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11.11.2013

ARGENTINA, UNA INMENSA TRADUCCION

Por Julio Woscoboinik
+Notas de Alejandro Patat en ADN Omni







La traducción literaria en la Argentina -afirman en los últimos años casi por unanimidad todos aquellos que la han estudiado o practicado- no es un factor al margen de la identidad cultural del país, sino uno de los pilares sobre los que se funda tal identidad. Sin traducciones pensadas, programadas y elaboradas por argentinos a lo largo de dos siglos, nuestra cultura sería otra o probablemente no sería. Anna Gargatagli y Patricia Willson han ejemplificado de manera magistral cómo la busca de un estilo propio de nuestros escritores ha sido y es inescindible de la vasta experiencia en el campo de la traducción.



DOS IDEAS INCONCILIABLES

Si se me permite una síntesis brutal, creo que es posible reducir todos los debates modernos sobre la Traducción, fuera y dentro de nuestro país, a dos grandes polos inconciliables. A la primera posición, férrea en su afán totalitario, la llamaría "semiótica", porque considera la Traducción un acto comunicativo, susceptible de ser catalogado minuciosamente en una serie finita de fenómenos. 

Quienes levantan esa bandera están persuadidos de que la Traducción es una práctica codificada, que implica determinados procedimientos y estrategias, aplicables en los distintos casos que todo Texto presenta. Para ellos, el traductor es un técnico que ejercita una labor mecánica con mayor o menor desenvoltura. 

Hoy existen Asociaciones, Colegios de Traductores públicos, Carreras específicas, Publicaciones y Congresos de Traductología en Universidades de todo el mundo. En estas instituciones han nacido verdaderos grupos "fundamentalistas", que excluyen de la órbita de la "buena" Traducción a quienquiera no haya recibido su formación, y que congelan, por lo tanto, el concepto de la Traducción como profesión.

Del otro lado, en continua posición de combate o, peor aún, con agresiva indiferencia a la idea de la profesionalización, se ubican los que defienden la perspectiva de la Traducción como un hecho que yo llamaría "estético". Como es razonable, quienes sostienen este otro postulado ahondan sus raíces en los primeros debates filosóficos y religiosos para llegar a la idea de Traducción como producto artístico, con sus propias convenciones y poéticas. 

Para estos últimos, es inútil que un Traductor conozca las abstrusas taxonomías que la Tradición académica difunde sin cesar y que cambia según los caprichos de las modas universitarias. El acto de traducir, argumentan, se basa en un trabajo de excavación en la propia lengua, con agotadoras intuiciones explorativas y experimentales. La Traducción esconde las mismas insidias de cualquier actividad artística, y el Traductor enfrenta plenamente los desafíos de la Escritura.



PROBLEMAS

Dado que he optado por la brutalidad, espero se me conceda otra síntesis. La ya casi infinita biblioteca acerca de la Traducción guarda en realidad un engaño. Como la Filosofía, la Traducción vuelve siempre a los primeros interrogantes, que, son, desde ya, irresolubles. Según Franco Buffoni, el mayor estudioso de la Traducción en Italia, Director de la magnífica Revista Testo a Fronte, todos esos interrogantes se han presentado a lo largo de la Historia como ejes binarios de carácter opositivo. 


Libertad|sumisión; traición|fidelidad; estilización|literalidad; sentido|palabra; domesticación|extranjerización, son algunos de los ejes claves que dieron lugar a las diversas Tipologías traductivas que Antione Berman ha examinado en su brillante Ensayo La traduction et la lettre ou l'auberge du lointain. Más allá de estos excelentes materiales, propongo -modestísimamente- otro Camino.



UN ESTUDIO POR CASOS

En distintas oportunidades, ya sea en el café o en las aulas universitarias, me he visto obligado a discutir acaloradamente sobre uno de los lugares comunes más difundidos en nuestro país: el hecho de que la Cultura argentina es el resultado de una conmixtión original de ideas y soluciones que provienen de Francia o de Inglaterra. La idea de una elite cultural filofrancesa y filoinglesa ya en el siglo XIX no me parece discutible. Demasiados testimonios lo confirman.

Ahora bien, si en vez de concebir las Traducciones argentinas del inglés y del francés como hegemónicas y paradigmáticas nos detuviéramos a pensar aquello que deriva del contacto de nuestra Literatura con otras Lenguas, obtendríamos nuevas perspectivas y cuestiones. Dado mi limitado conocimiento, querría ilustrar sólo algunos fenómenos que resultan del contacto entre la Literatura italiana con las Tradición traductora de nuestro país.

Insisto, todavía no existe una Historia de la Traducción en la Argentina, pero si existiera, debería organizarse por "casos", y debería tener en cuenta esas otras empresas no tan marginales que los argentinos emprendieron más allá de las Literaturas inglesa y francesa. Los "casos" son simplemente los distintos modos de haber entendido y ejecutado la práctica de Traducción.



LA TRADUCCIÓN POLÍTICA

Los Románticos, se sabe, abrazaron la idea de la Traducción como gesto iluminista, como arma capaz de borrar las fronteras y de universalizar las ideas fundacionales de la modernidad. En la Argentina, la Traducción de las Tragedias de Alfieri o de las Novelas de Foscolo y Manzoni significó dar a conocer la catástrofe italiana, especular de la argentina, en cuanto naciones en busca de una auténtica libertad. 

La apropiación política de esos Textos claves de la Literatura italiana del Siglo XIX fue fundamental también para la Generación del 80, que vio a Italia no como nación-modelo, sino como nación-hermana. Quizás éste sea uno de los motivos por los cuales los Lectores argentinos de hoy siguen leyendo las grandes Obras inglesas y francesas del Siglo XIX como Obras "maestras" de mundos acabados, pero desconocen en general esas Obras italianas. 

Porque fue su circulación en Traducciones políticas, demasiado apegadas a las urgencias históricas de nuestro país, la que no permitió ni siquiera entrever los motivos por los que esas mismas Obras son imprescindibles en Italia: su innovación formal y su grandiosa experimentación lingüística.

No será la primera ni la última vez que los Textos italianos entrarán por la puerta de la política -Gramsci, por mencionar el caso más importante del Siglo XX-, para desatender la imponente grandeza estética de sus Escritos.



