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4.26.2012

UNA CONTRATAPA

Por Damián Tabarovsky




En los 90, Luis Magrinyà publicó dos libros de cuentos en Debate, cuyo editor era Constantino Bértolo. Luego pasó a publicar en Anagrama. Y Bértolo, siempre en Madrid, se convirtió en editor de Caballo de Troya –del grupo RHM–, donde armó uno de los catálogos más interesantes del habla hispana (sólo matizado por algún escritor argentino, evidentemente publicado en exceso). Las contratapas de Bértolo se han vuelto famosas por ser piezas maestras de crítica literaria. Recientemente reeditó en Caballo de Troya aquellos dos libros de Magrinyà, y la contratapa es tan genial, que me despido hasta la semana que viene, dejándolos en manos del texto completo: 

“Un editor tenía dos autores y uno de ellos, el que menos libros vendía, le dijo un día: ‘Editor, quiero conocer más mundo y que el mundo entero conozca mis escritos, no hagamos debate de esto, dame pues la parte de los derechos de autor que me corresponde por dos libros de cuentos’. Y el editor, con dolorido sentir, comprendió lo justo de sus deseos. Fue así que aquel autor se marchó a un sello editorial bien afamado donde invirtió sus talentos, acrecentó renombre, mereció entrevistas y obtuvo premios, alcanzando condición y prestigio. Cuando hubo gozado de todo ello, le sobrevino nostalgia por aquellos primeros tiempos y libros en que todo era promesa de futuro y sintió deseos de liberarse, aunque fuera por un día, de las pompas con que la púrpura atosiga a sus hijos.
Y, entrando en sí mismo, se dijo: ‘¡Cuántos nuevos narradores de mi viejo editor tienen horizontes en abundancia, mientras yo aquí me muevo apacentando tesinas, famas, interrogatorios, congresos y presentaciones predecibles. Me levantaré, iré donde mi viejo editor y le diré: ‘Pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado autor tuyo, trátame como a uno de tus rechazados’. Y levantándose, partió en busca de su antiguo editor. Estando todavía lejos, le vio el editor y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le firmó un nuevo contrato, por cinco años y sin incluir sus derechos digitales. Contento, dijo a sus colaboradores: ‘Traed aprisa al mejor diseñador gráfico y maquetad de nuevo sus libros, ponedle una cubierta a color y demos un gran recibimiento a este retorno impredecible. Desprogramemos el presunto best seller, y celebremos una fiesta, porque este autor mío estaba lejos y ha vuelto; estaba ajeno y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta.
El otro escritor, el que más vendía, estaba en la Feria del Libro de Guadalajara y, al volver, cuando se acercó a casa, oyó la música y las danzas; y, llamando a la Jefa de Prensa, le preguntó qué era todo aquello. Ella le dijo: ‘Ha vuelto el otro autor y vuestro editor ha encargado un marketing completo, porque lo ha recobrado sano’. El escritor que más vendía (aunque tampoco era para tanto) se irritó y no quería entrar. Salió el editor y le suplicaba. Pero él replicó: ‘Hace años que publico contigo y jamás me has hecho una promoción como es debido, ¡Y ahora que ha venido ese escritor, quien en su día se marchó hacia editoriales con más glamour y ventas, has encargado un marketing completo para él!’. Y el editor le dijo: ‘Hijo, tu siempre estarás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse porque este hermano tuyo estaba en extravío y ha vuelto; estaba perdido y ha sido hallado’. ‘Me voy con otro –respondió ofendido el escritor que más vendía aunque no era para tanto–, a una editorial independiente si hace falta. Con tus devoluciones te lo comas’. Y dirigió sus pasos hacia la lista de libros más vendidos, donde fue tragado y digerido y comprado y hasta leído, gozoso y bienvenido, el autor pródigo entró en el vientre del Caballo de Troya y fue lo nunca visto y lo nunca oído y por una vez Casandra amó el presagio y se llenó de júbilo”.

Ilustración: Virgo Paraíso
Diseño Gráfico: Andrés Gustavo Fernández