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12.04.2012

EL ENIGMA DE LAS PIRAMIDES CAIDAS



Por Juan José Oppizzi
Sus Artículos en ADN CreadoreS



La mañana de un lejano día de un no menos lejano año de un remoto siglo del cuarto milenio antes de Cristo, el gran faraón Kataforesis I, señor del Alto Egipto, recibió una infausta nueva: la pirámide que se estaba erigiendo para perpetuar su memoria en cuanto la barca de Amón lo llevara a los dominios solares, se había derrumbado. Diez años de trabajo y veinte mil quinientos sesenta y uno, de los treinta mil esclavos afectados a su construcción, acabaron sepultos en un alud de rocas y polvo arenoso. Desolado, el monarca llamó al gran consejero y adivino de la corte, el fiel Krisis, para obtener respecto del hecho alguna opinión sensata, que no se pareciera a los tartajeos incoherentes de los guardias que habían sobrevivido a la catástrofe o a las excusas laberínticas del anciano Eskuadris, el arquitecto real. 
–Divino faraón –dijo Krisis–, ya es la segunda vez que se desmorona tu aún no lograda pirámide. Diez años atrás ocurrió lo mismo, y casi con igual saldo de esclavos perdidos. Estas desgracias derivarán en otras, si no se consigue superarlas. Tu augusta persona no sólo no figurará en los frisos pétreos a leer por las generaciones venideras del mundo; ni siquiera en un insignificante libro que ha de aparecer dentro de varios milenios, llamado Guía Telefónica. Y la pérdida de esclavos nos somete a una falta alarmante de mano de obra que hará necesario buscar en otras clases sociales, con los consiguientes problemas; mi sutil don adivinatorio me dice que ni la nobleza ni el clero aceptarían de buen grado acarrear piedras del peso de dos o tres elefantes, bajo el látigo, a lo largo de diez años.
Kataforesis I se despojó de los báculos, adornos y cayados que portaba en sus audiencias, y que le impedían hacer aun el más mínimo gesto con las manos, y se quitó la corona, que con su peso en oro ya le estrujaba las vértebras cervicales. Libre de tanto chirimbolo, se confió a Krisis, según era su costumbre en esas entrevistas a solas.

–Épocas abrumadoras me han tocado en suerte –reflexionó–. Creí que, como representante de una nueva dinastía, iba a librarme del sino que se proyectó sobre mis dos últimos antecesores en el trono. Como bien sabes, mi fiel Krisis, tanto a Idiotep IV como a Chismosis IX se les derrumbaron sus respectivas pirámides antes de que fueran acabadas. Los monumentos funerarios previos a esos dos reyes consistieron en vulgares túmulos que podría haber ideado un niño en sus juegos con las arenas del Nilo.–Divino faraón –intervino Krisis–, la aplicación de las formas piramidales en las obras faraónicas, debida al ilustre arquitecto Plomadis, abuelo del venerable Eskuadris, fue una genial novedad que merecería un derrotero más venturoso. Algo en su práctica no es quizá grato a los dioses. 
–Sí –admitió Kataforesis I–. Ya lo he pensado. En el caso de Idiotep IV, tal vez se debió a sus más bien escuálidas dotes personales. Todos recordamos cuán ineludible fue borrar los frisos que narraban su vida, pues la gente iba expresamente a leerlos para reírse de las boberías escritas allí. Me desconcierta el no poder explicarme cómo el inmenso Horus pudo haber encarnado en alguien tan imbécil. 
–Es posible –arriesgó Krisis– que el inmenso Horus, harto de moverse en las doradas leyes de lo perfecto, haya querido experimentar las vivencias de un marmota como Idiotep IV. 
–En el caso de Chismosis IX –siguió Kataforesis I–, seguramente el encono de los dioses halló un motivo firme en su manía de vivir pendiente de los mil y un enredos íntimos de la corte, el clero y la nobleza, descuidando los asuntos de estado. Él podía enumerar cada incursión de cada mancebo sobre cada virgen del Templo de Isis, cada reunión desenfrenada de los sacerdotes de Ptah, cada secreto intercambio de pareja de cada noble; pero no sabía que los ejércitos del país de Mitani se lavaban los pies en el delta del Nilo, ni que las hordas nubias ennegrecían el Valle de los Reyes. 
–Tampoco sabía –agregó Krisis– que su propia cornamenta superaba a la del buey Apis, que es decir mucho. 
–Cierto –admitió Kataforesis I–. Lo que no entiendo es por qué en mi caso los dioses continúan adversos a la erección de las pirámides. Reúno inteligencia, bondad, simpatía, belleza, generosidad, coraje, destreza, rapidez, elocuencia, precisión, lealtad, arrojo... 
–La lista, hecha en friso, abarcaría el reino de extremo a extremo, divino faraón –sintetizó Krisis–. Amón guarde tu modestia, que exhibes al mencionar apenas quince de los millones de virtudes que relucen en tu adorable persona. Sin dudas, no es algo de ti lo ingrato a los dioses. Me he tomado la libertad de indagar subrepticiamente a Eskuadris, el arquitecto real, en busca de otros indicios. 
–¿Has podido entenderle? –Kataforesis I hizo una mueca de fastidio. 
Krisis suspiró: 