LA TRADUCCIÓN DEMIÚRGICA

La Traducción de La Divina Comedia, hecha por Bartolomé Mitre, sufrió los embates violentos de los irreverentes jovencitos reunidos en torno a la Revista Martín Fierro, allá por los años veinte. Desde entonces, la versión del Poema dantesco ha sido injustamente olvidada o denigrada. Sin embargo, la Traducción de Mitre ha tenido un rol imprescindible en nuestro país, nos guste o no nos guste su versión. 


¿Por qué? Porque al cabo de largos años de trabajo, que van desde 1891 hasta 1897, considera su propia versión a la par del Original. Es más, antepone al Texto una Teoría del traductor e incluye cientos de Notas a la Traducción -y no al texto-. Todo eso implica que estamos leyendo La Divina Comedia de Mitre, más que la de Dante.

Traducción demiúrgica significa que el Traductor se sobrepone al Autor. Porque si éste construye y crea, el segundo se sumerge y penetra en el Misterio de la creación.



LA TRADUCCIÓN POR IDENTIFICACIÓN
"La tarea del escritor no es imaginar sino percibir", sentenció Proust. 

Propongo que el predicado se aplique plenamente a la tarea del Traductor. "Un traductor debe primeramente perder y luego recuperar su propia identidad", afirmaba Elsa Gress, escritora danesa, en ese precioso volumen sobre la Traducción que la Revista Sur publicó en 1977. 

La Argentina ofrece muchos casos de escritores abocados a la percepción sutil de una Obra imaginada por otro. La llamaré Traducción por Identificación. A tal punto que un Traductor de este tipo sufre una especie de ensimismamiento y apropiación de una identidad ajena, cuyo síntoma final consiste en transformarse en alter ego del Autor. 

Permítaseme contar una anécdota curiosa. Cuando en 1997 traduje junto con Carlos Ripso una Antología de Montale, no preví que esa acción, efectivamente audaz y osada, despertaría las justas sospechas de Horacio Armani, el famoso Traductor de Montale en la Argentina. Nuestra operación no guardaba ningún rencor contra aquel Texto excelente que había circulado y sigue circulando notablemente en nuestro país. 

Armani, sin embargo, no concebía que existieran dos versiones simultáneas. La paradoja -lo descubro después de años- es que muchas veces la nueva identidad del Traductor es tan perfecta que termina por velar la del escritor mismo, y no viceversa.



LA TRADUCCIÓN QUE DA VOZ

En aquel Número inolvidable de Sur, Tres Textos subyacen a las discusiones de los latinoamericanos que participaron del volumen: la famosa diatriba Newman-Arnold en torno a la intraducibilidad de Homero, el Artículo Miserias y esplendores de la traducción, de Ortega y Gasset, de 1937, y el notable Ensayo de Octavio Paz, Traducción: literatura y literalidad, publicado en Barcelona en 1970.

Ortega había esclarecido la diatriba acerca de la intraducibilidad de todo Texto, desplazando la imagen banal de la inadecuación de los códigos retórico-semánticos de una Obra clásica hacia una disquisición mucho más fina acerca de lo que una Lengua manifiesta o acalla.

Cada Lengua es una ecuación diferente entre manifestaciones y silencios. Cada pueblo calla unas cosas para poder decir otras. Porque todo sería indecible. De aquí la enorme dificultad de la Traducción: en ella se trata de decir en un Idioma precisamente lo que este Idioma tiende a silenciar.

A estas alturas, habría que pensar el rol esencial que cumplieron en la dictadura argentina algunos Textos de Pavese, escritos también ellos en clave durante el fascismo. La influencia de Pavese entre la generación de escritores como Piglia o Saer es notoria, pero todavía no se ha hecho hincapié en todo lo que la Literatura argentina "dijo" a partir de los Escritos de Pavese. 

O si se quiere, basta con leer muchas de las versiones de Rodolfo Alonso y Pablo Anadón para comprender cuántas más cosas dijo nuestra Poesía a partir de la Poesía italiana del Siglo XX.



LA TRADUCCIÓN REIVINDICATIVA

Digamos que la reivindicación del Estatuto de las Lenguas coloniales respecto de la Lengua de la Madre Patria acompaña los debates desde la Independencia hasta nuestros días, con las posiciones que ya conocemos, y que van de un extremo al otro.

Lo cierto es que la Industria Editorial de los últimos años en Lengua castellana, como resulta del hermoso volumen La traducción literaria en América Latina, compilado por Gabriela Adamo, ha privilegiado la variedad ibérica a la hora de difundir Textos en Lenguas extranjeras. 

No se trata sólo de una política lingüística normativa, ciega ante un Público masivo latinoamericano que tiene problemas tangibles para digerir las Traducciones españolas. Con el pase de las grandes Editoriales argentinas a manos españolas, se trata más bien de una cuestión de política editorial. 

Uno de los más espinosos es la circulación inquietante de Traducciones argentinas manipuladas. Como señala Gargatagli en el volumen recién citado: 

"A partir de 1976, se trasladaron a España catálogos enteros de las empresas argentinas que iban desapareciendo y las Traducciones nacionales pasaron a ser un inmenso borrador que podía corregirse, plagiarse, editarse, denigrarse, peninsularizarse y enviarse otra vez a la Argentina".

A este propósito resulta imperdible el Ensayo de Andrés Ehrenhaus, incluido en el volumen. Argentino exiliado y radicado en España desde hace décadas, Ehrenhaus, se reconoce Traductor "huésped" en la Lengua de España. A las objeciones de sus connacionales por la adaptación de la propia variedad lingüística replica que, a fin de cuentas, cualquier manipulación o sumisión de la propia variedad a la normativa peninsular implica siempre un desborde, una filtración, un desangrarse de la Lengua materna, que deja sus huellas y sus manchas.

Cuando en los años Noventa Antonio Aliberti, poeta argentino nacido en Sicilia, concluyó sus Traducciones de Leopardi, confesándome que ese enorme trabajo lo había purificado y lo había preparado para su muerte inminente, no imaginaba quizá que su versión del monumental poeta italiano nos quedaría como testimonio maravilloso de esa Lengua particular que los argentinos construyeron con el aporte de los inmigrantes italianos.



LA TRADUCCIÓN COMO COMPENSACIÓN

Sin embargo, los argentinos no deberíamos olvidar tan a menudo que la Lengua que hablamos tiene una larga Historia, que no está hecha sólo de glorias, "el bronce de Francisco de Quevedo", según rezan los versos de Borges. 

