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1.22.2013

LA OBSESION DE SALVADOR DALI POR LA CIENCIA

Por Mónica López Ferrado




Fin de año de 1965. James D. Watson, uno de los descubridores de la estructura del ADN, pasea por las calles de Nueva York. Cuando pasa por delante del hotel St. Regis no puede resistir entrar. En el hall, escribe una nota: 
“La segunda persona más brillante del mundo quiere conocer a la más brillante”. 
Va dirigida a Salvador Dalí, que vive en el hotel la mitad del año. Mientras el recepcionista sube a la suite del artista, Watson recuerda un cuadro del pintor, Galadesoxyrribonucleicacid, la primera tela dedicada al descubrimiento que le dio el Premio Nobel. En menos de 10 minutos el mensaje de Watson ha hecho efecto y Dalí está ante él. Este es tan sólo uno de los muchos episodios que muestran el interés de Dalí por la ciencia, que fue eclipsado por la figura excéntrica del artista. Detrás del tópico se encuentra otro Dalí que intenta fusionar arte y ciencia. Dos años de investigación para documentar cuándo y cómo Dalí se relacionó con el Psicoanálisis, las Matemáticas, la Teoría de la Relatividad, la Física Cuántica y la Ciencia del ADN han dado como resultado el documental Dimensión Dalí, producido por Media 3.14 (Mediapro). 

El documental recoge el testimonio de muchos de los científicos que lo conocieron, así como la documentación que muestra cómo incorporó la ciencia a su obra. En los archivos personales del pintor se encuentran más de cien títulos de disciplinas científicas diversas, algunos anotados y con comentarios en los márgenes, y parte de la correspondencia que mantuvo con algunos científicos. 

Entre sus amistades se encuentran los matemáticos Matila Ghyka, Thomas Banchoff y René Thom; los Nobel Dennis Gabor, Severo Ochoa, Ilya Prigogine y James Watson; los científicos españoles Juan Oró y Jorge Wagensberg, y muchos otros a quienes consultó puntualmente sobre temas que quería desarrollar en su obra.

La Ciencia fue una constante en su vida y su rastro se encuentra incluso en su firma, que esconde una figura científica: la corona daliniana, que utilizó por primera vez en 1938, es la imagen estroboscópica de la gota de leche cayendo que el científico Harold Edgerton consiguió captar. Lo cierto es que dos obsesiones guiaron la vida de Dalí: su mujer Gala y la Ciencia.
Física y Psicoanálisis. 
“Todo pintor pinta la cosmogonía de sí mismo: Rafael pinta la cosmogonía del Renacimiento y Dalí pinta la era atómica y la era freudiana”
Afirma Dalí en una entrevista en los años ´50. La Física y el Psicoanálisis son, sin dudas, las dos Ciencias que cambiaron la visión del mundo a principios del Siglo XX. Desde su juventud, Dalí muestra interés por ambas. Su primer contacto con Freud y las Teorías de la Relatividad de Einstein se dio en los años ´20, cuando siendo un estudiante de pintura en Madrid, se alojó en la Residencia de Estudiantes, un lugar repleto de jóvenes intelectuales de la época, tanto del campo de las ciencias como de las letras. Encontramos una foto del joven Dalí, junto a García-Lorca, en la que aparece con una revista científica de la época, Science & Invention, bajo el brazo. Parece ser que en la Residencia le gustaba visitar, junto al poeta, los laboratorios de ciencias. 

El interés más profundo por estas disciplinas llegó años más tarde, cuando se marchó a Francia y entró en el movimiento surrealista. No paró hasta que el escritor Stefan Zweig consiguió que Freud lo recibiese en 1938 en su casa de Londres. En el documental, el mismo Dalí explica el encuentro en el que acabó enfadado porque Freud no quiso leer su Tesis sobre el método paranoico- crítico, en el que desarrolla un método de creación basado en los conocimientos que había adquirido sobre el funcionamiento de la mente. En una carta que el padre del Psicoanálisis escribió a Zweig, describe a Dalí como un prototipo de español fanático.
Los surrealistas son quienes sumergieron a Dalí dentro del mundo de la Física. La nueva realidad que proponía la nueva Teoría de la Relatividad, seguida por las Teorías de la Física Cuántica, eran algo extraordinario para los surrealistas. 

