, ¿Para qué propósito se nos perfeccionó de este modo, si no es para hacer el máximo uso de ello?

El Creador de Todo llenó nuestra Esencia Vital de Sabiduría y Entendimiento, para que fuéramos capaces de hacer cualquier uso de ello, ¿No es eso para lo que hemos sido destinados? Así fueron las palabras que Ninmah le dirigió a su hermano Enlil. ¡Con eso que se nos concedió en nuestra Esencia, hemos perfeccionado Herramientas y Carros, hemos hecho añicos las montañas con las Armas de Terror, y los cielos hemos curado con Oro!

Así le dijo Ninurta a su madre. ¡Con la Sabiduría no vamos crear nuevos Seres, sino a forjar nuevas Herramientas, vamos a aliviar el trabajo con nuevos Equipos, no con esclavos! ¡Allá donde nuestro entendimiento nos lleve, a eso hemos sido destinados! Así dijo Ningishzidda, estaba de acuerdo con Enki y con Ninmah. ¡No podemos impedir que se usen los Conocimientos que poseemos!, dijo Ningishzidda.

¡Ciertamente, el Destino no puede ser alterado, desde el Principio hasta el Final ha sido determinado! Les dijo Enlil a ellos. ¿Es Destino, o es Hado, lo que nos ha traído a este Planeta, a sacar Oro de las Aguas, a poner a trabajar en las excavaciones a los Héroes Anunnaki, a estar negando la creación de un Trabajador Primitivo? ¡Esa, parientes míos, es la cuestión! Así, con gravedad, dijo Enlil.

¿Es Destino, es Hado? Eso es lo que hay que decidir, ¿Está ordenado desde el Principio, o es algo por lo que debemos decidirnos? Decidieron exponer el asunto ante Anu; Anu presentó el asunto ante el Consejo. Se consultó a los Ancianos, a los Sabios, a los Comandantes. Las discusiones fueron largas y amargas, se dijeron palabras de Vida y Muerte, de Hado y Destino.

¿Hay alguna otra forma de obtener Oro? ¡La supervivencia está en peligro! ¡Si hay que obtener Oro, que se elabore al Ser!, decidió el Consejo. ¡Que Anu deje a un lado las Reglas de los Viajes planetarios, que se salve Nibiru! La decisión se transmitió desde el Palacio de Anu hasta la Tierra; a Enki encantó. ¡Que Ninmah sea mi Ayudante, tiene Conocimientos de estos asuntos! Así dijo Enki. Miraba a Ninmah con anhelo.

¡Así sea!, dijo Ninmah. ¡Así sea!, dijo Enlil. A través de Ennugi se anunció la decisión a los Anunnaki en el Abzu: ¡Hasta que se consiga el ser, tenéis que volver voluntariamente al trabajo!, dijo. Hubo decepción; no hubo rebelión; los Anunnaki volvieron al trabajo. En la Casa de la Vida, en el Abzu, Enki le explicó a Ninmah cómo elaborar el Ser. Llevó a Ninmah a un lugar entre los árboles, era un lugar de jaulas. 

En las jaulas había extrañas Criaturas, algo que nadie había visto en libertad: tenían la parte superior de una Especie, la parte inferior de otra Criatura; ¡Enki le mostró a Ninmah Criaturas de Dos Especies combinadas por sus Esencias! Volvieron a la Casa de la Vida, la llevaron a un lugar limpio con un brillante resplandor. En el lugar limpio, Ningishzidda le explicó a Ninmah los Secretos de la Esencia Vital, cómo se puede combinar la Esencia de Dos Especies, él a ella le mostró. 

¡Las Criaturas de las tres jaulas son muy extrañas, son monstruosas!, dijo Ninmah. ¡Sí, lo son!, respondió Enki. ¡Lograr la Perfección, para eso se te necesita! ¿Cómo combinar las Esencias, cuánto de ellas, cuánto de eso reunir, en qué útero comenzar la Concepción, en qué útero deberá dar a Luz? Para eso se necesitan tus Conocimientos de ayuda y curación; ¡Se necesitan los Conocimientos de alguien que haya dado a Luz, de alguien que sea madre!

En el rostro de Ninmah había una sonrisa; recordaba bien las dos hijas que había tenido con Enki. Ninmah supervisó con Ningishzidda las Fórmulas Sagradas que se guardaban secretamente en los ME, le preguntaba cómo se había hecho esto y aquello. Examinó a las Criaturas de las tres jaulas, contempló a las Criaturas bípedas. Las Esencias se transmiten por Inseminación de un macho a una hembra, las Dos Hebras entrelazadas se separan y combinan para forjar una Descendencia.

¡Que un varón Anunnaki fecunde a una hembra bípeda, que nazca una Descendencia de combinación! Así dijo Ninmah. ¡Eso hemos intentado, pero ha habido fallos!, le respondió Enki. ¡No hubo Concepción, no hubo parto! Viene ahora el Relato de cómo se creó al Trabajador Primitivo, de cómo Enki y Ninmah, con la ayuda de Ningishzidda, forjaron al Ser. Hay que intentar conseguir otra Forma de Mezclar las Esencias, dijo Ninmah.

Hay que encontrar otra Forma de Combinar las Dos Hebras de las Esencias, para que no resulte dañada la porción de la Tierra. ¡Se tiene que configurar para que reciba nuestra Esencia gradualmente, sólo se podría intentar poco a poco a partir de las Fórmulas ME de la Esencia de Nibiru! Ninmah preparó una Mezcla en un Recipiente de cristal, puso con mucho cuidado el óvulo de una hembra bípeda, con ME que contenía simiente Anunnaki, fecundó el óvulo; insertó de nuevo el óvulo en la matriz de la hembra bípeda.

¡Esta vez había Concepción, había un parto en ciernes! Los Líderes esperaron el tiempo previsto para el Nacimiento, esperaban los resultados con el corazón lleno de ansiedad. ¡El tiempo previsto se cumplió, pero no hubo Nacimiento! Desesperada, Ninmah hizo un corte, lo que había sido concebido extrajo con tenazas. ¡Era un ser vivo! Enki exclamó con regocijo. ¡Lo conseguimos!, gritó Ningishzidda jubiloso.

Ninmah sostenía en sus manos al recién nacido, pero ella no estaba llena de gozo: el recién nacido tenía pelo por todas partes, su parte superior era como las de las Criaturas de la Tierra, las partes inferiores se parecían más a las de los Anunnaki. Dejaron que la hembra bípeda cuidara del recién nacido, que mamara su leche. El recién nacido creció rápido, lo que en Nibiru era un día, era un mes en el Abzu. 

El niño de la Tierra se hizo más alto, no era a imagen de los Anunnaki; ¡Sus manos no se adaptaban a las Herramientas, y no emitía más que gruñidos! ¡Tenemos que volver a intentarlo!, dijo Ninmah. Hay que ajustar la Mezcla; ¡Dejadme ensayar con los ME, dejad que haga el esfuerzo con este o aquel ME! Con la ayuda de Enki y de Ningishzidda repitieron los Procedimientos, Ninmah consideró cuidadosamente las Esencias de los ME, tomó un poco de uno de ellos, tomó un poco de otro de ellos, luego fecundó en el cuenco de cristal el óvulo de la hembra de la Tierra.