–Sus explicaciones técnicas me fueron tan oscuras como lo serán por milenios nuestros jeroglíficos para los hombres que pueblan las tierras allende el mar donde el Nilo vuelca sus aguas. Los muchos años que Eskuadris porta en los huesos le nublan por momentos la razón. Suele mezclar su saber arquitectónico con ciertas veleidades médicas no atendidas en la juventud. Hace algún tiempo, pretendiendo aumentar la fuerza de los esclavos, les dio a beber una pócima hecha por él y ocasionó más bajas que el derrumbe de la pirámide.
Kataforesis I se enjugó la transpiración de la cara y dijo: 

–Aquí, mi fiel Krisis, se impone otra clase de búsqueda. Ya que el asunto involucra la actitud de los dioses, es en ellos en donde hay que hallar las respuestas.
Krisis vio venírsele encima una tarea compleja, por lo que intentó un desvío para las ansias del rey: 

–Sugiero a Astut, el gran sacerdote del Templo de Osiris, en aras de tan sensible empeño, divino faraón. –El sagaz Astut me parece tan fiable como las verdosas áspides que acechan en las arenas –confesó el monarca–. Mira este trono con ojos codiciosos. 
–Pero, divino faraón –objetó Krisis–, el acceso al trono siempre es dispuesto por el inmenso Horus cuando encarna en el elegido nonato. 
Kataforesis I retuvo el aire en una drástica inspiración, y luego fue expeliéndolo a dosis breves: 

Astut está encargándose de comunicar un pretendido nuevo decreto del inmenso Horus. En él figura un cambio en su régimen de encarnaciones. Ahora podría efectuarlas a cualquier altura de la vida del elegido. No necesito de mucha suspicacia para advertir cómo serviría ese argumento a los fines de deslegitimar mi permanencia y de justificar el eventual ascenso de Astut. Si yo recurriere a él para indagar las causas de los sabotajes divinos a mi frustrada pirámide, estaría dándole una herramienta adicional a sus ánimos conspirativos. 
Krisis, ya resignado a lo inevitable de su labor metafísica, cumplió con la rutina lamerona: 

Horus guarde tu deslumbradora inteligencia, divino faraón, y me dé suficiente energía en la misión que preveo.
–Mi fiel Krisis –sonrió el faraón–, no en vano eres el gran consejero y adivino de la corte. Nadie mejor que tú para realizar esta invalorable y ultrasecreta misión. Deberás emplear tus dones en averiguar con los dioses el motivo de sus disconformidades aniquiladoras de pirámides. 
Krisis no agregó ni un silbido a las palabras del faraón. Salió del ambiente real y se dispuso a dar comienzo a la compleja tarea. 

El radiante Amón voló muchísimas veces sobre el Alto Egipto, los cocodrilos del Nilo se bañaron en varias lunas llenas y las áspides reptaron largos trechos por las arenas del desierto. Al fin, el diligente gran consejero y adivino de la corte solicitó una audiencia con Kataforesis I. El monarca se sorprendió al ver maltrecho a Krisis.

–Divino faraón –explicó el súbdito–, en honor a tu índole, me pareció adecuado consultar en primer término con el inmenso Horus. Aunque tal vez por tu misma condición de encarnado suyo hubieras podido hacerlo tú directamente, usando un mero circuito introspectivo.
Kataforesis I carraspeó para aclarar su majestuosa voz: 

–Mis deberes de gobierno me sustraen de un contacto diario con mis esencias divinas. Amón le guarde por siglos al Alto Egipto el privilegio de tenerte como rey –subsanó Krisis para evitar escozores en el ego faraónico–. Por mi parte, guardaré de por vida la experiencia de haber llegado, en trance, al pie del trono de Horus. 
–Guiándome por el estado en que vienes –observó el faraón–, diría más bien que llegaste al pie de un zarzal. 
–Interrogué al inmenso Horus sobre las reiteradas catástrofes habidas en las erecciones de las pirámides –siguió explicando Krisis–, y dispuse los oídos para la egregia respuesta del dios, que me había escuchado atentamente. Pero, como tú sabes, divino Kataforesis I, Horus tiene cabeza de halcón, por lo cual estuvo un rato chillando y bisbiseando, sin que yo pudiera entender nada. Nuestras épocas no gozan de lo que en un lejano futuro se denominará “subtitulado”, maravilloso recurso que ha de acabar con los muros separadores de las lenguas. 
–Deja tus raras profecías a un lado y cuéntame qué sucedió luego –dijo, impaciente, el faraón. 
–Le rogué al inmenso Horus que me aclarase todo lo chillado y bisbiseado, y él volvió a chillar y bisbisear de igual modo incomprensible para mí –continuó el gran consejero y adivino de la corte–, lo que me llevó a otro ruego de aclaraciones, que originó otros chillidos y bisbiseos, hasta que, frente a mi tercer ruego, el inmenso Horus arremetió contra mi persona a inmensos picotazos, cuyas marcas puedes ver, divino faraón, y dio por finalizada la entrevista. 
Kataforesis I se agarró la cabeza con ambas manos (operación que le facilitó encubrir el alivio del peso de la corona en sus ruinosas vértebras cervicales): 