Dalí estaba fascinado por la Teoría de la Relatividad porque ofrecía al surrealismo la idea que la realidad no podía reducirse a un único flujo”, explica Gavin Parkinson, historiador del arte de la Universidad de Oxford.
La nueva Física Cuántica proponía un mundo donde no existía el determinismo, donde las partículas podían encontrar-se en dos lugares al mismo tiempo, donde la identidad de los objetos se creaba con el mismo acto de observación. Eran conceptos difíciles de entender pero que abrían camino a la imaginación. Eran ideas tan estimulantes que se convirtieron en un tema recurrente en el laboratorio de creación surrealista y, por lo tanto, de sus publicaciones experimentales.

En los artículos que Dalí publicó en los años treinta, se encuentran muchas referencias al nuevo mundo que propone la Física. Un ejemplo es su texto La cabra sanitaria, donde dice que:


“La Física debe formar la Nueva Geometría del Pensamiento, y será precisamente el delirio de la interpretación paranoica”. 

MI PADRE YA NO ES FREUD, SINO HEISEMBERG 

En los años ´40, llega la ruptura de Dalí y el movimiento surrealista. Dalí se traslada a Nueva York. En aquellos años, cae la bomba atómica, hecho que pone en evidencia las grandes implicaciones de los avances de la Física Nuclear. Este hecho abre un nuevo camino en la obra de Dalí. En sus cuadros empieza a pintar objetos en suspensión, que se descomponen en partículas que flotan en el espacio. Es la época que se denomina Mística Nuclear. 

“Mi padre ya no es Freud, es Heisenberg”, afirma Dalí en su manifiesto místico. Empieza a devorar libros de estas disciplinas. Broglie, Heisenberg, Schrödinger son sus autores preferidos. Además se suscribe a la revista americana de divulgación científica Scientific American.
Dalí era una persona bien informada sobre Ciencia, tal y como afirman los testimonios recogidos en el documental. Tanto sus libros como las revistas contienen anotaciones que se corresponden con elementos aparecidos en sus cuadros y en sus escritos. Un ejemplo es el libro La Geometría del Arte y la vida del matemático rumano Matila Ghyka, con quien colaboró en uno de sus cuadros más conocidos: Leda atómica.

A Dalí también le interesaba la aplicación de las Matemáticas en el Arte, a la manera de los grandes clásicos, y así lo hizo incorporando el Número de Oro a algunos de sus cuadros más memorables. 




LA CUARTA DIMENSION 
“Los pensadores y literatos no me aportan absolutamente nada. Los científicos, todo, incluso la inmortalidad del alma”
Afirma Dalí en otra de las entrevistas de archivo incluidas en el documental. Una de las almas científicas que conectó más con Dalí es Thomas Banchoff, matemático y profesor en la Brown University, en Providence (USA). El destino quiso que entrasen en contacto en 1975, cuando el Washington Post publicó un artículo sobre la tesis del joven Banchoff sobre la visualización tridimensional de objetos de Dimensiones Superiores. El artículo, ilustrado con una reproducción del Corpus hipercubicus, que Dalí pintó en 1951, captó la atención del pintor. El joven científico recibió una llamada: 
“El señor Dalí quiere verle en el St. Regis”. 
Banchoff se quedó petrificado y lo primero que le pasó por la cabeza es que Dalí quería ponerle algún tipo de denuncia por haber utilizado el cuadro para su Tesis. Nada más lejos de la realidad. Dalí sentía simple curiosidad por conocer a aquel matemático que había sabido interpretar lo que quería decir con sus cuadros. 

Con aquella primera conversación surge una amistad que duró muchos años. Banchoff explica que descubrió que Dalí podría hablar muy seriamente sobre ciencia. Por su lado, Dalí descubrió que Banchoff conocía a fondo la obra de uno de sus autores preferidos, el filósofo, matemático y teólogo medieval Ramon Llull. Juntos harán proyectos, la escultura de un caballo gigante basado en fórmulas matemáticas que nunca se hará realidad.