¡Hubo Concepción, cuando se cumpliera el Tiempo habría Nacimiento! Éste se parecía más a los Anunnaki; dejaron que la madre le diera de mamar, dejaron que el recién nacido se
convirtiera en niño. Por su aspecto, era atractivo; sus manos estaban conformadas para sostener Herramientas; pusieron a prueba sus sentidos, los encontraron deficientes: el niño de la Tierra no podía oír, su visión era vacilante. 

Una y otra vez, Ninmah reajustó las Mezclas, de las Fórmulas ME tomó Pizcas y Trozos; un Ser tenía los pies paralizados, a otro le goteaba el semen, a otro le temblaban las manos, a otro le funcionaba mal el hígado; otro tenía las manos demasiado cortas para alcanzarse la boca, otro no tenía los pulmones adecuados para respirar. Enki estaba decepcionado con los resultados. ¡No conseguimos el Trabajador Primitivo!, le dijo a Ninmah. 

¡Estoy descubriendo a través de Ensayos lo bueno o malo en este ser! Respondió Ninmah a Enki. ¡Mi corazón me anima a que siga intentándolo! Una vez más, Ninmah hizo una Mezcla; una vez más, el recién nacido era deficiente. ¡Quizás el déficit no se encuentre en la Mezcla!, le dijo Enki. ¡Quizás el impedimento no esté ni en el óvulo de la hembra ni en las Esencias! ¡De lo que la Tierra misma está forjada, quizá sea eso lo que falta! 

¡No uses un Recipiente de cristales de Nibiru, hazlo de la arcilla de la Tierra! Así dijo Enki, en posesión de Gran Sabiduría, a Ninmah. ¡Quizá se requiera lo que es la propia Mezcla de la Tierra, de Oro y Cobre! Así animó Enki, el que sabe cosas, a Ninmah, para que usara la arcilla del Abzu. En la Casa de la Vida, Ninmah hizo un Recipiente, lo hizo con la arcilla del Abzu. 

Como un baño purificador conformó el Recipiente, para hacer dentro de él la Mezcla.
Puso con cuidado el óvulo de una hembra terrestre, de una bípeda, en el Recipiente de arcilla, puso en el Recipiente la Esencia Vital extraída de la sangre de un Anunnaki, a través de las Fórmulas ME se dirigió la Esencia y poco a poco y con mesura fueron añadidas al Recipiente, después, insertó el óvulo así fertilizado en la matriz de la hembra terrestre.

¡Hay Concepción!, anunció alegre Ninmah. Esperaron el tiempo del Nacimiento. Cuando se cumplió el Tiempo, la hembra terrestre comenzó a parir, ¡Un niño, un recién nacido estaba a punto de llegar! Ninmah extrajo al recién nacido con las manos; ¡Era un varón! En sus manos sostuvo al niño; Enki y Ningishzidda estaban presentes. Los Tres Líderes se echaron a reír alegremente, Enki y Ningishzidda se daban palmadas en la espalda, Ninmah y Enki se abrazaron y se besaron. 

¡Tus manos lo han hecho!, le dijo Enki con un destello en los ojos. Dejaron que la madre diera de mamar al recién nacido; éste creció más rápido que un niño de Nibiru. El recién nacido progresó de mes en mes, pasó de bebé a niño. Sus miembros eran adecuados para el trabajo, hablar no sabía, ¡No comprendía las palabras, emitía gruñidos y resoplidos! Enki valoró el asunto, tomó en consideración lo que se había hecho en cada paso y en cada Mezcla. 

¡De todo lo que hemos intentado y cambiado, hay una cosa que nunca se ha alterado!, le dijo a Ninmah: siempre se ha insertado el óvulo fertilizado en la matriz de una hembra terrestre; ¡Quizás sea la obstrucción que queda! Así dijo Enki. Ninmah miró a Enki, lo contempló desconcertada. ¿Qué, en verdad, estás diciendo? De él, exigía ella una Respuesta. 

¡Estoy hablando de la matriz que da a Luz!, le respondió Enki. De quién nutre el óvulo fertilizado, de quién da a Luz; para que sea a nuestra imagen y semejanza, ¡Quizás se necesite una matriz Anunnaki! En la Casa de la Vida hubo silencio; ¡Enki estaba pronunciando palabras nunca antes escuchadas! Se miraron uno a otro, estaban pensando en lo que podría estar pensando el otro.

¡Sabias son tus palabras, hermano mío!, dijo Ninmah por fin. Quizás se insertó la Mezcla correcta en la matriz equivocada; Ahora bien, ¿Dónde está la hembra entre los Anunnaki que ofrezca su matriz, para crear quizás al Trabajador Primitivo perfecto, para llevar quizás un monstruo en su vientre? Así dijo Ninmah, con la voz temblorosa. ¡Deja que le pregunte a Ninki, mi esposa!, dijo Enki. 

Convoquémosla a la Casa de la Vida, para exponer el asunto ante ella. Se estaba volviendo para marcharse cuando Ninmah le puso la mano en el hombro: ¡No! ¡No!, le dijo a Enki. ¡Yo hice las Mezclas, la recompensa y el peligro deben ser míos! ¡Seré yo la que proporcione la matriz Anunnaki, la que afronte el buen o el mal hado! Enki inclinó la cabeza, la abrazó suavemente. 

¡Así sea!, le dijo. Hicieron la Mezcla en el Recipiente de arcilla, unieron el óvulo de una hembra terrestre con la Esencia masculina Anunnaki; Enki insertó el óvulo fertilizado en la matriz de Ninmah; ¡Hubo concepción! ¿El embarazo, concebido por una Mezcla, cuánto durará?, se preguntaron uno a otro. ¿Serán nueve meses de Nibiru? ¿Será nueve meses de la Tierra? Después que en la Tierra, antes que en Nibiru, llegó el parto; ¡Ninmah dio a luz a un varón!

Enki sostuvo entre sus manos al niño; era la imagen de la Perfección. Palmeó las partes traseras del niño; ¡El recién nacido emitió los sonidos adecuados! Le pasó el recién nacido a Ninmah; ella lo levantó entre sus manos. ¡Mis manos lo han hecho!, exclamó victoriosa. Viene ahora el Relato de cómo se le puso por nombre Adamu, y de cómo se hizo Ti-Amat para él, una contraparte hembra.

Los Líderes examinaron con atención el aspecto y los miembros del recién nacido: sus orejas tenían buena forma, no tenía los ojos obstruidos, tenía los miembros adecuados, conformados como piernas en la parte inferior y como manos en la parte superior. No era peludo como los salvajes, su cabello era negro oscuro, su piel era tersa, tersa como la piel de los Anunnaki, el color de su sangre era rojo oscuro, del mismo tono que la arcilla del Abzu.

Miraron su hombría: su forma era extraña, la parte delantera estaba envuelta con una piel, ¡A diferencia de la hombría de los Anunnaki, le colgaba una piel de la parte delantera! ¡Que el Terrestre se distinga de nosotros, los Anunnaki, por esta piel!, dijo Enki. El recién nacido empezó a llorar; Ninmah lo estrechó contra su pecho; le dio el pecho, el niño se puso a chupar del pecho. 

¡Hemos conseguido la Perfección!, dijo Ningishzidda eufórico. Enki miraba fijamente a su hermana; no estaba viendo a Ninmah y a un ser, sino a madre e hijo. ¿Le pondrás un nombre?, preguntó Enki. ¡Es un Ser, no una criatura! Ninmah puso su mano sobre el cuerpo del recién nacido, acarició con sus dedos su roja y oscura piel. ¡Le llamaré Adamu!, dijo Ninmah. ¡El-Que-Como-Arcilla-de-la-Tierra-Es, ése será su nombre! 