En 1971, en Nueva York, el Político, Periodista e Historiador catalán Víctor Alba [1916-2003], militante del Partido Comunista español, preso por el franquismo en Alicante y luego en Barcelona, exiliado en México y luego en Estados Unidos, fue invitado a participar de unas importantes jornadas sobre Traducción. 

El original Escrito de Alba, recogido por Sur, razona en torno a un Tema ajeno a la Cultura norteamericana, pero impelente en el caso de la Lengua española: nuestra Lengua ha hecho siempre las cuentas con contextos dictatoriales, dominados por el control y la censura de Estado. El Traductor no ha sido indemne a los juegos acrobáticos de la Lengua y a las paráfrasis disuasivas.



LA TRADUCCIÓN IDEOLÓGICA

Los años Setenta fueron propicios para la ideologización de la práctica de Traducción, cuyo principal problema pasó a ser la cuestión de la traducibilidad cultural. En esos años, la Revista Pasado y Presente, en Córdoba, al traducir los Cuadernos de la cárcel, de Gramsci, planteó el siguiente problema: 

¿Hasta qué punto los postulados y las ideas relativas a la realidad italiana son traducibles en América Latina? ¿Conceptos como hegemonía o intelectual orgánico significan la misma cosa de un lado y del otro del Atlántico? 

El debate no era otra cosa que la Traducción del propio debate que Gramsci había generado en sus Cuadernos, donde se preguntaba si las Literaturas populares francesa y rusa del Siglo XIX eran del todo traducibles en la Italia del mismo período. La Historia de las ideas en América Latina ha sido, de por sí, una respuesta a la cuestión.



LA TRADUCCIÓN COMO EXPERIMENTACIÓN

Patricia Willson, en La Constelación del Sur, ha trazado un panorama de las Traducciones argentinas del Grupo Sur, analizando las soluciones de Victoria Ocampo, José Bianco y Jorges Luis Borges. De las innumerables intuiciones críticas de la ensayista, rescato aquí una en particular: la idea de que la traducción fue y es en la Argentina un Laboratorio estilístico, cuyo ejercicio de reescritura traductiva termina por filtrarse en las Obras.

A los Tres Modelos que Willson propone, yo les sumaría las soberbias interpretaciones de Enrique Pezzoni de algunos Textos italianos, que no han recibido hasta ahora la misma atención que sus Textos críticos. Porque no habría que olvidar la bella metáfora de Jaime Rest en su ensayo Reflexiones de un traductor:

El Texto original es siempre una partitura que atesora en su silencio la forma ideal de la composición: el Traductor no en vano es un intérprete, un ejecutante de la partitura.



LA TRADUCCIÓN COMO SAQUEO

He dejado deliberadamente para el final la visión de la Traducción como saqueo, idea que Borges ha injertado en nuestra Cultura. Para Ricardo Piglia, el germen de las ideas borgeanas se halla en la Traducción desviada del epígrafe "On ne tue point les idées" del Facundo, que Sarmiento atribuye equívocamente a Fortoul en vez de Diderot, y que traduce "mal" en la Edición de 1845: 

"A los hombres se los degüella, a las ideas no". 

Allí estaría la vocación apócrifa de nuestra Literatura. 

Las distintas posiciones de Borges en torno a la Traducción han sido analizadas puntualmente por Sergio Waisman. Así, la célebre frase de Borges:

"El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio",

hoy incluida en Discusión , lo llevó a afirmar que:

"La superstición de la inferioridad de las traducciones -amonedada en el consabido adagio italiano- procede de una distraída experiencia". 

Éstos serían los corolarios que conducen a la idea de Traducción como falsificación, distorsión, desdoblamiento, apropiación, saqueo. Al final de su carrera, en El oficio de traducir, en 1975, Borges afirma -expandiendo aún más las infinitas posibilidades de la Traducción- que ésta no es sino una forma de "sentir el universo".

Si Borges se apropió de una gran cantidad de Textos escritos en otras Lenguas, será útil saber que en 1965 se negó a aceptar la invitación de los intelectuales latinoamericanos a traducir La Divina Comedia. 

Claudia Fernández Greco, estudiosa de la Universidad de Buenos Aires, está llevando a cabo un análisis titánico de las Traducciones de Dante en la Argentina y acaba de aportar una interesante interpretación de esa negativa. Porque una Literatura está hecha también de Textos que nunca existieron.


FINAL

En 1958, Juan Rodolfo Wilcock se encuentra en Londres, lugar que había elegido para escapar de la Argentina reducida al enfrentamiento entre peronismo y antiperonismo. 

Desde su exilio voluntario, escribe cartas desesperadas a Miguel Murmis, a quien había conocido y frecuentado en Buenos Aires. Y entre notas personales, agrega críptico: 

"Veo la Argentina como una inmensa Traducción". 

Wilcock, el amigo íntimo de Silvina Ocampo, que se había enemistado con Victoria, deja suspendida esta idea. Creo que con esta frase Wilcock quiso subrayar que lo que más añoraba de Buenos Aires era el espíritu cosmopolita de esos años, visible en la vocación omnívora por la Traducción. 

La suya era una consideración elegíaca de aquello que había dejado para siempre. Su destino romano, así como su pasaje deslumbrante a la Literatura italiana en breves años, no hubieran sido posibles sin ese recurrente Sueño argentino, que consiste ante todo en traducir.



Diseño|Arte|Diagramación: Pachakamakin

9.11.2013

EL REINO DE LOS SEÑORES DEL ANILLO [1/3]

Por Laurence Gardner







El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien [1] es uno de los Cuentos más encantadores y exitosos de todos los tiempos. Publicado por primera vez en la década de 1950, esta famosa Trilogía podría muy bien haber emanado desde la Edad Media, ya que tiene todas las Cualidades y Atributos de las Más Antiguas Tradiciones del Grial y del Anillo. Esto ha sido posible por el hecho de que Tolkien -un Profesor de Literatura Inglesa y Anglosajona de Oxford- tenía la legendaria Riqueza de las Edades en las yemas de sus dedos y moldeó su Historia en consecuencia. 

Al estudiar la Historia de la Búsqueda del Anillo, su asociación paralela a la Búsqueda del Santo Grial se hace cada vez más evidente, al igual que el origen de las Hadas, Elfos, Duendes, Pixies, Sprites, Gnomos y Goblins. La Tradición del Anillo también está profundamente arraigada en muchos de los mejores y amados Cuentos infantiles y proporciona Datos esenciales detrás de los numerosos Personajes de larga Tradición en la Leyenda popular. 