El óleo que les unió, el Corpus hypercúbicus, presenta la figura de un Cristo crucificado que flota en el espacio delante de una cruz formada por ocho cubos. En realidad, esta peculiar cruz es un hipercubo desplegado. El hipercubo, un objeto matemático muy
estudiado a principios del siglo ´20, es un Cubo de Cuatro Dimensiones, una figura imaginaria porque nosotros vivimos en un mundo de Tres Dimensiones. Utiliza esta representación como marco para la Crucifixión de Cristo, por lo que superpone mística religiosa y conocimiento matemático. Justamente, la conexión entre Matemática y mística religiosa es uno de los aspectos principales de la obra de Ramon Llull que intentó demostrar la existencia de Dios a través de la percepción matemática de las figuras geométricas.




LA INVESTIGACION SOBRE EL ADN, 
NECESARIA PARA CURAR EL CANCER 

El ADN también fascinó a Dalí. En los años ´70 habla de la importancia de la investigación sobre el ADN para poder avanzar en la cura del cáncer. Además de tratar con Watson, hizo pósteres sobre el tema para científicos españoles, como Severo Ochoa –que formaría parte del patronato del Teatro-Museo Dalí porque Dalí quería la presencia de científicos–, Juan Oró y Santiago Grisolía. A muchos de ellos les pidió modelos moleculares que después utilizaba como base de estas pinturas.

Aunque no aparece en el documental, pero sí en los extras del DVD que se ha editado, Juan Oró (también fallecido durante el año de rodaje) explica sus experiencias con Dalí. Juan Oró recuerda un curioso episodio ocurrido en 1975. Este bioquímico, que por aquel entonces vivía a caballo entre Barcelona y Estados Unidos, porque trabajaba en la NASA, había encargado a Dalí que pintase un póster para el Simposio Internacional que conmemoraba el 70 Aniversario del investigador español Severo Ochoa. Oró va a visitar a Dalí en Barcelona, al hotel donde se encuentra alojado, el Ritz. Oró quiere pedirle una dedicatoria para el libro de este simposium. Dalí aparece ante él con su habitual traje de rallas y con un bastón en la mano. Tiene prisa, pero responde a la petición de Oró: 
“Vaya apuntando lo que le digo”. Oró saca papel y bolígrafo, y Dalí empieza a dictar directamente, sin leer de ningún lugar. Habla muy rápido y el científico tiene que pedirle que vaya más despacio. Cuando acaba, Oró levanta el bolígrafo boquiabierto: “En cuestión de minutos, Dalí había creado una maravillosa reflexión en torno al avance científico de las ciencias del ADN que tan sólo podría pensar un genio, con un conocimiento científico y un sentimiento artístico muy profundo”, explica el bioquímico. 
Este es el texto que tanto le impresionó: 
Dios no juega a los dados, escribió Albert Einstein mucho antes del descubrimiento de la escala del ADN en los escalones de la cual viajan los ángeles en el sueño de Jacob que tuve la noche antes de pintar aquella escalera para Severo Ochoa, y que simbolizan los mensajeros genéticos de moléculas de nucleótidos sintetizados por primera vez en el laboratorio de Severo Ochoa.
Aunque no sea científico debo confesar que los acontecimientos científicos son los únicos que guían mi imaginación, al mismo tiempo que ilustran las intuiciones poéticas de los filósofos tradicionales hasta el punto de conseguir una belleza deslumbrante de determinadas estructuras matemáticas y de aquellos momentos sublimes de abstracción que vistos a través de un microscopio electrónico aparecen como virus de forma poliédrica, confirmando lo que Platón dijo: “Dios siempre hace geometría”.
Dalí expresa en el texto su admiración por la belleza matemática de la naturaleza, que entronca con su interés por la obra del matemático rumano Matila Ghyka, que asesoró a Dalí en el planteamiento compositivo de Leda atómica. De hecho, durante los años ´50 Dalí se obsesiona por la presencia de estructuras matemáticas en la naturaleza. En 1954 lo encontramos en el Museo del Louvre, inspeccionando con detalle el cuadro La encajera, de Vermeer. Dalí admira profundamente al pintor holandés y quiere confirmar empíricamente una hipótesis (en cierto modo, también en su trabajo artístico aplicaba el método científico): según Dalí, el cuadro de Vermeer es una composición a base de cuernos de rinoceronte, formados por espirales logarítmicas que, para el pintor, era la estructura más perfecta de la naturaleza. Después de este examen ocular, Dalí da por confirmada su Teoría y pinta una versión de La encajera descompuesta en cuernos de rinoceronte. 