Hicieron una cuna para el recién nacido Adamu, lo pusieron en un rincón de la Casa de la Vida. ¡Verdaderamente, hemos conseguido un modelo del Trabajador Primitivo!, dijo Enki. ¡Ahora se necesita un ejército de trabajadores como él!, les recordó Ningishzidda a sus mayores. ¡En verdad, será un Modelo; por lo que a él se refiere, será tratado como un Primogénito, del duro trabajo se le protegerá, su sola Esencia será como un Molde! 

Así dijo Enki; Ninmah quedó muy complacida con su decreto. ¿Qué matrices llevarán los óvulos fertilizados a partir de ahora?, preguntó Ningishzidda. Los Líderes ponderaron el asunto; Ninmah ofreció una solución. Ninmah reunió a las Sanadoras de su ciudad, Shurubak; les explicó el trabajo que se requería de ellas, las llevó hasta la cuna de Adamu, para que apreciaran al recién nacido Terrestre. 

¡No es un mandato llevar a cabo este trabajo!, les dijo Ninmah: ¡Vuestro propio deseo es la decisión! De las Anunnaki reunidas, Siete se adelantaron, Siete aceptaron la Tarea. ¡Que se recuerden sus Nombres para siempre!, le dijo Ninmah a Enki. ¡Su trabajo es heroico, gracias a ellas nacerá una Raza de Trabajadores Primitivos! Las Siete que se adelantaron, cada una anunció su Nombre; Ningishzidda registró los Nombres: Ninimma, Shuzianna, Ninmada, Ninbara, Ninmug, Musardu y Ningunna. 

Éstos fueron los nombres de las Siete que, por deseo propio, Madres de Nacimiento iban a ser, para Concebir y llevar Terrestres en sus matrices, para crear Trabajadores Primitivos. En Siete Recipientes, hechos de arcilla del Abzu, Ninmah puso óvulos de las hembras bípedas, Ninmah extrajo la Esencia Vital de Adamu, la insertó poco a poco en los Recipientes. 

Después, hizo una incisión en las partes masculinas de Adamu para dejar salir una Gota de Sangre; ¡Sea esto un Signo de Vida; proclámese siempre que Carne y Alma se han combinado! Apretó las partes masculinas para que sangraran, una gota de sangre añadió en cada recipiente para la Mezcla. ¡En esta Mezcla de arcilla, Lo Terrestre y Lo Anunnaki se enlazarán! 

Así dijo Ninmah, un Encantamiento pronunció: ¡ A la Unidad las Dos Esencias, una del Cielo, una de la Tierra, juntas se llevarán, la de la Tierra y la de Nibiru, se enlazarán por parentesco sanguíneo! Esto pronunció Ninmah; Ningishzidda también tomó nota de sus palabras. Los óvulos fertilizados se insertaron en las matrices de las heroínas alumbradoras. Hubo Concepción; por anticipado, se calculó el Tiempo previsto. 

¡En el Tiempo previsto, tuvieron lugar los partos! En el Tiempo previsto, nacieron Siete Terrestres varones, sus rasgos eran los adecuados, emitían buenos sonidos; fueron amamantados por las heroínas. ¡Se han creado Siete Trabajadores Primitivos!, dijo Ningishzidda. ¡Repítase el Procedimiento, que Siete más asuman el trabajo! ¡Hijo mío!, le dijo Enki. ¡Ni siquiera de Siete en Siete será suficiente, harían falta demasiadas heroínas sanadoras, su trabajo de este modo se haría eterno!

¡Ciertamente, es un trabajo demasiado exigente, es poco menos que insoportable!, les dijo Ninmah. ¡Tenemos que hacer hembras!, dijo Enki, para que sean las parejas de los
varones. Que se conozcan, para que los dos se hagan una sola carne. ¡Que procreen por sí solos, que hagan su propia prole, que por sí mismos hagan nacer Trabajadores Primitivos, para relevar a las mujeres Anunnaki! 

¡Tienes que cambiar las Fórmulas ME, ajustarías de varón a hembra! Así le dijo Enki a Ningishzidda. ¡Para hacer una pareja para Adamu, es necesaria la Concepción en la matriz de una Anunnaki! Así le respondió Ningishzidda a su padre Enki. Enki dirigió su mirada hacia Ninmah; antes de que ella pudiera hablar, él levantó la mano. ¡Deja que esta vez llame a mi esposa Ninki!, dijo con voz poderosa, ¡Si está dispuesta, que ella cree el molde para la hembra Terrestre! 

Al Abzu, a la Casa de la Vida, llamaron a Ninki, le mostraron a Adamu, se lo explicaron todo, le dieron explicaciones del trabajo que se requería, le dieron cuenta del éxito y del peligro. Ninki estaba fascinada con el trabajo. ¡Hágase!, les dijo. Ningishzidda hizo los ajustes de las Fórmulas ME, con la Mezcla se fertilizó un óvulo, Enki lo insertó en la matriz de su esposa; lo hizo con mucho cuidado. Hubo Concepción; en el tiempo previsto, Ninki se puso de parto; no hubo Nacimiento.

Ninki contó los meses, Ninmah contó los meses; El Décimo Mes, un mes de malos Hados, empezaron a llamar. Ninmah, la Dama cuya mano había abierto matrices, hizo una incisión con un cortador. Llevaba la cabeza cubierta, llevaba protecciones en las manos; hizo la abertura con destreza, la cara se le iluminó de pronto: lo que había en la matriz, de la matriz salió. ¡Una hembra! ¡Has dado a luz a una hembra!, le dijo con regocijo a Ninki. 

Examinaron con atención el aspecto y los miembros de la recién nacida, sus orejas tenían buena forma, no tenía los ojos obstruidos, tenía los miembros adecuados, conformados como piernas en la parte inferior y como manos en la parte superior. No era peluda, como las arenas de la playa era el color de su cabello, su piel era tersa, era como la de los Anunnaki en tersura y en color. 

Ninmah sostuvo en sus manos a la niña. Le dio una palmada en la parte trasera; ¡La recién nacida emitió los sonidos adecuados! Le pasó la recién nacida a Ninki, la esposa de Enki, para que la amamantara, la nutriera y la cuidara. ¿Le pondrás nombre?, le preguntó Enki a su esposa. Es un Ser, no una criatura. ¡Está hecha a tu imagen y semejanza, está hecha a la Perfección, has logrado un Modelo para trabajadoras hembras! 

Ninki puso la mano sobre el cuerpo de la recién nacida, acarició su piel con los dedos. ¡Ti-Amat será su Nombre, la Madre de la Vida!, dijo Ninki. Será llamada como el Planeta de antaño, del cual se forjaron la Tierra-Luna, de las Esencias vitales de su matriz se moldearán otras Alumbradoras, ¡Dará así la Vida a una multitud de Trabajadores Primitivos! Así dijo Ninki; los demás pronunciaron palabras de acuerdo. 

Viene ahora el relato de Adamu y Ti-Amat en el Edin, y de cómo se les dio el Conocimiento de la procreación y al Abzu fueron expulsados. Después de que fuera hecha Ti-Amat en la matriz de Ninki, en Siete Recipientes hechos de arcilla del Abzu puso Ninmah óvulos de hembras bípedas. Extrajo la Esencia Vital de Ti-Amat y la insertó en los Recipientes. 