Las Historias del Grial están generalmente asociadas a los Caballeros Arturianos que vagan por el Wasteland en busca de la Reliquia Sagrada. Pero el Género también representa muchos otros Cuentos de Búsqueda, incorporando Personajes como Cenicienta, Robin Hood, La Bella Durmiente y el Conde Drácula. Cada Cuento tiene su propio Misterio y Fascinación por separado, pero en general no es entendido que todos ellos provengan de una base histórica común que tiene sus raíces en la Antigua Cultura de los Señores del Anillo. 

A pesar de que algunos de los Temas tienen sus Orígenes en una muy Antigua Tradición, la mayoría de estos Cuentos fueron recientemente trasvasados desde las Edades Oscuras en adelante, cuando la Iglesia puso su mira en contra de la Tradición del Anillo. Este fue, especialmente, el caso desde los Tiempos Medievales, cuando la persecución de herejías estaba en su apogeo, lo que lleva a las Inquisiciones brutales que comenzaron en el Siglo XIII. 

Desde alrededor del 4.000 AC., el Anillo era el Dispositivo Principal de los Jefes Supremos Anunnaki, que fueron registrados como siendo responsables por la Creación del Gobierno Municipal y la Práctica Real en la Antigua Mesopotamia. En vista de ello, es de especial relevancia que, en 1967, cuando al Profesor Tolkien se le preguntó sobre el Medio Ambiente de la Tierra Media de El Señor de los Anillos, él escribió que percibió su entorno alrededor del 4.000 AC. 

A este respecto, la Raíz del Cuento Popular de Tolkien fue extraído directamente del folklore sajón y en realidad no era nueva en su Concepto. De hecho, el temprano dios sajón Wotan -el equivalente del Jefe Supremo sumerio Anu- fue dicho que había gobernado los Nueve Mundos de los Anillos, siendo el Noveno Anillo -el Anillo Unico- para gobernar a los otros Ocho.

La Propiedad impugnada del Anillo Unico, como es relatado en El Señor de los Anillos, es algo diferente a la Búsqueda permanente del Santo Grial; ambas son Misiones para el mantenimiento de la Soberanía. Pero, en tanto Realidad y Ficción, el Anillo y el Grial son cada vez malversados ​​por quienes los perciben como Armas de Poder. 

Así como las Generaciones pasan desde la Antigua Mesopotamia y los Tiempos Egipcios, el ideal de la Monarquía Dinástica se propagó a través de las Tierras del Mediterráneo en los Balcanes, en las Regiones del Mar Negro y Europa. Pero, en el curso de esto, la esencia crucial de la Antigua Sabiduría se perdió y esto dio lugar a Dinastías que no eran de la Raza Original reinante. En cambio, muchos no estaban relacionados con los Jefes Guerreros que ganaron sus Tronos de Poder por la fuerza de la Espada. 

La Cultura Sagrada de los Antiguos era, sin embargo, mantenida en la Línea Mesiánica del Rey David, de Judá -alrededor de 1.008 AC.-, cuyo significado se encontraba en su Herencia faraónica, no en el comúnmente retratado descenso desde Abraham y la cepa shemita. Fue a causa de esta Herencia particular, que el hijo de David, Salomón, el Sabio, fue capaz de crear su Proyecto de Templo estilo egipcio en Jerusalén.

Esto llevó a un Renacimiento de la Tierra Santa de lo faraónico y, en un tiempo, del Movimiento Rosacruz de la Mesopotamia, en el tiempo cuando Egipto fue acosado por las influencias extranjeras, primero desde Libia, Nubia y Kush, y después de más lejos. De consiguiente, de los Arreglos Matrimoniales Tradicionales de los Faraones y Princesas se dio paso a las alianzas diplomáticas. 

La Rosacruz -cuyos seguidores fueron llamados Rosacruces- es a menudo identificada erróneamente como si se refiriera a una rosa -o rojo- cruz -pero de hecho el término tiene un origen bastante diferente. Se deriva del griego antiguo {rosi}, que significa "rocío" y de la {crucis} que significa "copa de fuego" -como en la palabra crisol-. Por lo tanto, la Rosacruz fue la Copa de Fuego del Rocío, o Copa de Fuego de las Aguas.

En forma simbólica, la Rosacruz era la Marca Original y Duradera de la Soberanía -y aquí es donde la definición secundaria de la Rosacruz entra a jugar; para esto, la insignia, era de hecho, una Cruz Roja dentro de un Anillo. Los tempranos escritores bíblicos condenaron este Dispositivo real como la Marca de Caín. 

Este mismo Emblema se consideró como simbólico del Santo Grial, cuya Forma representativa como la Copa de Rocío -o Cáliz- emanó directamente de la palabra sumeria {gra-al}. Esto define el "Néctar de la Suprema Excelencia" -el prestigioso legado de la Reina Annunaki Nin-Kharsag, Gran Madre del principal Linaje Real.

Originalmente, durante el tiempo más largo, el Anillo fue un Símbolo de la Justicia Divina perpetua, que era medida por la Vara. En las representaciones sumerias antiguas diversos Señores, Reyes y Reinas son retratados individualmente sosteniendo  los Dispositivos de la Varilla y el Anillo -personajes como Marduk y Lilith, Shamash, Ur-Nammu, Ashur, Samael y otros del Segundo y Tercer Milenios antes AC-. 

En algunos casos la Vara está claramente marcada en Unidades calculables -como un Reglamentador moderno-. En Babilonia se conoce como la Regla -y el que llevó a cabo la Regla era designado el “Reglamentador”: que es de donde deriva el término utilizado en el ámbito gubernamental.

Con el tiempo, en lugar de sostener los Anillos Dorados, los Soberanos empezaron a colocarlos en la cabeza, donde, a través del ornado y el embellecimiento del paso de las Edades, en última instancia se convirtió en Corona, mientras que la Varilla -o Regla- se convirtió en el Cetro Real. Durante el curso de todo esto, el Emblema Rosacruz de la Cruz y el Círculo también se convirtieron en un Objeto sólido: una Cruz rematada en una Esfera, el Orbe de la Soberanía regalia.

En todos los los Romances del Grial, y en los Cuentos de los Anillos, el Mensaje es implacablemente claro: en las manos equivocadas, tanto el Anillo y el Grial pueden ocasionar un desastre. El Poder del Anillo tiene que ser resistido, de lo contrario, esclavizará a su amo, mientras que el Grial tomará represalias con una venganza si se utiliza mal. De cualquier manera, la moral es la misma en que, en última instancia, el Poder es auto-destructivo cuando es logrado a través de vender la propia Alma. Consecuentemente, el Anillo puede ser un Halo o una Corona, pero, igualmente, puede ser una soga.