EL ULTIMO GESTO DEL ARTISTA 

La persistencia de la memoria (1931) es el cuadro daliniano que se ha convertido en icono de la Teoría de la Relatividad. Uno de los grandes admiradores de esta obra es el Premio Nobel de Química, Ilya Prigogine (fallecido meses después de la entrevista que concedió para el documental). Siempre había admirado la obra de Dalí, pero no lo conoció hasta 1985, durante el congreso científico Proceso al azar, que Jorge Wagensberg, director del Museo de la Ciencia de Barcelona, organizó en Figueras, en el mismo Teatro-Museo. Dalí, ya enfermo, lo siguió por un circuito cerrado de televisión desde la Torre Galatea.

Además de Prigogine, la conferencia que aloja Dalí en su museo reúne a otros grandes nombres de la ciencia del momento, como el matemático francés René Thom, o Peter Landsberg. Entre el público, unas doscientas personas, muchos científicos pero también filósofos, escritores y artistas. Un circuito cerrado de televisión conecta la sala de actos con una habitación del museo. Delante de la pantalla, História, Ciencias, Saúde– Manguinhos, Rio de Janeiro un solo espectador: Dalí. Es tan sólo una sombra del personaje que, años atrás, utilizaba los medios de comunicación a voluntad para proyectar al mundo una imagen de provocador excéntrico. 

Ha envejecido y está enfermo. Va en silla de ruedas y no soporta la sonda de plástico que lleva en la nariz. Hace tiempo que no pinta. Sin embargo, sigue ávidamente el congreso con la vista clavada en el monitor. Jorge Wagensberg lee en la inauguración un texto escrito para la ocasión por Dalí: 

“El fenómeno estético va estrechamente ligado a la Historia de la Ciencia, aunque tan sólo sea por el hecho de que en ambos se da la elección experimental”.
Prigogine recuerda en el documental varios momentos del congreso. Uno, cuando en medio del evento se desató una discusión entre él mismo y René Thom ya que estaban en desacuerdo respecto a ciertas teorías. Dalí los llamó a su habitación y les pidió que “en el nombre de Schrödinger hiciesen las paces. Ninguno de los dos supo interpretar esta afirmación, pero le hicieron caso. Otro de los momentos que recuerda es cuando todos los científicos ponentes visitaron a Dalí en su habitación. Él no pudo resistirse a preguntarle sobre el cuadro que tanto admiraba y su relación con la teoría de la relatividad. Aunque el pintor no le había dado una respuesta inmediata, el encuentro dio lugar a una interesante correspondencia entre el pintor y el científico. 

El que fue uno de sus secretarios, Antoni Pitxot, le leía estas cartas y los libros de Stephen Hawking, Matila Ghyka y Erwin Schrödinger. Eran las únicas lecturas que, en los últimos días de su vida, tranquilizaban su alma.


Arte: Francesc Català Roca
Diseño & Diagramación: Pachakamakin


4.16.2012

EL UNIVERSO COMO HOLOGRAMA MULTIDIMENSIONAL [2/2]

Por Raúl Corral Quintero [*]




Pribram se siente muy interesado por el hecho de que Böhm, a partir de un punto de vista distinto, haya llegado a conclusiones similares a las suyas. Al comentar la labor de  Böhm, Pribram formula la hipótesis de que tal vez la cualidad borrosa que presenta la realidad en el plano subatómico no sea más caótica o aleatoria que el torbellino sin sentido que se observa a simple vista en un holograma antes de que se haga pasar por él un rayo láser. Pribram avanza hasta postular que tal vez incluso en un nivel asequible para nuestras percepciones la realidad objetiva sea holográfica y pueda ser considerada nada más que como un «dominio de la frecuencia». Esto significa que quizás ni siquiera el mundo que conocemos está formado por objetos.