En los Siete Recipientes, hechos de arcilla del Abzu, Ninmah formó la Mezcla; pronunció Encantamientos, como requería el Procedimiento. En las matrices de las heroínas Alumbradoras se insertaron los óvulos fertilizados; Hubo Concepción, en el tiempo previsto hubo Alumbramientos, en el tiempo previsto, nacieron Siete Hembras Terrestres. Sus rasgos eran los adecuados, emitían buenos sonidos. Así se crearon las Siete homólogas femeninas de los Trabajadores Primitivos; los Cuatro Líderes crearon Siete Varones y Siete Hembras. 

¡Después de ser así creados los Terrestres, inseminen los varones a las hembras, que los Trabajadores Primitivos tengan Descendencia por sí mismos! Así dijo Enki a los demás. ¡Después del tiempo previsto, los Descendientes tendrán otros Descendientes, abundante será el número de Trabajadores Primitivos, ellos llevarán los trabajos duros de los Anunnaki! Enki y Ninki, Ninmah y Ningishzidda estaban contentos, bebieron del Elixir del Fruto. 

Se hicieron jaulas para los Siete y Siete, las pusieron entre los árboles; ¡Que crezcan juntos, alcancen la Virilidad y la Femineidad, inseminen los varones a las hembras, tengan Descendencia por sí mismos! Así se decían unos a otros. ¡En cuanto a Adamu y a Ti-Amat, se les protegerá de los duros trabajos de las excavaciones, llevémosles al Edin, para mostrar allí nuestra Obra a los Anunnaki! Así dijo Enki a los demás; con esto coincidieron los demás. 

A Eridú, la ciudad de Enki en el Edin, fueron llevados Adamu y Ti-Amat, se les construyó una morada en un recinto, para que pudieran vagar por allí. Los Anunnaki del Edin vinieron a verlos, vinieron del Lugar de Aterrizaje. Enlil vino a verlos; su disgusto disminuyó ante su visión. Ninurta vino a verlos; Ninlil también. Desde la estación de paso en Lahmu, Marduk, el hijo de Enki, también bajó a ver.

¡Era una visión de lo más sorprendente, una maravilla de maravillas! Vuestras manos lo han hecho, dijeron los Anunnaki a los forjadores. Los Igigi, que iban y venían entre la Tierra y Lahmu, estaban todos expectantes también. ¡Se han hecho Trabajadores Primitivos, nuestros días de esfuerzos llegarán a un fin! Así decían todos. En el Abzu, los recién nacidos crecieron, los Anunnaki esperaban ansiosamente su maduración. 

Enki era el Supervisor, Ninmah y Ningishzidda también llegaron. En las excavaciones, los Anunnaki se quejaban, cediendo el paso la paciencia a la impaciencia. Enki preguntaba a menudo a Ennugi, el Supervisor; éste le transmitía las protestas, pidiendo Trabajadores Primitivos. Las vueltas de la Tierra crecieron en número, se retrasaba la madurez de los Terrestres; ¡Se observó que entre las hembras no había Concepción, no había Nacimientos!

Ningishzidda se hizo un diván de hierba junto a las jaulas de entre los árboles; estuvo observando a los Terrestres día y noche para determinar sus acciones. ¡En verdad, los vio emparejarse, los varones inseminaban a las hembras! Pero no había Concepción, no había Nacimientos. Enki ponderó el asunto en profundidad, reflexionó sobre las Criaturas combinadas; ¡Ninguna, ninguna de ellas ha tenido Descendencia!

¡Al combinar Dos Especies, se ha creado una maldición!, dijo Enki a los demás. ¡Examinemos de nuevo las esencias de Adamu y Ti-Amat!, dijo Nü-gishzidda.
¡Estudiemos poco a poco sus ME para averiguar lo que está mal! En Shurubak, en la Casa de Sanación, se contemplaron las Esencias de Adamu y Ti-Amat, se compararon con las Esencias Vitales de varones y hembras Anunnaki. 


Ningishzidda separó las Esencias como Dos Serpientes entrelazadas, las Esencias estaban dispuestas como Veintidós Ramas en un Árbol de la Vida, sus Porciones eran comparables, determinaban adecuadamente las imágenes y semejanzas. Veintidós eran en Número; ¡No incluían la capacidad de procrear! Ningishzidda les mostró a los demás otras Dos Porciones de la Esencia presentes en los Anunnaki. 

Una masculina, otra femenina; ¡Sin ellas, no había procreación! Así les explicaba él a ellos. ¡En los Moldes de Adamu y Ti-Amat, en la Combinación no se incluyeron! Ninmah escuchó esto y se quedó muy turbada; Enki se vio inundado de frustración. ¡El clamor en el Abzu es grande, se está preparando de nuevo el motín! Así les dijo Enki. ¡Hay que procurar Trabajadores Primitivos, para que no se deje de extraer Oro! 

Ningishzidda, experto en estos asuntos, propuso una solución; a sus mayores, Enki y Ninmah, les dijo en un susurro en la Casa de Sanación. Entre todos, hicieron salir a las Heroínas que ayudaban a Ninmah, cerraron las puertas tras ellos, y se quedaron los Tres a solas con los Dos Terrestres. Ningishzidda hizo descender un profundo Sueño sobre los otros Cuatro, a los Cuatro hizo insensibles. 

De la costilla de Enki extrajo la Esencia Vital, en la costilla de Adamu insertó la Esencia Vital de Enki; de la costilla de Ninmah extrajo la Esencia Vital, en la costilla de Ti-Amat insertó la Esencia Vital. Allí donde se hicieron las incisiones, Ningishzidda cerró la carne después. Luego, Ningishzidda los despertó a los Cuatro. ¡Ya está hecho!, declaró con orgullo. 

¡Al Árbol de la Vida de ellos se le han añadido Dos Ramas, con Fuerzas Procreadoras se han entrelazado ahora sus Esencias Vitales! ¡Dejémosles vagar libremente, que se conozcan entre sí como una sola carne!, dijo Ninmah. En los Huertos del Edin se puso a Adamu y a Ti-Amat para que vagaran libremente. Tomaron conciencia de su desnudez, se hicieron conscientes de su Virilidad y su Femineidad. 

Ti-Amat se hizo un mandil de hojas, para distinguirse de las bestias salvajes. Enlil paseaba por el Huerto con el calor del día, disfrutaba de las sombras. Se encontró de improviso con Adamu y con Ti-Amat, se dio cuenta de los mandiles con los que cubrían su bajo vientre. ¿Qué significa esto?, preguntó Enlil; Enki le convocó para explicárselo. Enki le explicó a Enlil el asunto de la Procreación: Los Siete y Siete han fracasado, le admitió a Enlil; Ningishzidda examinó las Esencias Vitales, ¡Hacía falta una Combinación adicional! 

Grande fue el enfado de Enlil, furiosas eran sus palabras: Nada de todo esto era de mi agrado, yo me oponía a que actuáramos como Creadores. ¡El Ser que necesitamos ya existe! Eso dijiste tú, Enki. ¡Todo lo que tenemos que hacer es poner nuestra Señal en él, para así forjar a los Trabajadores Primitivos! ¡A las mismas Heroínas Sanadoras se las ha hecho correr riesgos, a Ninmah y a Ninki se les ha puesto en peligro, todo en vano, tu Obra era un fracaso! 