Hay, sin embargo, una diferencia esencial entre el "Anillo Único" de Tolkien, que se presenta como oscuro y divisivo, y el Anillo de Oro del Romance del Grial, que es un Anillo de Amor y de la Iluminación. Este último -el Anillo con el que Arturo hizo su voto a Ginebra- fue simbolizado por el Anillo más férreo de los Caballeros que estaban sentados a la Mesa Redonda -un Anillo que se rompió, llevando al país al caos- cuando Ginebra le fue infiel a Arturo con Lancelot.

Antes del año 751, los Reyes de la Sucesión del Grial eran Sacerdotes por derecho propio: eran los Reyes-Sacerdotes conocido como los Reyes Pescadores. Pero, cuando sus derechos al Sacerdocio fueron socavados por la Iglesia, el Legado fue abandonado en todos lados menos en los Reinos gaélicos. Antes de esto, las Sustancias representativas de la Realeza sacerdotal era el Oro –para la Nobleza-, el Incienso -para el Sacerdocio- y la Mirra –para el Conocimiento-. 

Estas fueron las mismas Sustancias presentadas a Jesús por los Reyes Magos en el Nuevo Testamento, lo que lo identifica positivamente como un Rey-Sacerdote dinástico del Linaje del Grial. La importancia de esta Presentación maga se ha perdido dentro de una Fábula artificiosa de humilde Nacimiento en un establo, que no se menciona en ningún Evangelio original. 

Sin embargo, por alguna oscura razón, el Simbolismo del Grial fue retenido por la Iglesia en su Eucaristía: el Sacramento de la Comunión, en el que el Vino -en sentido figurado la Sangre de Cristo- se bebe del Cáliz Sagrado de la Rosa Cruz. En este sentido, el verdadero Simbolismo de la Antigua Costumbre, que comenzó en los Tiempos Anunnaki, ha sido estratégicamente velado, mientras que las Tradiciones del Grial y del Anillo son denunciados por la Iglesia como herejías no oficiales. 

Según lo confirmado en los Registros Históricos, las controversias entre los descendientes de la Familia del Grial y el stablishment de la Iglesia prevalecieron durante siglos debido a su conflicto de intereses. Desde el Siglo I, la Roma imperial había decretado que los Herederos Mesiánicos debían ser perseguidos y pasados ​​a cuchillo. Entonces, una vez que la Iglesia Romana fue formalmente operativa desde el Siglo VI, la Dinastía Sagrada fue condenada para siempre por los Obispos. 

Fue esta condena formal la que dio lugar a Eventos como la Cruzada contra los Albigenses, en 1209, y las posteriores Inquisiciones católicas; estos brutales asaltos de la maquinaria papal fueron dirigidos específicamente contra los defensores y campeones del Concepto Original de la Realeza del Grial, contra el estilo de la pseudo-monarquía que había sido implementada por los Obispos de Roma. En términos prácticos, la Realeza de la Iglesia ha prevalecido desde la Siglo VIII y ha continuado a través de los Siglos, hasta nuestros días. 

Pero el hecho es que, en términos estrictos de la práctica soberana, todas esas Monarquías y Gobiernos afiliados han sido inválidos. La Realeza de la Iglesia es precisamente aquello que se nos ha vuelto tan familiar. Se aplica a todos los monarcas que alcanzan sus posiciones de Reinado a través de Coronación de la Iglesia por el Papa o cualquier otro líder cristiano -en Gran Bretaña, por el Arzobispo de Canterbury-. 

En cuanto a la verdadera Realeza, no había necesidad de Coronación, porque la Real y Majestuosa Herencia siempre fue considerada como llevada "en la sangre" -para ser precisos, en el ADN del Gra-al-. Para entender el Legado del Anillo, debemos ver cómo se hizo posible la Realeza de la Iglesia; en Primer Lugar por medio de un Documento llamado Donación de Constantino -un Documento que llevó a casi todas las injusticias sociales que ya se ha experimentado en el Mundo Cristiano. 

Toda práctica monárquica y gubernamental, durante siglos, se ha basado en el precepto inicial de esta Carta, pero, en realidad, su precepto dogmático es totalmente inválido.

Cuando la Donación de Constantino hizo su primera aparición en la mitad del Siglo VIII, fue denunciada por haber sido escrita por el Emperador Constantino unos 400 años antes, aunque curiosamente nunca se produjo tal cosa en el interín. Incluso fue fechada y lleva a su supuesta firma. Lo que el Documento proclama fue que, nombrado Papa del Emperador fue Representante Electo de Cristo en la Tierra, con el poder de "crear" los Reyes como sus subordinados desde que su Palacio se situaba por encima de todos los Palacios en el mundo! 

Las Disposiciones de la Donación fueron puestas en marcha por el Vaticano en el año 751, después de lo cual los Reyes Pescadores merovingios del Linaje del Grial en Gaul –o Galia- fueron depuestos y una nueva Dinastía fue suplementada por medio de una familia de alcaldes. Ellos fueron llamados Carolingios y su único Rey de importancia fue el legendario Carlomagno. Por medio de esta estrategia, toda la naturaleza de la Monarquía pasó de ser una oficina bajo la tutela comunitaria a una de poder absoluto y, en virtud de este cambio monumental, el duradero Código del Grial de servicio príncipesco fue abandonado así como los Reyes europeos se convirtieron en siervos de la Iglesia en vez de ser servidores del pueblo. 

El hecho es, sin embargo, que hace más de 500 años, en la Epoca del Renacimiento, emergió la prueba de que la Donación era una falsificación absoluta. Sus referencias en el Nuevo Testamento se refieren a la Biblia Vulgata Latina -una Edición traducida y compilada por San Jerónimo, que no nació hasta el año 340 DC., unos 26 años después de Constantino y el cual, supuestamente, firmó ese Documento! Aparte de eso, el lenguaje de la Donación, con sus numerosos anacronismos, es el del Siglo VIII y no guarda relación con el estilo de escritura de la Epoca de Constantino. 

Es conocido hoy como "el caso más famoso de falsificación en el mundo", pero a pesar de esto, el abrumador dictado de la Donación, consolidó el Papa como jefe espiritual y temporal supremo de la Cristiandad y ha prevalecido a pesar de todo. 