–¡Horus enojado! ¡Era lo único que me faltaba! Tal vez quite su esencia divina de mi cuerpo, dándole asidero a las afirmaciones de Astut, el gran sacerdote del templo de Osiris. ¿Es que tú, mi fiel Krisis, eres un agente encubierto de Astut? –¡Me fulminen los dioses antes de caer en ese oprobio! –exclamó Krisis, temiendo que finalizara la unión de su tronco y su cabeza–. En prueba de la férrea lealtad que me une a tu adorable persona, divina parte de Horus, te ruego humildemente autorización para reemprender ya mismo la búsqueda de la anhelada respuesta en las regiones ultrahumanas. 
–¡Urge que así sea! –Kataforesis I hizo un ademán que dio por tierra con báculos, adornos y cayados–. Pero te ordeno que emplees tanta energía en la indagación como en el cuidado por mantener la sutileza de los métodos. 
El fiel Krisis no aguardó ni que el monarca tomara aire tras concluir sus palabras; corriendo, fue a abocarse al periplo ultramundano que le faltaba. 

El radiante Amón voló otras muchas veces sobre el Alto Egipto, los cocodrilos del Nilo se bañaron en varias otras lunas llenas y las áspides reptaron otros largos trechos por las arenas del desierto. Como el gran consejero y adivino de la corte no daba señales de presentarse a rendir informes, Kataforesis I mandó buscarlo. No desdeñable fue su asombro cuando los enviados aparecieron con unas angarillas y depositaron a Krisis, lleno de golpes, heridas y fracturas, al pie del trono. Una vez a solas, el faraón se despojó de báculos, adornos y cayados; no pudo quitarse la corona, ya que un adelgazamiento general se la había hecho encastrar de modo permanente. Sosteniéndose la cabeza con ambas manos, logró preguntar:

–Mi fiel y destartalado Krisis, ¿qué averiguaste en la región de los inmortales?
El gran consejero y adivino de la corte hizo mover los carrillos en vano por un rato, hasta que se le oyeron algunas palabras: 

–Divino faraón, consulté con Anubis, el dios chacal; con Bastet, la diosa gata; con Kentamentiu, el dios lobo; con Knum, el dios carnero; con Sebek, el dios cocodrilo; y con Tot, el dios ibis. En todos los casos me ocurrió lo mismo que con Horus: escuché ladridos, maullidos, gruñidos, balidos y todo tipo de sonidos, excepto algo que me fuera inteligible. Rogué aclaraciones y recibí mordiscos, arañazos, patadas y cornadas. –¡Te ordené cuidado en mantener la sutileza de los métodos! –pretendió gritar Kataforesis I, pero un mayúsculo dolor en las vértebras cervicales redujo su voz a un gemido. 
–Divino faraón –susurró Krisis–, yo no tengo la culpa de que casi todos nuestros dioses sean medio bestias. Me parece que es hora de que adopten figuras más antropomórficas, o de que se molesten en buscar traductores. 
El faraón, en medio de un paulatino mareo, se inclinó, exhausto: 

–¿Eso es todo lo que pudiste recabar, mi fiel Krisis?
El gran consejero y adivino de la corte hizo otro largo agitar de maxilares, antes de ser de nuevo entendible: 

–Hay algo más, divino faraón. Cuando yo emergía ya del movido trance, pero sito aún entre las dos regiones, la de los inmortales y la nuestra, escuché una descomunal risa, llena de sarcasmo; vi un esbozo del rostro de Amón y el áureo dios habló. –¿Qué fue lo que dijo? –alcanzó a preguntar Kataforesis I, antes de caer trono abajo y quedar tendido junto a Krisis. 
–Dijo –el gran consejero y adivino de la corte se ahogaba– que dejemos de ser tan papanatas, ¡Que construyamos las pirámides con las puntas hacia arriba! 