¡Ahora les has dado a estas Criaturas las últimas Porciones de nuestra Esencia Vital, para que sean como nosotros en el Conocimiento de la Procreación, quizás para conferirles a ellos nuestros Ciclos Vitales! Así, con palabras iracundas, habló Enlil. Enki llamó a Ninmah y a Ningishzidda para apaciguar con sus palabras a Enlil. ¡Mi señor Enlil!, dijo Ningishzidda. ¡Han recibido el Conocimiento de la Procreación, pero no se les ha dado la Rama de la Larga Vida en su Arbol Esencial! 

Después habló Ninmah, le dijo a su hermano Enlil: ¿Qué elección teníamos, hermano mío? ¿Que acabara todo en el fracaso, que afrontara Nibiru su fatídica suerte, intentar, intentar, intentar, y hacer que asuman el trabajo los Terrestres a través de la Procreación? ¡Entonces, que estén donde se les necesita!, dijo Enlil furioso. ¡Al Abzu, lejos del Edin, sean expulsados!




Diseño|Arte|Diagramación: Pachakamakin
Portada: M16 Nebulosa del Aguila, by Nasa Hubble Space Telescope



GLOSARIO:

Abael: El bíblico Abel, muerto por su hermano Ka-in.
Abgal: Piloto; Primer Comandante del Lugar de Aterrizaje.
Abrazador: Epíteto de Ninurta por su papel en la utilización de armas nucleares.
Abzu: Dominios mineros de Oro de Enki en el sudeste de África.
Abzu Inferior: Punta Sur de África, dominios de Nergal Ereshkigal.
Acad: Las Tierras del Norte anexionadas a Sumer bajo Sargón I.
Acadio: Lengua madre de todas las Lenguas semitas.
Adab: Ciudad postdiluviana de Ninharsag en Sumer.
Adad: Nombre acadio de Ishkur, el hijo menor de Enlil.
Adamu: El primer Trabajador Primitivo logrado con éxito a través de Ingeniería Genética, El Adán.
Adapa: Hijo de Enki con una hembra Terrestre, primer Hombre Civilizado; el bíblico Adán.
Agadé: Primera capital de Nibiru después de la guerra; Capital Unificada de Sumer y Acad.
Agua de Juventud: Se la prometía Ra a sus seguidores en la Otra Vida.
Agua de Vida: Utilizada para revivir a Inanna y traerla de vuelta de entre los muertos.
Alalgar: Piloto; Segundo Comandante de Eridú.
Alalu: El depuesto Rey de Nibiru que escapó a la Tierra y descubrió Oro; murió en Marte; se talló su imagen en la roca que le sirvió de tumba.
Alam: Hijo de Anshargal a través de una concubina.
Amanecer y Crepúsculo: Hembras Terrestres fecundadas por Enki, madres de Adapa y Titi.
Amun: Nombre egipcio para el exiliado dios Ra.
An: Primer Rey de la Unidad en Nibiru; nombre del planeta al que llamamos Urano.
Anak: Estaño.
Anib: Título Real de Ib, un Sucesor del Trono de Nibiru.
Anki: Hijo primogénito de An en Nibiru.
Annu: Ciudad Sagrada en Egipto, la bíblica On, Heliópolis en griego.
Anshar: Quinto Soberano de Nibiru de la Dinastía Unificada; el planeta al que llamamos Saturno.
Anshargal: Cuarto Soberano de Nibiru de la Dinastía Unificada.
Antu: Esposa de An; esposa de Anu; nombre primitivo del planeta al que llamamos Neptuno.
Anu: Soberano de Nibiru cuando los Anunnaki llegaron a la Tierra; también, el planeta al que llamamos Urano.
Anunitu: Nombre cariñoso para la diosa Inanna.
Anunnaki: Aquellos-Que-del-Cielo-a-la-Tierra-Vinieron.
Anzu: Piloto; Primer Comandante de la Estación de Paso en Marte.
Apsu: Progenitor primordial del Sistema Solar, el Sol.
Aratta: Dominio concedido a Inanna, parte de la Tercera Región.
Arbakad: El bíblico Arpakshad, uno de los hijos de Sem.
Armas del Terror: Armas nucleares, utilizadas al principio en Nibiru y, después, finalmente, en la Tierra.
Arrata: La tierra y las montañas de Ararat.
Asar: Dios egipcio llamado Osiris.
Asta: Diosa egipcia llamada Isis, esposa-hermana de Asar.
Awan: Esposa-hermana de Ka-in.
Aya: Esposa de Utu; el dios llamado Shamash en acadio.
Azura: Esposa de Sati, madre de Enshi, el bíblico Enoch.
Bab-Ili: Pórtico de los DiosesBabilonia, ciudad de Marduk en Mesopotamia.
Bad-Tibira: Ciudad de Ninurta de fundición y refinado de Oro.
Banda: Soberano heroico de Uruk -la bíblica Erek-, padre de Gilgamesh.
Baraka: Esposa de Irid, el bíblico Yéred.
Barca celestial: Término egipcio para la Nave Espacial de un Dios.
Barco del Cielo: Vehículo aéreo de diversos Dioses y Diosas.
Batalla Celestial: Colisión primordial entre Nibiru y Tiamat.
Batanash: Esposa de Lu-Mach -el bíblico Lamek-, madre del Héroe del Diluvio.
Bau: Esposa de Ninurta, una sanadora.
Ben-Ben: Parte superior cónica del Barco Celestial de Ra.
Blancatierra: La Antártida.
Bosque de Cedros: Ubicación del Lugar de Aterrizaje -en la actualidad, Líbano-.
Brazalete Repujado: El Cinturón de Asteroides.
Burannu: El río Éufrates.
Cam: Segundo hijo del Héroe del Diluvio, hermano de Sem y de Jafet.
Cámara de la Creación: Instalaciones de Ingeniería Genética y domesticación en las Montañas de los Cedros.
Camino de Anu: Banda central de la Esfera Celeste que contiene las Constelaciones Zodiacales; en la Tierra, banda central entre el septentrional Camino de Enlil y el meridional Camino de Enki.
Camino de Enki: Esfera celeste por debajo del paralelo 30º Sur.
Camino de Enlil: Esfera celeste por encima del paralelo 30º Norte.
Carros celestiales: Nave Espacial.
Casa de Elaboración: Laboratorio genético en el Bosque de los Cedros para los cereales y el ganado.
Casa de la Vida: Instalaciones biogenéticas de Enki en el Abzu.
Casa de Sanación: Instalaciones médico-biológicas de Ninmah en Shurubak.
Centro de Control de Misiones: En Nibru-ki -Nippur- antes del Diluvio, en el Monte Moriah después del Diluvio.
Creador de Todo: El Dios universal y cósmico.
Cresta Norte: Morada de Enlil en las Montañas de los Cedros.
Cuarta Región: La Península del Sinaí, ubicación del Espacio Puerto postdiluviano.
Cuenta de Años de la Tierra: La cuenta de los años desde la visita de Anu a la Tierra, el calendario de Nippur comenzó en el 3760 AC.
Damkina: Esposa de Enki, renombrada Ninki; hija de Alalu.
Dauru: Esposa del Rey nibiruano Du-Uru.
Destino: Curso predeterminado de acontecimientos.
Diluvio: La Gran Inundación.
Duat: Nombre egipcio de la zona restringida del Espacio Puerto en el Sinaí.
Dudu: Nombre cariñoso del dios Adad -Ishkur-, hijo menor de Enlil, tío de Inanna.