Antes del sometimiento formal del Grial por la Inquisición de la Iglesia en la Edad Media, los cristianos heterodoxos victimizados -o "herejes" como se les llamaba- incluidos a los Cátaros -Los Puros de la Región del Languedoc, en el Sur de Francia-. Los Cátaros fueron plenamente familiarizados con la Cultura del Señor de los Anillos y, según la Tradición, referida al Linaje Mesiánico como la Raza Elfica, venerándolos como Los Resplandecientes.

Esto es, por supuesto totalmente indicativo del mismo estilo que ofrecen los Antiguos Anunnaki -los Grandes Hijos del Señor Anu, también llamados Anna-Nagai: Los Resplandecientes.

En el lenguaje de la Vieja Provenza, una elfa era un "albi" y Albi fue el nombre dado al Centro Principal de los Cátaros en el Languedoc. Esto fue en deferencia a la Herencia matrilineal de la Dinastía del Grial, los Cátaros eran partidarios de los Originales Albigenses: la Línea de Sangre élfica que había descendido a través de las Reinas del Grial de antaño como Nin-Kharsag, Eresh-Kigal, Lilith, Miriam, Betsabé y María Magdalena.
Fue por esta razón que, cuando Simon de Montfort y los Ejércitos del Papa Inocencio III descendieron sobre la Región de Languedoc en 1.209, se llamó La Cruzada contra los Albigenses. A través de unos treinta y cinco años, decenas de miles de personas inocentes fueron asesinadas en esta campaña salvaje, todo porque los habitantes de la Región fueron defensores del Concepto Original de la Monarquía del Grial, contra el estilo inapropiado de la monarquía que había sido establecida por la maquinaria papal y su Documento falsificado. 

La antigua palabra {el}, que fue utilizada para identificar a un Dios o a un Elevado -como en El Elyon y El Shaddai-, en realidad significaba “brillante” en la Antigua Mesopotamia, Sumeria. Al Norte de Babilonia, el derivado {ellu} significaba Resplandeciente, al igual que {ilu}, en Akkad. Posteriormente, la palabra se extendió por toda Europa hasta convertirse en {ellyl}, en Gales; {aillil} en Irlanda, y {elf}, en Sajonia y en Inglaterra.

El plural de {el} era {elohim}: la misma palabra usada en los Textos Bíblicos Antiguos para referirse a los dioses, pero estratégicamente mal traducido para ajustarse a la Tradición judeo-cristiana de Un Dios. Curiosamente, en gaélico de Cornualles, Suroeste de Inglaterra, la palabra {el} era el equivalente del anglosajón {engel} y del francés antiguo {angele} que, en Inglés, se convirtió en “angel”.

Existe en Irán -Antigua Persia- y en las Islas Canarias, una gran planta llamada Arbol del Dragón. Esta Planta es de la variedad del Lirio, y su resina se conoce como “Sangre de Dragón”. El extracto rojo fue utilizado como un tinte ceremonial en el Este, donde se conoce como {lac}, cuyo pigmento derivado se encuentra hoy en el Color de la pintura para Artistas denominado Lago Escarlata [Scarlet Lake]. 

Los Dragones fueron muy importantes para la Descendencia de Los Resplandescientes, que eran ungidos en su instauración real con el Aceite graso del Dragón Sagrado; esencialmente, un gran varano monitor de cuatro patas nativo del Valle del Eufrates. En Mesopotamia, esta criatura se llamaba {mûs-hûs}, y en Egipto su equivalente era el {messeh}.
En la Unción, los Reyes fueron considerados para obtener la Destreza de la bestia sagrada, convirtiéndose así en {messehspor derecho propio -y es de donde deriva el término hebreo mesías -que significa Ungido-. Jesús no era de ningún modo único en este sentido -todos los Reyes sucesivos de la temprana Línea albigense fueron Mesías. 

En virtud del Arbol de Dragón, es fácil de reconocer por qué la Sangre del Dragón siempre se asoció con la Esencia de la Flor de Lis, o Lirio -e incluso por qué las Reinas del Grial de antaño le fueron dados, a menudo, nombres relacionados, como Lily, Lilith, Luluwa, Lilutu y Lillet. 

Es, de hecho, de la misma Tradición del Pigmento “lac” el cual pertenece a la misma familia de nombres de “du Lac” que llegó a ser prominente en la Tradición artúrica –como, por ejemplo, la Dinastía Borgoñona de la Reina Viviane du Lac, madre de Lancelot du Lac. Esto fue traducido al Inglés para convertirse en Lancelot del Lago [Lancelot of the Lake], pero su representación más correcta era Lancelot de la Sangre del Dragón. 

Junto a esto, la Dinastía del Grial también fue variando el estilo de la Casa del Acqs, que significa “de las Aguas”, de donde proviene la reinante Tradición de las Damas del Lago. La Rosa Cruz -o la Copa de Rocío-, el Emblema del Santo Grial -se vio asimismo identificado con la Sangre mesiánica celebrada en el Cáliz Sagrado del vientre materno. 

Esto puede, por lo tanto, observarse que los estilos de “du Lac” y “del Acqs” son totalmente sinónimos, como lo son en las Tradiciones Históricas del Dragón y el Grial. Estas Tradiciones siamesas son especialmente importantes en la Historia de la Sangre y el Agua, que fluía del costado de Jesús durante la Crucifixión -siendo emblemático el hecho de que él –Jesús- era realmente un Dinasta Real de Los Resplandecientes, o Annunaki. 

El concepto de Hadas –Fairies- del Folklore de las Hadas- nació directamente de las Culturas del Dragón y el Señor de los Anillos, siendo un derivado del griego {phare}, que significa “casa grande”. Es de ésta de donde la palabra “faraón” deriva también. En el mundo gaélico, se decía que en ciertas Familias Reales -sobre todo las de los Pendragones- que llevaban la Sangre de las Hadas –que es como decir, la Suerte o el Destino del Linaje del Grial y de la Humanidad en general-, mientras que las Doncellas élficas albigenses eran las designadas Guardianes de la Tierra, las Estrellas y el Bosque. 

Es por estas razones que las Hadas y los Elfos a menudo han sido retratados como Zapateros y Faroleros; los Zapateros de Hadas hacían los zapatos que miden los Pasos de la Vida, mientras que los Resplandecientes de la Raza élfica estaban allí para Iluminar el Camino. 