Fotografía: Alex Bramwell
Diseño y Diagramación: Pachakamakin

7.26.2012

LOS RIOS DEL TIEMPO. EL NILO DECODIFICADO [3/3]

Por Goro Adachi
Traducción: Andrés Gustavo Fernández







HISTORIA DE DOS RIOS

La importancia histórica de los ríos Tigris y Eufrates rivaliza con la del Nilo. Así como el Nilo dio la vida a la civilización egipcia, los ríos Tigris y Eufrates se la dieron a Sumer, en la Mesopotamia, el actual Irak, la primera civilización avanzada de la historia. 



Que existe una conexión oculta entre el Nilo y el Tigris-Eufrates está señalado inicialmente por la posición latitudinal de la última “boca”. Está a 30º N exactamente -la latitud del Ojo del Nilo marcado por Giza y El Cairo. Esto significa que las bocas de los ríos mesopotámicos están precisamente alineadas con la eterna mirada de La Esfinge, fija en el horizonte del Este. 



En consecuencia, esto dirige a las siguientes observaciones: 

1. La disposición de los ríos Tigris y Eufrates, dos ríos paralelos que discurren en diagonal, recuerda al Nilo Azul y el de Atbara. 

2. El Tigris y el Eufrates se superpone a la región más al norte de Mesopotamia y se solapa con los montes del Taurus, reflejando perfectamente la región de los tributarios del Nilo coincidiendo con el segmento de la Era de Tauro.

3. Hay una poderosa creencia de los tiempos antiguos de que el Nilo y el Eufrates “no eran sino diferentes porciones de la misma corriente”. [23]

4. La época marcada por Khartoum en el Nilo (4.000 AC) coincide aproximadamente con el ascenso de Sumer en Mesopotamia. Floreció a lo largo de la Era de Tauro. 



Estas correspondencias apuntan a algún tipo de esquema de transposición geográfica. Esto era incluso reconocido en los mitos de la antigüedad:

5. La Sección de Tauro en el Nilo y los montes Taurus en Turquía están asociados con la saga de los ángeles caídos (los vigilantes, Nephilim o Annunaki) y el Diluvio. 

6. Los pasajes del Génesis relativos al Jardín del Edén revelan una clara conexión entre los afluentes del Nilo y el Tigris–Eufrates.

El punto 5 está apoyado por el trabajo de Andrew Collins, quien ha llegado a la conclusión, detallada en su libro De las cenizas de los ángeles, de que el hogar de los Vigilantes -los Angeles Caídos-, análogo al Edén, estaba situado en los alrededores de las
cabeceras
 del Tigris y el Eufrates en el Kurdistán turco. Collins también encontró que es la misma locación adonde la tradición apunta el lugar del descenso del Arca de Noé.

Cómo están los Angeles Caídos y el Arca relacionados con la región de Tauro del Nilo? La respuesta es muy interesante. Primero, la región alrededor de la Gran Curva está muy asociada con la idea de una inundación, y por extensión con el Arca, porque la inundación anual del Nilo era causada por la unión de las corrientes del Nilo Azul y el Atbara en esta región. La Gran Curva, siendo un “gran arco” añade más peso a la conexión entre las palabras arca y arco, que derivan de la misma raíz.

Para los Angeles Caídos, la conexión se realiza a través de Prometeo, el dios griego que dio el fuego a la humanidad. Prometeo es la encarnación de los ángeles rebeldes. Esto conduce a lo siguiente:

 Como alusión a la “curva”, Prometeo está relacionado estrechamente con la idea de arremolinar, rizar o dar vuelta. Por ejemplo, en la palabra sánscrita pramantha (Prometeo), la parte mantha tiene el significado de arremolinar. [24] 
  El dios védico del fuego, Agni, una forma de pramantha se dice que vino de la "confluencia de ríos" como en referencia a las confluencias nilóticas del Karthoum y el Atbara de la sección de la Gran Curva. [25]
 El propio Agni está relacionado con el personaje mitológico Heimdal-Hallinskidi-Vindler, cuyo nombre se dice que significa “una estaca torcida, doblada o inclinada” y “rizar, torcer, etc.”, aludiendo de forma similar a la Gran Curva. [26] 

Hay un acontecimiento bastante más impactante basado en el último punto: la conexión con el Edén.


LOS CUATRO RIOS DEL EDEN IDENTIFICADOS

La región alrededor de las cabeceras del Tigris y el Eufrates es la zona del Edén, la cual según el Génesis estaba conectada a cuatro ríos, dos de los cuales eran el Tigris y el Eufrates. Las identidades de los otros dos, llamados Pisón y Gihón, no han sido identificados aún definitivamente por los eruditos.