Dumuzi: Hijo menor de Enki, encargado del pastoreo en sus dominios egipcios.
Dunna: Esposa de Malalu, madre de Irid -los bíblicos Mahalalel y Yéred-.
Duttur: Concubina de Enki, madre de Dumuzi.
Du-Uru (Duuru): Séptimo Soberano de Nibiru.
Ea: Aquel-cuyo-hogar-es-el-agua, el Acuario prototipo; primogénito de Anu, hermanastro de Enlil; líder del primer grupo Anunnaki en llegar a la Tierra; Creador de la Humanidad y su salvador en el Diluvio; se le dan los epítetos de Nudimmud, El ForjadorPtah, El Constructor, en Egipto, Enki, El Señor Tierra; padre de Marduk.
Eanna: Templo de Siete Niveles de Anu en Uruk, Anu se lo dio a Inanna como presente.
Edin: Ubicación de los primeros asentamientos de los Anunnaki, el bíblico Edén, en el Sur de Mesopotamia; posteriormente, el área de Sumer.
Edinni: Esposa de Enkime, madre de Matushal -los bíblicos Henoch y Matusalén-.
Ednat: Esposa de Matushal, madre de Lu-Mach, el bíblico Lamek.
Ekur: La alta Estructura en el Centro de Control de Misiones antediluviano; la Gran Pirámide de Gizeh, después del Diluvio.
Emisor: Instrumento utilizado junto con el Pulsador para revivir a Inanna.
Emush: Desierto infestado de serpientes donde intentó esconderse Dumuzi.
Emzara: Esposa de Ziusudra, el bíblico Noé, y madre de sus tres hijos.
Enbilulu: Teniente de Ea en la Primera Misión.
Endubsar: El Escriba al cual dictó Enki sus Memorias.
Engendrador Primordial: Apsu, el Sol, en la Cosmogonía de la creación.
Engur: Teniente de Ea en la Primera Misión.
Eninnu: La Morada-Templo de Ninurta en el Recinto Sagrado de Lagash.
Enki: Título-epíteto de Ea tras la división de deberes y poderes entre él y su hermanastro y rival Enlil; padre de Marduk con su esposa Damkina; no pudo tener un hijo con su hermana Ninmah, pero tuvo cinco hijos más con concubinas y también tuvo hijos con mujeres Terrestres.
Enkidu: Compañero de Gilgamesh creado artificialmente.
Enkime: Se le llevó al Cielo y se le concedieron muchos Conocimientos; el bíblico Henoch; padre de Sarpanit, esposa de Marduk.
Enlace Cielo-Tierra: El Centro de Control de Misiones.
Enlil: Hijo de Anu y de su esposa-hermana Antu y, por ello, Hijo Principal, destinado a la sucesión del trono de Nibiru por delante del primogénito Ea; Administrador y Comandante militar, enviado a la Tierra para organizar las operaciones de obtención de Oro a gran escala; padre de Ninurta con su hermanastra Ninmah, y de Nannar e Ishkur con su esposa Ninlil; se opuso a la creación de los Terrestres, intentó la desaparición de la Humanidad mediante el Diluvio; autorizó el uso de armas nucleares contra Marduk.
Enmerkar: Soberano heroico de Urug-ki, Uruk, abuelo de Gilgamesh.
Ennugi: Comandante de los Anunnaki asignado a las minas de Oro en el Abzu.
Enshar: Sexto Soberano dinástico en Nibiru; nombró a los Planetas que abarcaba la órbita de Nibiru.
Enshi: El bíblico Enoch, el primero al que se le enseñaron los Ritos y el Culto.
Enursag: Teniente de Ea en la Primera Misión.
Enuru: Tercer hijo de An y Antu, y padre del soberano de Nibiru, Anu.
Ereshkigal: Nieta de Enlil, señora del Mundo Inferior -Sur de Africa-; esposa de Nergal; hermana de Inanna.
Eridú: Primer Asentamiento en la Tierra, fundado por Ea; fue su centro permanente y su morada en Sumer.
Erra: Epíteto de Nergal después del holocausto nuclear, significa El-Aniquilador.
Esagil: Templo de Marduk, en Babilonia.
Esencia de vida o vital: El ADN genéticamente codificado.
Estaciones celestiales: Las Doce Casas de las Constelaciones Zodiacales.
Estrella Imperecedera: Nombre egipcio para el planeta del cual había venido Ra.
Etana: Rey de Uruk que fue llevado al cielo pero tuvo miedo de continuar.
Firmamento: El Cinturón de Asteroides, restos de la mitad destruida de Tiamat.
Gaga: La Luna de Anshar, Saturno, que, tras el paso de Nibiru, se convirtió en el planeta Plutón.
Gaida: Hijo menor de Enkime, Henoch en la Biblia).
Galzu: Misterioso emisario divino que transmitía los mensajes en sueños y visiones.
Gente de cabeza negra: El pueblo sumerio.
Geshtinanna: Hermana de Dumuzi que le traicionó.
Gibil: Hijo de Enki, encargado de la Metalurgia, creador de Artefactos Mágicos.
Gigunu: Casa de Placer Nocturno de Inanna.
Gilgamesh: Rey en Uruk; siendo hijo de una diosa, fue en busca de la inmortalidad.
Girsu: Recinto sagrado de Ninurta en Lagash.
Gran Abajo: El continente de la Antártida.
Gran Calamidad: La devastación posterior al holocausto nuclear en 2024 AC.
Gran Profundo: Océano Antártico.
Gran Mar: Mar Mediterráneo; llamado también Mar Superior.
Guru: Teniente de Eaen el Primer Aterrizaje.
Hado: Curso de acontecimientos que está sujeto al libre albedrío y es alterable.
Hapi: Antiguo nombre egipcio del río Nilo.
Hem-Ta: Nombre egipcio del Antiguo Egipto.
Hijo principal: El hijo nacido aun Soberano a través de su hermanastra y, por tanto, heredero legal.
Hombre Civilizado: Homo sapiens-sapiens, del cual Adapa fue el primero.
Horon: El dios egipcio al que ahora se le llama Horus.
Hurum: Montaña donde el Héroe Banda murió y volvió a la vida.
Ib: Tercer rey dinástico de Nibiru, se le dio el Título Real de An-Ib.
Ibru: Nieto de Arbakad, el bíblico Heber, antepasado de Abraham.
Ibru-Um [Ibruum]: Vástago de una Familia Real sacerdotal de Nippur y Ur, el bíblico Abraham.
Igigi: Los Trescientos Anunnaki asignados a la Lanzadera y a la Estación de Paso de Marte; raptaron a mujeres Terrestres para tomarlas como esposas.
Ilabrat: Visir y emisario de Anu; fue por Adapa párale viaje a Nibiru.
Inanna: Hija de Nannar y Ningal, hermana gemela de Utu; fue la prometida de Dumuzi; feroz en la guerra, lujuriosa en las relaciones sexuales; señora de Uruk y de la Tercera Región; conocida como Ishtar en acadio; asociada con el planeta al que llamamos Venus.
Inbu: Fruto traído de Nibiru a la Tierra, origen del elixir de los Anunnaki.
Irid: El bíblico Yéred; padre de Enkime, el bíblico Henoch.
Ishkur: El hijo más joven de Enlil con su esposa Ninlil, el dios acadio Adad.
Ishtar: Nombre acadio de la diosa Inanna.
Ishum: Epíteto dado a Ninurta después del holocausto nuclear, significa El Abrasador.