En términos nacionales, aún cuando las Hadas presentan una imagen muy extendida, que está particularmente asociada con Irlanda, donde están epitomizadas por los Antiguos Pueblos de Tuatha Dé Danann; este formidable Rey tribal era, sin embargo, mitificado por los monjes cristianos, quienes reescribieron la mayoría de las Historias irlandesas para satisfacer intereses particulares de su propia Iglesia en Eire. 

A partir de la base de unos Textos monásticos -que surgieron a partir de los Tiempos Medievales- es generalmente establecido que estas personas eran de la Tribu sobrenatural de la Diosa de la Agricultura, Danaë, de Argos, o tal vez de la Madre-Diosa del Egeo, Danu. Pero su verdadero Nombre, dictado en su Forma Más Antigua, fue Tuadhe d'Anu -y, como tal, eran el Pueblo, o Tribu de Anu, el Gran Dios del Cielo de los Anunnaki. 

A partir del año 751, la Iglesia aplicó todas las medidas posibles para disminuir el status de cualquier esfuerzo real que emanase de los Señores del Anillo Originales, para lo que la fraudulenta Donación de Constantino podía ser puesta en juego. A partir de entonces, sólo la sojuzgante Iglesia pudo determinar qué era y qué no era un Rey, mientras que los Elfos y las Hadas de los Albigenses fueron conducidos desde la vanguardia de la Historia hacia un Reino de aparente Fantasía y Leyenda. 

A este respecto, es significativo que los Elfos de El Señor de los Anillos, de Tolkien, son muy diferentes a los pequeños y bonitos caracteres de muchos Cuentos de Hadas, sino que son en realidad son Más Grandes y Más Poderosos que los mortales promedio. También están dotados de mayores Poderes de Sabiduría, que montan Caballos Mágicos y se parecen mucho más al Rey de la Antigua Tribu de Tuadhe d'Anu. 

Instalada en Irlanda a partir de alrededor de 800 AC., la Tuadhe d'Anu procedía de las tierras de los Escitas, en Europa Central, los Reinos del Mar Negro, que se extendían desde las montañas de los Cárpatos y los Alpes de Transilvania, al otro lado del río ruso Don. Ellos eran estrictamente conocidos como los Escitas Reales y su clasificación, como Destinos o Hadas ocurrió porque ellos eran Maestros de una Inteligencia Trascendente llamada Sidhé, que fue conocida por los Druidas como la Tela de los Sabios.

A medida que la Iglesia llegó al poder después del Siglo VIII a través de la implementación de la Donación de Constantino,  la “corriente subterránea” que apoyaba a los verdaderos Albigenses, encontró Métodos más estratégicos de preservar la Antigua Cultura del Linaje Real. 

En el transcurso de este, y basado sobre un Principio Tradicional del Folklore y la Leyenda, nació el concepto de Cuento de Hadas -Historias que no eran diferentes de muchas de las Parábolas propias de los Evangelios del Nuevo Testamento-. Eran igualmente ideados “para los que tienen oídos para escuchar”, mientras que otros, entre los no Iniciados se perciben simplemente como entretenimiento infantil de la Fantasía. 

Un Mensaje focal Clave incorporado en estos Cuentos de Hadas fue la comprensión de la importancia de perpetuar la Línea de la Familia Sangréal –de Sangre Real-, sin importar el poder de los Obispos y Reyes títeres de la Iglesia. Todo el escenario era presentado una y otra vez, como si se tratara de una pesadilla en la que la mujer -la Doncella élfica que llevaba el esencial ADN Mitocondrial- estaba fuera del alcance del Príncipe del Grial, por lo que su tortuosa Búsqueda para encontrarla fue similar a la Búsqueda del Santo Grial en sí. 

En consecuencia, muchos de los Cuentos que emanaron de esta base eran Historias de Novias perdidas y Realezas usurpadas, basadas en el sometimiento por parte de la Iglesia del Linaje del Grial. El ideal de Cuento de Hadas estaba esencialmente orientado a relacionar la verdad de estas persecuciones. Eran Cuentos alegóricos sobre la difícil situación de la Familia mesiánica -los Señores del Anillo del Sangréal, cuyos Hadas y Duendes, habiendo sido manipulados desde el plano mortal de la ortodoxia y el status quo- fueron confinados a Otro Mundo de existencia aparente.

Emergieron como Cuentos de Príncipes valientes que fueron convertidos en Ranas, de los Caballeros del Cisne que vagaban por el Yermo y Princesas del Grial encerradas en torres o puestas a dormir durante cientos de años. En el curso de la persecución, las Doncellas élficas fueron pinchadas con punzones, alimentadas con manzanas envenenadas, sometidas a los Hechizos o condenadas a la servidumbre, mientras que sus Campeones nadaron grandes lagos, lucharon a través de la espesura y escalaron poderosas torres para asegurar y proteger la Herencia matrilineal de los Albigenses. 

Estas Leyendas Románticas son Historias tan bien conocidas como la Bella Durmiente, Cenicienta, Blancanieves y Rapunzel. En todos los casos, el Tema de fondo es el mismo, con la Princesa cautiva -drogada, encarcelada o bajo alguna forma de restricción- fuera del alcance del Príncipe, que tiene que encontrarla y ponerla en libertad con el fin de preservar la Dinastía y perpetuar el Linaje. 

Fue durante el Período de la Dinastía Carolingia francesa -la Dinastía del Emperador Carlomagno-, que comenzó en el año 751, que se plantaron las Semillas de la mayoría de estas Historias populares, y es debido a las verdades inherentes que se encuentran detrás de estas Historias que las encontramos tan naturalmente atractivas.




[Continuará...]


El Reino de los Señores del Anillo [2]
El Reino de los Señores del Anillo [3]


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CITAS:

[1] John Ronald Reuel Tolkien; Bloemfontein, Sudáfrica, 1892-Bournemouth, Inglaterra, 1973.

8.11.2013

A PROPÓSITO DEL AMOR LLAMADO CORTÉS


Por Georges Duby









Es como Historiador, en concreto como Historiador de las sociedades medievales, que me aproximo a un objeto histórico, pero que, ante todo, es un Objeto literario, esa cosa extraña, el amor que nosotros llamamos amor cortés y que los contemporáneos de su primera expansión llamaban fine amour. Me gustaría someter a reflexión algunas proposiciones en cuanto a qué se puede entrever de la realidad de las actitudes que describen, durante la segunda mitad del Siglo XII, en Francia, una serie de poemas y de obras novelescas, preguntándome sobre las correspondencias entre lo que exponen esas canciones y esas novelas y, por otra parte, la verdadera organización de los poderes y de las relaciones de sociedad.