Si examinamos el pasaje correspondiente del Génesis (2:10-14) con los hallazgos realizados hasta ahora en mente, llega a hacerse claro que los dos misteriosos ríos no son otros que el Nilo Azul y el Atbara!
Había un río que salía de Edén y regaba el jardín, y allí se dividía y se hacía cuatro cabezas de río. Sus nombres eran: el primero, Pisón, que rodea la tierra de Havila, donde hay oro. Y el oro de aquella tierra es bueno. También hay allí bedelio y ónice. El segundo río tiene por nombre Gihón, y es el que rodea la tierra de Cus. Y el nombre del tercero es Hidequel; es el que va al este de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates. [27] 
¿Dónde está la tierra de Cus a través de la cual se dice que fluye el Gihón? La chocante respuesta se hace evidente en la versión de la Biblia del Rey Jaime, según la cual el Gihón serpentea en "la tierra de Etiopía", esto es, la tierra de los afluentes del Nilo. Esta es una clave bastante descarada, y nunca se ha entendido hasta ahora.

Pero la “tierra de Cus más exactamente se refiere al antiguo reino de Cush (o Kush) que existió en Nubia hacia el 2000 AC. Nubia se corresponde con la región Tauro del Nilo (la Gran Curva), donde se encontraría el Edén si se "transpusiera" el Tigris– Eufrates. Y es ahí exactamente donde el Nilo “serpentea”, es decir, la Gran Curva, como es descripto en el pasaje del Génesis. 



El otro río en cuestión, el Pisón, es también descrito como “serpenteante”. Pero aquí se dice que el Pisín serpentea a través de una tierra donde hay oro. ¿Puede esto estar relacionado de alguna forma con la región de Nubia y Cush? La respuesta es definitivamente sí. Para los egipcios Nubia era conocida primariamente como "la tierra del oro".

Para culminar, Graham Hancock nos informa en La señal y el sello, que “los mismos abisinios creían firmemente que el Nilo Azul era nada menos que el Gihón del Génesis... y esta era una tradición muy antigua”; de hecho, “los dos manantiales gemelos considerados como la fuente del Nilo Azul son conocidos hasta nuestros días como Giyón por los mismos etíopes”. [28] 

De ahí que pueda concluirse que el Gihón es el Nilo Azul y el Pisón, el Atbara. Los cuatro ríos del Edén han sido así identificados por primera vez en la historia conocida. Son el Eufrates, el Tigris, el Nilo Azul y el Atbara.

Es ahora prácticamente innegable que los afluentes del Nilo y el Tigris y el Eufrates son porciones del mismo esquema y están diseñados para interactuar. Esto nos conduce a la siguiente gran revelación, de hecho una “cortina de humo”.


CORTINA DE HUMO: INTERACCION SUPERPUESTA

Es revelada cuando los dos sistemas fluviales del Edén se sobreimponen uno a otro. Es cuando nos damos cuenta que estamos mirando las “huellas de los dioses”. Este es el mejor camino para describir el acontecimiento “imposible” que estamos presenciando. 

Obviamente los cursos de los dos sistemas fluviales no coinciden con exactitud. Pero descubrimos que el Tigris y el Eufrates se las arreglan para cruzar las dos confluencias en el Nilo simultáneamente (Khartoum y Atbara) en una posición en particular. Y este es solo el principio. Encontramos enseguida que, en esa posición, el norte del Eufrates toca la punta de la Gran Curva en las coordenadas 19,5° N–33,0º E. 



En otras palabras, en una configuración sobreimpuesta fija, el sistema Tigris–Éufrates marca simultáneamente los tres puntos clave de la sección Tauro del Nilo. Y no olvidemos que esta configuración es algo remarcado por los dos ríos paralelos del Tauro. 



Esto no es todo. Descubrimos a continuación que el punto de contacto entre el Eufrates y la Gran Curva estuvo originalmente en la latitud de 39,6º N. Recordemos que este es el ángulo del canal de ventilación sur de la Cámara de la Reina diseñado para su alineamiento con Sirio en 2.350 AC., es decir, la fecha asignada al ápice de la Gran Curva. Nótese tambien que Sirio y la Gran Curva están ligados a la inundación del Nilo. 



Aquí hay observaciones adicionales para intensificar la coherencia de esta configuración sobreimpuesta: 

 Como ya se ha mencionado, la región montañosa del Taurus en el Tigris-Éufrates se sobrepone directamente a la sección Tauro del Nilo. 
 El Tigris y el Eufrates siguen muy de cerca los cursos del Atbara y el Nilo Azul respectivamente cerca de las uniones del Nilo. 
 El monte Judi, lugar de descanso tradicional para el Arca, marca muy de cerca la confluencia del Atbara. 
 La desembocadura del Tigris–Éufrates (originalmente a 30º N) parece descansar sobre el Nilo en el paralelo 10º N, la latitud acentuada por la doble curva del oeste del Nilo Azul. 
 El lago Tana se ve situado en el sudeste de Mesopotamia entre los dos ríos, es decir, exactamente donde residía la civilización sumeria.