Isimud: Mayordomo y visir de Enki.
Jarán: Ciudad del Noroeste de Mesopotamia -ahora en Turquía-, que hizo las veces de ciudad gemela de Ur; lugar de estancia de Abraham; lugar desde donde Marduk usurpó la supremacía en la Tierra.
Ka-in: El bíblico Caín, que mató a su hermano Abael -Abel- y fue desterrado.
Kalkal: Guardián de la Residencia de Enlil en el Abzu.
Ki: Suelo firme, el planeta Tierra.
Ki-Engi: Sumer, Tierra de los Nobles Vigilantes, la Primera Región de Civilización.
Kingu: Principal satélite de Tiamat; la Luna de la Tierra después de la Batalla Celestial.
Kishar: Esposa del Quinto Soberano de Nibiru; el planeta al que llamamos Júpiter.
Kishargal: Esposa del Cuarto Soberano de Nibiru.
Kishi: La primera Ciudad de Hombres en Sumer, donde comenzó la Realeza.
Kulla: Teniente de Ea durante la Primera Misión.
Kunin: El bíblico Quenán, hijo de Enshi y Noam.
Laarsa: Una de las ciudades de los Anunnaki; refundada después del Diluvio.
Lagash: Construida al mismo tiempo que Laarsa, ambas servían como Ciudades Baliza; después del Diluvio, refundada como ciudad principal de Ninurta.
Lahama: Esposa de Lahma.
Lahamu: El planeta al que llamamos Venus.
Ley de la Simiente: La norma que daba Prioridad Sucesoria a un hijo de una hermanastra.
Lugal: Literalmente, Gran Hombre; epíteto de un Rey electo.
Lugar de Aterrizaje: Plataforma para Naves Celestes y Naves Espaciales en las Montañas de los Cedros.
Lugar de los Carros: Espacio Puerto.
Lugar de los Carros Celestiales: Espacio Puerto de los Anunnaki.
Lugar Níveo: La Antártida.
Lulu: Híbrido realizado por Ingeniería Genética, el Trabajador Primitivo.
Lu-Mach: Hijo de Matushal y de Ednat, el bíblico Lamek.
Llanura Superior: Región del Norte de Mesopotamia donde vivieron los descendientes de Arpakad.
Magan: Antiguo Egipto.
Malalu: Hijo de Kunin Mualit, el bíblico Mahalalel.
Mar Inferior: Masa de Agua llamada ahora Golfo Pérsico.
Mar Superior: Mar Mediterráneo.
Marduk: Primogénito y heredero legal de Enki Damkina; adorado como Ra en Egipto; envidioso de sus hermanos, insatisfecho con Egipto sólo como sus dominios, reclamó la supremacía de la Tierra y, después de exilios y guerras, la consiguió desde su ciudad de Babilonia.
Matushal: Hijo de Enkime y Edinni, el bíblico Matusalén.
ME: Objetos diminutos codificados con fórmulas sobre todos loas aspectos de la Ciencia y la Civilización.
Meluhha: Antigua Nubia.
Mena: Rey cuyo reinado comenzó la Primera Dinastía de Faraones egipcios.
Mena-Nefer: Primera capital de Egipto, Menphis.
Montaña de los Cedros: Ubicación de la morada de Enlil en el Bosque de Cedros.
Monte de la Salvación: Los picos de Ararat, donde se posó el Arca después del Diluvio.
Monte de Mostrar el Camino: Monte Moriah, lugar del Centro de Control de Misiones postdiluviano.
Monte Mashu: Monte equipado con instrumental en el Espacio Puerto del Sinaí postdiluviano.
Mualit: Esposa de Kunin, madre de Malalu.
Mundo Inferior: Hemisferio Sur, que incluye el sur de África y de la Antártida.
Musardu: Una de las Siete Madres Alumbradoras de los Primeros Terrestres.
Nabu: Hijo de Marduk y de Sarpanit; organizó a los seguidores humanos de Marduk.
Namtar: Hado; Visir de Ereshkigal en sus dominios del Mundo Inferior.
Nannar: Hijo de Enlil Ninlil, el primer líder Anunnaki que nació en la Tierra; dios patrón de Urim -Ur- y Jarán; asociado con la Luna; conocido como Sin en acadio; padre de Utu e Inanna.
Naram-Sin: Nieto de Sargón y sucesor suyo como Rey de Sumer Acad.
Nebat: Esposa-hermana del Dios egipcio Satu, ala que llamamos Neftys.
Nergal: Hijo de Enki, soberano del Abzu Inferior junto con su esposa Ereshkigal; liberó las armas nucleares junto con N
inurta.
Neteru: Palabra egipcia para dioses, que significa Guardianes Vigilantes.
Nibiru: Planeta madre de los Anunnaki; su período orbital, un Shar, equivale a 3.600 años terrestres; se convirtió en el Duodécimo Miembro del Sistema Solar después de la Batalla Celestial.
Nibru-ki: Centro de Control de Misiones original; ciudad de Enlil en Sumer, llamada Nippur en acadio.
Nimug: Una de las Siete Madres Alumbradoras de los Primeros Terrestres.
Nimul: Madre de Ea/Enki con Anu; no siendo esposa oficial ni hermanastra, su hijo, aunque primogénito, perdió la sucesión ante Enlil, cuya madre era Antu.
Ninagal: Hijo de Enki, designado por él para conducir el Barco del Héroe del Diluvio.
Ninbara: Una de las Siete Madres Alumbradoras de los Primeros Terrestres.
Ningal: Esposa de Nannar-Sin, madre de Inanna y de Utu.
Ningirsig: Teniente de Ea en el primer aterrizaje.
Ningishzidda: Hijo de Enki, Maestro en Genética y de otras Ciencias; llamado Tehuti -Toth- en el Antiguo Egipto; se fue a las Américas con sus seguidores después de ser depuesto por su hermano Marduk.
Ninguanna: Una de las Siete Madres Alumbradoras de los Primeros Terrestres.
Ninharsag: Epíteto de Ninmah, después de serle concedida una morada en el Sinaí.
Ninkashi: Mujer Anunnaki encargada de la elaboración de la cerveza.
Ninki: Esposa de Ib, Tercer Rey dinástico en Nibiru.
Ninimma: Una de las Siete Madres Alumbradoras de los Primeros Terrestres.
Ninlil: Se casó con Enlil tras perdonarle ella su violación; Madre de Nannar y de Ishkur.
Ninmada: Una de las Siete Madres Alumbradoras de los Primeros Terrestres.
Ninmah: Hermanastra de Enki y Enlil, madre de Ninurta con Enlil; Oficial Médico Jefe de los Anunnaki; ayudó a Enki a crear mediante Ingeniería Genética el Trabajador Primitivo; pacificadora entre los clanes rivales y guerreros de los Anunnaki; renombrada Ninharsag.
Ninmug: Una de las Siete Madres Alumbradoras de los Primeros Terrestres.
Ninshubur: Doncella de Cámara de Inanna.
Ninsun: Madre Anunnaki de Gilgamesh.
Ninurta: Hijo Principal de Enlil, engendrado por Enlil con su hermanastra Ninmah, y su Sucesor Legal; combatió con Anzu, que se apoderó de las Tablillas de los Destinos, y con Marduk; encontró fuentes alternativas de Oro y estableció unas instalaciones espaciales alternativas en América; Dios patrón de Lagash.