Nosotros podríamos consistir en mecanismos sensores que se mueven a través de una vibrátil danza de frecuencias. Pribram sugiere que la razón por la cual trasladamos esa vibrátil danza de frecuencia a la solidez y objetividad del universo tal como lo conocemos, reside en que nuestros cerebros operan con arreglo a los mismos principios holográficos que rigen la danza de frecuencias y es capaz de convertirlas en una imagen, en forma muy similar a como un receptor de TV convierte las frecuencias que recibe en una imagen más coherente.

En apoyo a su hipótesis de que nuestros sistemas perceptuales funcionan con arreglos a frecuencias, Pribram señala que existen pruebas indiscutibles de que nuestros sistemas visuales son también sensibles a las ondas sonoras. Sólo en el reino holográfico de la conciencia, sugiere Pribram, esas ondas son clasificadas y convertidas en percepciones convencionales.

Pribram subraya que, incluso en el nivel celuar, tanto los animales como los seres humanos son sensibles a una amplia gama de frecuencias que no necesariamente traducimos a percepciones. De ello concluye que nosotros no creamos realidad ni nos limitamos meramente a recibirla. Pribram escribe: "Creo que el cerebro genera sus propias construcciones e imágenes de la realidad física".

Pero al mismo tiempo las genera en tal forma que entran en resonancia con lo que realmente existe allí [8]. 
Böhm considera que incluso la vida misma presenta aspectos de un orden implicado inscritos en toda ella, por ejemplo, de acuerdo con los acontecimientos biológicos convencionales, una semilla contiene una cantidad muy pequeña de la sustancia material real que estará contenida finalmente en la planta que crecerá de ella [9]. La mayor parte de sustancia de la planta viene del suelo, del agua, del aire y de la luz solar. De acuerdo con las teorías modernas, lo que la semilla realmente contiene es información bajo la forma de ácido desoxirribonucleico (ADN) y de alguna manera es esta información lo que dirige la acción del ambiente para que forme la planta correspondiente.

Sin embargo, al ser la planta formada, mantenida y disgregada por el intercambio de materia y energía con su ambiente ¿En qué punto podemos decir que hay una distinción tajante entre lo que está vivo y lo que no lo está? Del mismo modo, cuando una molécula de dióxido de carbono cruza de pronto el límite de una célula y entra en una hoja, no empieza a vivir en forma súbita, ni tampoco una molécula de oxígeno muere de golpe cuando la hoja la expulsa a la atmósfera. Según lo entiende 
Böhm, esa falta de límites entre lo que está vivo y lo que no lo está subraya de nuevo la inoperancia de un enfoque estrictamente mecanicista del universo. En vez de tratar de dividir el universo en partes que están vivas y partes que no lo están, es preferible el enfoque que ve al universo como una totalidad continua, en la cual tanto las cosas vivientes como las que no viven constantemente se pliegan y se desenvuelven.

Podría decirse que en el suelo, en el aire y en el agua existe un conjunto de átomos que finalmente se convertir án en una planta. Según el punto de vista común, no puede decirse con propiedad que estén vivos, pero a juicio de 
Böhm es posible que el orden que identificamos como viviente ya se encuentra implícito en aquellos átomos incorporados al super-holograma de la realidad, tal como el orden que reconocemos en la gota de tinta está ya plegado a la glicerina.

¿Qué queda, desde esta perspectiva, del problema mentecuerpo? Según lo ve 
Böhm si el universo es no local en un nivel subcuántico, esto significa que la realidad es, en última instancia, un tejido sin costura y que sólo nuestros propios modos de pensar nos llevan a dividirla en categorías arbitrarias como «mente» y «cuerpo», lo cual nos conduce también a estimar que la vida está fundamentalmente separada de la no vida. Para Böhm no hay dualidad porque ambas categorías son secundarias y derivadas, y están incluidas en un fundamento común superior.