(Nota: para la configuración sobreimpuesta, la longitud de 33,0º E del Nilo corriendo a través del punto de contacto de la Curva y el Eufrates se usa como el “meridiano de anclaje”, en el cual se alinea el meridiano 40,2º E de Mesopotamia. [Ver el Apéndice 2 para más información sobre este asunto].
Esta es la Configuración Sobreimpuesta del Edén (en inglés ‘Eden Overlay Configuration’, EOC) que reside en el núcleo de la Teoría de los Ríos del Tiempo. Con ella la Tierra se transforma súbitamente en un puzzle planetario. La sorprendente coherencia visual y conceptual contemplada aquí provee la validez del concepto de los Ríos del Tiempo. 

Hay incluso un antiguo dibujo egipcio que parece aludir a la interacción sobreimpuesta. Es una descripción del “Monte Primigenio de la Creación”, asociado a Osiris, que tiene una extraordinaria semejanza con la disposición EOC. 


















Tan chocantes como son estos hallazgos, esto es actualmente solo la punta del iceberg. Es el comienzo de un cuento olvidado que está resurgiendo de los abismos del tiempo. La Teoría de los Ríos del Tiempo en su totalidad es mucho mayor de lo que se ha presentado aquí, y está continuamente creciendo y evolucionando. De hecho, créase o no, hay más “cortinas de humo”. 


CONCLUSIONES & PRESAGIOS

En conclusión este Ensayo ha demostrado que:

1. El diseño del Nilo funciona estupendamente con los monumentos marcadores de tiempo de Giza.

2. A través de la interacción en el Nº 1, el Nilo se convierte en una línea de tiempo sorprendentemente precisa y significativa...

3.  El Calendario del Nilo señala las dos primeras y más misteriosas civilizaciones antiguas, Sumeria y Egipto.

4.  Los mismos dos puntos sobre el Nilo marcando el año 4000 AC. y 3124 AC., más el punto de anclaje 19.5º N/2350, también son señalados por una transposición del Tigris y el Eufrates (en la Configuración en Capas del Edén).

5. El Tigris y el Eufrates fueron diseñados para ser una 'versión' de los afluentes del Nilo, el Nilo Azul y el Atbara. Estos dos conjuntos de ríos interactuan coherentemente en superposición.

6. Todo esto está apoyado e impulsado por los Mitos antiguos.

El Sistema de los Ríos del Tiempo es visualmente impactante, conceptualmente elegante, internamente consistente y bastante fácil de entender. Está fuertemente apoyado en evidencia Arqueoastronómica, numérica, textual y simbólica. y sin embargo, su existencia es claramente "imposible" de acuerdo con el modelo aceptado de la realidad. Amenos que haya un defecto fatal en la Teoría esto parece una situación de Jaque Mate. Finalmente, es el turno de la realidad de dar marcha atrás.

Una de las cuestiones clave que han quedado muy claras en los resultados presentados en este Ensayo es que existe una inteligencia superior monitoreando -o una guiando, si se prefiere- la evolución de la humanidad y que no estamos solos.

¿Pero de qué estamos hablando aquí en realidad? ¿De dioses? ¿De Angeles Caídos? ¿De Extraterrestres?

La respuesta no es fácil. Pero lo que ahora sabemos con certeza es que no somos el gobernante supremo de nuestro dominio como muchos de nosotros habíamos asumido con arrogancia. Toda la historia -el pasado, el presente y el futuro aún más- ya está trazado y tallado en piedra, literalmente. 

Pero lo que encontramos aquí es la necesidad emergente de imaginar a alguien o a algo que es tan inteligente y lo suficientemente poderoso como para haber producido en una escala planetaria un "mapa del tiempo".

Ellos no están, sin embargo, totalmente desprovistos de rostro. Por ejemplo, encontramos claves en ciertos textos mesopotámicos. Describen a seres de apariencia divina llamados Annunaki diseñando y excavando los cursos del Tigris y el Eufrates, lo que incluso está asociado con los “destinos”: 
Ahora que los destinos del Cielo y la Tierra han sido fijados, se han dado a las trincheras y canales su curso correcto, se han establecido las orillas del Tigris y el Eufrates... Oh, Annunaki, grandes dioses del cielo, ¿Qué más podemos hacer? [29]
Los Annunaki del cielo Hicieron que los Igigi llevaran la carga. Los dioses tuvieron que excavar canales, tuvieron que limpiar canales, las venas de la tierra... Los dioses excavaron el rio Tigris y luego excavaron el Eufrates. [30]
En todas partes se nos cuenta que el dios llamado Enlil estaba “a cargo de los dioses que se afanaban día y noche, año tras año, excavando el Eufrates y el Tigris”. [31] Está también escrito que, para evitar que las aguas del Tigris fueran hacia el este, el señor empleó su gran inteligencia y construyó un dique para controlar el curso del río. [32]

Un mensaje en una botella de los "dioses Anunnaki"- esto parece ser lo que el sistema de Los Ríos de Tiempo representa. Y hay indicios de que el destinatario se encuentra en las personas que viven en el Siglo 21, es decir, nosotros. 