Nippur: Nombre acadio de Nibru-ki, donde comenzó el calendario de años terrestres en el 3.760 AC.; lugar de nacimiento de Ibru-Um -Abraham-.
Nisaba: Diosa de la Escritura y las Medidas.
Noam: Esposa-hermana de Enshi, madre de Kunin.
Nudimmud: Un epíteto de Ea, que significa El-Que-Elabora-Cosas; el planeta Neptuno.
Nungal: Piloto.
Nusku: Visir y emisario de Enlil.
Objeto Brillante Celestial: Dispositivo Divino secreto que salvaguardaba el Lugar de la Realeza.
Objeto de la Tierra: Epíteto para la ubicación del Centro de Control de Misiones.
Padre de Todo Principio: El universal Creador de Todo; el Dios cósmico.
Pájaro de la Tormenta: Nave aérea de batalla de Ninurta.
Pájaro Negro: Vehículo aéreo de Ninurta.
Pájaros celestes: Nave aérea de los Anunnaki para volar por los cielos terrestres.
Picos baliza: Las dos Grandes Pirámides de Gizeh; posteriormente, Monte Mashu, en el Sinaí.
Piedra Gug: Cristal emisor de radiaciones, transferido desde la Gran Pirámide hasta el Monte Mashu.
Planta de la Vida: Utilizada por los emisarios robóticos de Enki para revivir a Inanna.
Planta de Ser Joven de Nuevo: Planta secreta del Rejuvenecimiento que encontrara Gilgamesh.
Porciones celestiales: Período de 72 años para el cambio de 1º Zodiacal debido a la Precesión.
Pórtico al cielo: El objetivo de la torre de lanzamiento que construyera Marduk en Babilonia.
Primera Región: La Primera Región de civilización concedida a la Humanidad, Sumer.
Ptah: Nombre de Enki en Egipto; significa El Constructor, conmemora sus Hazañas al elevar la tierra de debajo de las Aguas del Diluvio.
Pulsador: Instrumento utilizado, junto con el Emisor, para revivir a los muertos.
Ra: Nombre egipcio de Marduk, significa el Brillante.
Rama de esencia vital: Cromosoma.
Sarpanit: Una Terrestre, esposa de Marduk, madre de Nabu.
Sati: Tercer hijo de Adapa y Titi, el bíblico Set.
Satu: Hijo de Marduk y Sarpanit, dios egipcio conocido como Set.
Segunda Región: Egipto y Nubia, cuando se les concedió la civilización.
Sem: Hijo mayor Héroe del Diluvio.
Serpiente Alada: Epíteto de Ningishzidda en América.
Serpiente maligna: Epíteto despectivo para Marduk entre sus enemigos.
Shamash: Nombre acadio de Utu.
Shamgaz: Líder de los Igigi e instigador del rapto de mujeres Terrestres.
Shar: Un período orbital de Nibiru alrededor del Sol, equivalente a 3.600 años terrestres.
Sharru-kin: Primer Rey de Sumer Acad unidos, al que llamamos Sargón I.
Sumer: Tierra de los Vigilantes, la Primera Región de civilización postdiluviana.
Shurubak: Centro de Sanación de Ninmah anterior al Diluvio y reestablecido posteriormente.
Simiente de Vida: Semen.
Sin: Nombre acadio de Nannar.
Sippar: La ciudad del Espacio Puerto en Tiempos Antediluvianos comandada por Utu; su centro de culto después del Diluvio.
Sud: Una enfermera; también el nombre epíteto de Ninlil antes de convertirse en esposa de Enlil.
Suzianna: Una de las Siete Madres Alumbradoras de los Primeros Terrestres.
Tablillas de los Destinos: Dispositivos utilizados en el Centro de Control de Misiones para rastrear y controlar las Orbitas y Trayectorias; más tarde, un registro de decisiones inalterables.
Tehuti: Nombre egipcio de Ningishzidda como Thot, el Dios de la Ciencia y el Conocimiento.
Tercera Región: Dominio asignado a Inanna; la Civilización del Valle del Indo.
Tiamat: Planeta Primordial que se partió en la Batalla Celestial, dando lugar al Cinturón de Asteroides y a la Tierra.
Ti-Amat: Esposa de Adamu; primera hembra Terrestre capaz de procrear.
Tiempo Celestial: Tiempo medido por los Cambios Precesionales de las Constelaciones Zodiacales.
Tiempos de Antaño: Periodo que comenzó con el Primer Aterrizaje y terminó con el Diluvio.
Tiempos Previos: El Período de los Acontecimientos en Nibiru antes de las Misiones en la Tierra.
Tierra de los Dos Estrechos: Las tierras que hay a lo largo del río Nilo.
Tierra de Más Allá de los Mares: América; pobladas por los descendientes de Ka-in, supervisadas por Ninurta.
Tierra negra: Dominios africanos del Dios Dumuzi.
Tierra oscura: África.
Tilmun: Tierra de los Proyectiles, la Cuarta Región, en la península del Sinaí.
Tirhu: Sacerdote oracular en Nippur, Ur y Jarán -el bíblico Téraj, padre de Abraham-.
Titi: Esposa del primer Hombre Civilizado, Adapa, madre de Ka-in Abael.
Torbellino: Uno de los Siete Satélites o Lunas de Nibiru.
Torbellinos: Vehículos aéreos de los Anunnaki parecidos a los helicópteros.
Toro del Cielo: Guardián de Enlil del Lugar de Aterrizaje, símbolo de su constelación.
Trabajador Primitivo: El Primer Terrestre, realizado mediante Ingeniería Genética.
Udbar: Padre del escriba Endubsar.
Ulmash: Teniente de Ea en la Primera Misión.
Unug-ki: Ciudad construida para la visita de Anu, éste se la regaló a Inanna; llamada posteriormente Uruk, la bíblica Erek; Ciudad-Trono de Gilgamesh y de otros semidioses.
Ur: Nombre acadio de Urim; a los soberanos de Sumer y Acad cuando tuvo lugar la calamidad nuclear se les conoce como Reyes de la Tercera Dinastía de Ur; la bíblica Ur de los Caldeos, desde la cual emigró Abraham hasta Jarán.
Urim: Ciudad de Nannar en Sumer y tres veces capital del país -incluso en la época de la Gran Calamidad-; próspero centro de Cultura, Industria y Comercio Internacional.
Ur-Nammu: Primer Rey de la Tercera Dinastía de Ur.
Uruk: Nombre acadio de Unug-ki, la bíblica Erek.
Utu: Shamash en acadio; hermano gemelo de Inanna; comandante del Espacio Puerto de Sippar en Tiempos Antediluvianos y del del Sinaí después del Diluvio; dador de leyes desde su centro de culto en Sippar después del Diluvio; Padrino de Gilgamesh.
Viento Este: Un satélite o luna de Nibiru.
Viento Maligno: La nube nuclear portadora de muerte que recorrió Sumer hacia el este.
Viento Norte: Uno de los satélites o lunas de Nibiru.
Viento Oeste: Uno de los satélites o lunas de Nibiru.
Viento Sur: Satélite o luna de Nibiru.
Vuelta: Orbita de un Planeta alrededor del Sol.
Zamush: Tierra de piedras preciosas, parte de la Tercera Región de Inanna.
Ziusudra: Héroe del Diluvio, hijo de Enki con una Terrestre -el bíblico Noé-.
Zumul: Sacerdote-Astrónomo en Uruk durante la visita de Anu.