Esta ausencia de separación entre mente y cuerpo, afirma 
Böhm, puede conducir a nuevas evaluaciones de nosotros mismos y nuestro rol en el universo, por ejemplo, si el universo es holográfico y cada cerebro humano «penetra» en otro cerebro humano (y ciertamente en toda otra partícula del universo), en algún nivel que está más allá de la experiencia subjetiva común, la raza humana bien podría consistir en un solo organismo. Pero respecto a la posibilidad de que esta situación de interconexión pueda introducir fenómenos similares a la Percepción Extrasensorial (PES), Böhm se manifiesta muy cauteloso: "Personas distintas que de algún modo están sintonizadas entre sí pueden desarrollar nociones comunes a ambas al mismo tiempo. Esto casi no podría diferenciarse de lo que entendemos por telepatía» [10]. En rigor, Böhm cree que si lo paranormal existe, "sólo es posible comprenderlo por referencia al orden implicado, puesto que en ese orden todo está en contacto con todo y, en consecuencia, no hay ninguna razón intrínseca para que lo paranormal sea imposible" [11].

Así pues, 
Böhm cree que algún día podría ser factible para la gente percibir el fundamento común, superior y multidimensional en el que la conciencia y la materia ya no estén separadas y, en esencia, sean una suerte de "mente del cuerpo". Dónde o cómo puede ser percibido ese plano superior, Böhm no lo sabe, sólo dice que "es una realidad más profunda y más hacia dentro" que "no es mente ni cuerpo, sino más bien una realidad dimensional aún más alta" [12]. Böhm no podría decir cuántas dimensiones tendría esa realidad más alta; sin embargo, sugiere que en el nivel super-holográfico el universo podría tener tantas dimensiones como partículas subatómicas hay en nuestro mundo tridimensional, es decir, una cantidad aproximada de 10 a la 89. Incluso, afirma Böhm ese nivel super-holográfico podría no ser más que una "mera etapa" más allá de la cual existe "una infinitud de nuevos avances" [13].

¿Qué otros rasgos podrían caracterizar semejante fundamento común más alto y multidimensional? 
Böhm escribe que: "Es vasto y rico, y está en permanente estado de plegarse y desplegarse, dotado de leyes que en su mayoría sólo son vagamente conocidas" [14]. Pero debido a que la conciencia y la materia, la vida y la no vida son una y la misma cosa, su totalidad misma debe ser entendida como dotada de esas cualidades. En otras palabras, la naturaleza misma debe ser vista como un organismo viviente y dadas las diversidades y la riqueza de formas que el super-holograma perpetuamente derrama, es válido concluir que "tiene propósito" y posee una "intencionalidad profunda". Toda la creatividad y la capacidad de intuición profunda que nosotros mismos experimentamos también deben ser vistas como una derivación de ese fundamento común. En este sentido, podríamos decir que la naturaleza nos ha hecho ir en busca de ella misma.

Tal vez por eso exista en todos nosotros un profundo impulso hacia la comprensión del universo. Por lo tanto, ya no sería correcto seguir hablando del nivel multidimensional de la naturaleza como si se tratara de un plano material, más bien, concluye 
Böhm,  "se le podría llamar, con igual propiedad, Idealismo, Espíritu, Conciencia. La separación de dos elementos (la materia y el espíritu) es una abstracción. El fundamento es siempre uno" [15].

La reacción ante los puntos de vista de 
Böhm es variada. Algunos investigadores como el físico Terry Clark de la Universidad de Sussex hablan acerca de Böhm en términos muy respetuosos: "Para nosotros, los más jóvenes, Böhm fue una inspiración al tratar de salir de esos cerrados puntos de vista filosóficos que la escuela de Böhr fundó en las décadas de 1920 y 1930, y las siguientes" [16]. Muchos científicos critican lo sostenido por Böhm.  El físico Abner Shimony de la Universidad de Boston dice: "Es necesario tributarle un enorme respeto y abrirle amplio crédito por sus importantes realizaciones en el campo de la física; pero si uno se empeña a fondo en entender sus ideas y aún así no lo consigue, uno no puede menos que remitirse a su propio juicio" [17]. Lo que Shimony le critica a Böhm es que todavía no haya ofrecido la formulación matemática clara de sus teorías. Otros argumentan que las ideas de Böhm todavía no son suceptibles de ser sometidas a demostración experimental, la cual constituye la prueba de fuego de toda teoría científica.