Después de todo, no tendría mucho sentido si la historia terminase antes de que alguien haya leído el Mensaje, y que ya forma parte de las últimas generaciones que se enfrentan a la inminente llegada del "Fin de los Tiempos" c. 2100 DC marcado por Giza en el extremo norte de la Línea de Tiempo del Nilo. 

[Es ciertamente apropiado decir que Giza es el sitio de las Grandes Pirámides y la Esfinge, es decir, a menudo se piensa que los Monumentos son una Cápsula del Tiempo de algún tipo]. 

Así que en realidad hay un sentido de urgencia de mal agüero. Porque el tiempo es corto y sólo podemos deducir que debe ser muy importante para nosotros descifrar el misterioso mensaje del abismo del tiempo, tal vez para que podamos prepararnos para el misterioso "Evento X" programado para nuestro futuro inmediato. Y promete ser el evento más poderoso de la civilización humana en toda la Historia.

Es muy sincrónico que el libro del Autor de Los ríos del Tiempo salió en 2003 para revelar el plan de La Teoría de los Ríos del Tiempo al público en general, ya que 2003 pasa a ser el año del histórico encuentro cercano de la Tierra con Marte -el más cercano en la Historia-. 

Como se explica en el libro, el "borde del tiempo" -c. 2100 DC- resulta ser inseparable de la del Planeta Rojo. Considere esto por ejemplo: la Gran Esfinge allí, el Guardián de Giza, tenía el mismo nombre que Marte, en el Antiguo Egipto, y el nombre de la actual capital de Egipto justo al lado de Giza, El Cairo, se refiere a "Marte".

De hecho, Marte es en realidad el Tema principal sustentado por el Sistema de los Ríos del Tiempo. El Planeta Rojo, al parecer, representa nada menos que el Reino de nuestra propia Génesis y el Destino. Significa una parte esencial, pero en Secreto, de lo que somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

La explosiva 
verdad se había escondido en las sombras durante miles de años -esperando pacientemente su hora de subir de nuevo a la Luz. Al comienzo del Tercer Milenio, el Secreto es finalmente sacado a la Luz.

Este Documento representa sólo la punta del iceberg, sólo el comienzo de una Historia trascendental. Sin embargo, se abre la puerta de enlace ...





APENDICE 1
LA LATITUD INICIAL DEL NILO

Mientras que 30 es un número temporal, basado en los períodos orbitales de Saturno y la Luna, podría ser expresado más precisamente como 29,5. Encontramos que la órbita de Saturno alrededor del Sol le lleva 29,46 años, y que la órbita de la Luna alrededor de la Tierra (més sinódico) es de 29,55 días. 

Cuando se examina de cerca el Nilo también revela que su latitud es de unos 29,5º, debido a que el comienzo del río se encuentra ligeramente al norte del Ecuador. (En alguna parte entre 0,4º y 0,5º N [1]

Figura 1.


La ligera ambigüedad que rodea la latitud inicial del río puede ser resuelta a través del análisis proporcional. Encontramos que usando 0,41º N (= ~0° 25’N.), la razón entre la longitud resultante del Nilo y los 0,41º extra sería de 29.59:0.41 o ~72.17:1, que podría entonces ser simplificado a 72:1[2]

Lo significatico aquí es que el número 72 es un número sagrado que aparece con frecuencia en los mitos. Como se propone en el libro Hamlet’s Mill, la importancia esotérica del número 72 puede ser rastreada a las estrellas, específicamente un fenómeno astronómico conocido como precesión, un extremadamente lento movimiento aparente de las estrellas causado por el movimiento de peonza del eje de la Tierra. La unidad básica de este mecanismo, el movimiento del punto vernal en 1 grado, resulta ser igual a 72 años. Por lo tanto 72 puede ser considerado un número temporal. 

Figura 2.


Corroborando esta visión está el hecho de que el antiguo calendario egipcio veía al año como compuesto por 360 días más 5 días extra (epagómenos), en los que se decía que habían nacido importantes dioses, Osiris, Horus, Seth, Isis Nephthys. La razón entre 360 y 5 equivale a 72. Esto nos dice en consecuencia que 0,41º N, que produce la razón 72:1, debe ser considerada la latitud inicial del río Nilo.

[1] Precisar el lugar exacto donde nace el río es algo problemático debido al estrechamiento del lago en ese lugar. Es interesante, sin embargo, que la latitud más al norte del Lago Victoria pasa a ser de 0,5º N. exactamente.

[2] Para mostrar que esto no es una simplificación, podríamos hacerlo a la inversa, en primer lugar preguntando ¿Cuáles serían los números en grados de latitud, si dividimos los 30º en dos partes para que su relación fuese 72:1? La respuesta es: ~0,411 y 29,589~. Estos son prácticamente idénticos a los números del Nilo inicialmente utilizados.



APENDICE 2
SOBRE LA PROYECCION DE MAPAS Y LA INTERACCION

Trabajar con mapas sin entender sus sutiles mecanismos puede llevar con facilidad a la inconsistencia y la confusión. El nivel de complejidad involucrado en ello es bastante sorprendente. Aquellos que quieran investigar el sistema de los Ríos del Tiempo en profundidad deberían seguir los siguientes puntos básicos.

Proyección Azimutal OrtográficaDebido a que hay varias formas de representar un globo esférico en un plano, hay varios tipos de proyecciones en mapa. Se usan diferentes proyecciones para propósitos distintos. Para el esquema de la sobreimposición de Los Ríos del Tiempo, estamos exigidos a usar un programa virtual global. 

Los mapas convencionales contienen varias distorsiones espaciales que no son útiles para nuestro propósito, que es ver dos o más regiones geográficas diferentes sobreimpuestas. Necesitamos la flexibilidad digital y la precisión de un globo virtual para crear sobreimposiciones geográficas a gran escala.Y preferiblemente la Tierra simulada debe ser una “proyección ortográfica azimutal”. 


Figura A2.1 Proyección Azimutal Ortográfica.

Figura A2.2 Comparación.


Muestra un globo de apariencia natural, pero su geometría es como si se viera desde muy lejos. Comparación. Si la operación requerida no es realizar una sobreimposición de mapas, no importa si el globo virtual es de Proyección Azimutal Ortográfica o una representación real (vista en perspectiva). Pero si la operación requiere combinar un mapa con algo más (como una proyección celeste o un dibujo), el tipo de proyección del globo tiene su importancia, porque podrían haber variación en los resultados dependiendo de la selección.

La Proyección Azimutal Ortográfica es la mejor elección en este caso porque eliminaría una variable, la distancia entre el punto de vista y la Tierra, al determinar la configuración de la sobreimposición. Esto hace que el proceso completo sea mucho más simple.


ALINEANDO DE MAPAS

Cómo alinear múltiples sobreimposiciones de mapas o globos es otra cuestión importante en nuestro trabajo. Comparar dos zonas del planeta separadas por una gran distancia, especialmente en términos de latitud, no es tan simple como suena.

Primero, es imperativo que los centros de cada proyección usada en una composición coincidan al sobreponerlos, para que las distorsiones espaciales sean uniformes entre ambos mapas. 


Figura A2.3 Cómo producir un mapa en capas a gran escala.
(el producto final de este ejemplo es la Configuración en Capas del Edén
discutido en el Ensayo de El Nilo Decodificado).


Pero esto por sí solo no asegura la consistencia. Necesitamos decidir cuidadosamente dónde situar los centros de las proyecciones antes de juntarlas, lo que produciría varios resultados. Este proceso puede ser facilitado eligiendo el meridiano central, como digo yo, el “meridiano de anclaje”. La posición del meridiano de anclaje afecta a la configuración de la sobreimposición. 


Figura A2.4 La posición del meridiano de anclaje (meridiano central)
afecta la configuración en capas.


Como queda claro, el primer meridiano de anclaje elegido o detectado para este Sistema de los Ríos del Tiempo es 33º E. Todos estos puntos deben ser seguidos cuidadosamente cuando intentamos reproducir, confirmar o criticar hallazgos presentados en el libro o en el documento que hemos estudiado.




[Continuará...]


Diagramación|Arte|Diseño: Pachakamakin
Portada: Pachakamakin



CITAS:

[23] Allen, Star Names, p.216. 
[24] Ver de Santillana and von Dechend, Hamlet’s Mill, pp.139-40, 159, 377-383. 
[25] Ibid., pp.140, 382, 429. 
[26] Ibid., pp.157-9. 
[27] Speiser (trans.), The Anchor Bible: Genesis, Genesis 2:10-14. 
[28] Graham Hancock, The Sign and the Seal (New York: Touchstone, 1993), pp.205, 450. 
[29] Alexander Heidel, The Babylonian Genesis (Chicago: University of Chicago Press, 1951), pp.6871. 
[30] From the Atrahasis Epic (Tablet 1). 
[31] Thorkild Jacobsen, The Treasures of Darkness (London: Yale University Press, 1976), p.117 
[32] Ibid., Pp.130-1.