De cualquier modo, 
Böhm conserva su optimismo. En toda su obra pone en relieve que a su teoría le falta mucho para estar completa y que la base matemática sólo es tentativa. Señala que así como se idearon métodos que por fin permitieron poner a prueba la conjetura de Einstein-Podolsky- Rosen, también se han de elaborar técnicas que permitan a los investigadores probar o refutar las especulaciones de Böhm sobre la existencia de una realidad subcuántica. La mayoría de los físicos, sin embargo, no presentan atención a la obra de Böhm porque se basan en la convicción de que más allá del "cuanto" no hay nada. Rechazan tajantemente la posibilidad de lo contrario.

Debido a que la ciencia humana está capturada por el "Síndrome del Límite" y a que aún no hemos encontrado una comunicación instantánea entre objetos separados por el espacio y el tiempo, los conocimientos actuales sostienen que la comunicación instantánea nunca puede ocurrir. Esta es, entonces, una de las lecciones más importantes que pueden extraerse de la tarea de 
Böhm al margen de los detalles específicos de su teoría, está el hecho de que él es una voz que disiente y uno de los pocos físicos de reconocido nivel con valor para poner en juego su "prestigio" por la convicción de que en el reino subatómico suceden más cosas que las explicadas por la teoría actual.

CONCLUSION
El mensaje de la obra de Böhm está en su sugerencia de que para comprender a fondo los fenómenos del mundo subatómico debemos empezar por adoptar una concepción totalmente nueva de lo que es el "orden". Esa comprensión supone pasar de lo mecánico a lo holográfico, es decir, al punto de vista de que un fenómeno puede ser entendido no tanto si se examina por sus partes, sino cuando se estudia desde su totalidad, que es más que la suma de aquéllas. Según vemos, también en otras ramas de la ciencia están apareciendo sugerencias acerca de esta nueva forma de concebir el «orden».


Ilustración: Robert Scharein
Diseño Gráfico: Andrés Gustavo Fernández


CITAS:
[*] Raúl Corral Quintero. 
Profesor-investigador de tiempo completo de la UAM-Iztapalapa.

[8] Wiktor Osiatynski, Contrast: Soviet and American Thinkers Discuss the Future, Nueva York, Macmillan, 1984, págs. 70-73.
[9] Idea que nos recuerda el devenir que postulara Carlos Marx en el desarrollo de su diálectica, a saber, "el ser y no ser de las cosas".
[10] Gliedman, op. cit., p. 72.
[11] David Bohm
Webwe, Renée: The Physicist and the Mystic, Is a Dislogue Between Them Possible?, en Ken Wilbur, The holographic and Other Paradoxes, Boston, Massachusetts, New Science Library, 1982, pp. 35-43.
[12] Böhm: op. cit., p. 209.
[13] Ibid., p. 213.
[14] Ibid., p. 185.
[15] 
Böhm, David y Renée Weber: Nature as Creativity, Revision, 5 No. 2, Otoño 1982, p. 40.
[16] Temple, Robert: David Bohm, New Scientist, Noviembre 11, 1982, p. 364.
[17] Gliedman, op. cit., p. 115.



 BOHM, David. Wholeness and the implicate order, Londres, Routledge and Kagan Paul.
 BOHM, David y WEBWE, Renée: The Physicist and the Mystic - Is a Disloque Between Them Possible?, en Ken Wilbur, The holographic and Other Paradoxes, Boston, Massachusetts, New Science Library, 1982.
 GLIEDMAN, John. Mind and Matter, en Science Digest, Marzo de 1983.
 PRIBRAM, Karl. Languages of the Brain, comp. G. Globus y otros, Nueva York, Plenum, 1971.