Tengo, así, la sensación de aventurarme de forma imprudente, y por dos razones: en primer lugar, porque no tengo más que un conocimiento secundario, por decirlo así, de esas Formas literarias; y después, y sobre todo, porque tropiezo inmediatamente con esta pregunta a la que es tan difícil responder en relación con las épocas más antiguas: 


¿Qué tipo de relaciones puede mantener una Literatura de este tipo, de ensueño, de evasión, de compensación, con los comportamientos concretos? 

Al menos un hecho es seguro: esta Literatura fue aceptada, ya que, si no, no quedaría nada de ella -a pesar de que el estado de la Tradición manuscrita hace plantearse si la aceptación fue tan rápida-. Pero hubo aceptación, y por tanto juego de reflejos, doble refracción. Para que fueran escuchadas, era necesario que estas obras estuviesen de algún modo relacionadas con lo que preocupaba a la gente para quien eran producidas, con su situación real. A la inversa, tampoco dejaron de influir en las maneras de comportarse de aquellos que les prestaban atención. Esto permite al Historiador confrontar el contenido de estas obras con lo que pueda conocer por otros testimonios de las estructuras y de la evolución de la sociedad feudal. Me arriesgaré, pues, a hacerlo.

Empezaré reduciendo a su expresión más esquemática el modelo inicial correspondiente al llamado amor cortés, sin tomar en consideración los deslizamientos que, a lo largo del Siglo XII, lo deformaron. Estos son sus rasgos: un hombre, un "joven", en el doble sentido de esta palabra -en el sentido técnico que tenía en aquella época, es decir, un hombre sin esposa legítima, y además en el sentido concreto, un hombre efectivamente joven, cuya Educación no había concluido-. 

Este hombre asedia, con intención de tomarla, a una dama, es decir una mujer casada, en consecuencia inaccesible, inexpugnable, una mujer rodeada, protegida por las prohibiciones más estrictas erigidas por una sociedad de linajes cuyos cimientos eran las herencias que se transmitían por línea masculina, y que, en consecuencia, consideraba el adulterio de la esposa como la peor de las subversiones, amenazando con terribles castigos a su cómplice. 

Por tanto, en el mismo corazón del esquema se encuentra el peligro. En una posición necesaria, ya que, por una parte, todo el picante de la historia procedía del peligro que se afrontaba -los hombres de la época consideraban, con razón, más emocionante cazar una loba que una becada- y, por otra, se trataba de una prueba en el curso de una formación continua, y cuanto más peligrosa es la prueba más formativa es.

Creo que lo que acabo de decir sitúa de manera muy precisa este modelo de relación entre lo femenino y lo masculino. El fine amour es un Juego, un Juego educativo; constituye la pareja del torneo. Al igual que en éste, cuyo momento de gran boga es contemporáneo de la expansión de la erótica cortesana, el hombre no arriesga en este Juego su vida, sino que expone su cuerpo -no me refiero al alma: el Objeto que trato de situar se forjó por entonces para afirmar la independencia de una Cultura -la de los guerreros- arrogante, decididamente erigida, en la alegría de vivir, frente a la Cultura de los Sacerdotes-. Al igual que en los Torneos, el joven arriesga su vida con intención de perfeccionarse, de aumentar su valor, su precio, pero también de ganar, de obtener gusto, de capturar al adversario después de haber roto sus defensas, después de haberle desarmado, derribado, vencido.

El amor cortés es una Justa. Pero a diferencia de esos duelos que se producían entre Guerreros, bien en medio de enfrentamientos tumultuosos que oponían a los competidores, o bien en el palenque de las ordalías judiciales, la justa amorosa opone a una pareja desigual, uno de cuyos miembros está destinado, por naturaleza, a caer. Por naturaleza, por fisiología, por las leyes naturales de la sexualidad; ya que se trata de eso, y el velo de sublimaciones, todas las transferencias imaginarias del cuerpo al corazón, no consigue disimularlo. 

No nos engañemos. El Traductor francés de la admirable obra de André, capellán del rey de Francia Felipe Augusto, Claude Buridant, la tituló Traité de l' amour courtois. Sin embargo, una joven medievalista americana, Betsy Bowden, eligió un título que le cuadra mejor, The Art of courtly copulation, y muy recientemente, Daniéle Jacquart y Claude Thomasset han propuesto contemplar este Texto como un manual de sexología. Efectivamente, los ejercicios lúdicos de que hablo exaltaban ese valor que la época situaba en la cima de los valores viriles, es decir de todos los valores, la vehemencia sexual, y para que se avivase el placer del hombre le pedía que disciplinara su deseo.

Rechazo de plano a los comentaristas que han visto en el amor cortés un invento femenino. Era un juego de hombres, y de todos los Escritos que invitaban a dedicarse a él hay muy pocos que no estén marcados en profundidad por rasgos perfectamente misóginos. La mujer es un señuelo, similar a esos maniquíes contra los cuales el caballero nuevo se arrojaba en las demostraciones deportivas que seguían a las Ceremonias en las que se le armaba solemnemente. 


¿Acaso no se invitaba a la mujer a engalanarse, a ocultar y enmascarar sus encantos, a hacerse de rogar durante mucho tiempo, a no entregarse más que poco a poco mediante progresivas concesiones, con el fin de que, en las prolongaciones de la tentación y del peligro, el joven aprenda a controlarse, a dominar su cuerpo?

Las pruebas, la pedagogía y todas las expresiones literarias del amor cortés deben ser relacionadas con el vigoroso impulso de progreso que alcanzó su mayor intensidad durante la segunda mitad del Siglo XII. Eran al mismo tiempo el instrumento y el producto de ese crecimiento que liberó a la sociedad feudal de su salvajismo, civilizándola. La proposición, la recepción de una nueva forma de relaciones entre los dos sexos sólo se comprende por la referencia a otras manifestaciones de este flujo. No pienso, lo que quizá sorprenda, en una mejora particular de la mujer; no lo creo. 

Aunque hubo una mejora de la condición femenina, al mismo tiempo, y de igual intensidad, la hubo de la condición masculina,- de tal modo que la diferencia siguió siendo la misma y las mujeres siguieron siendo -temidas, despreciadas y, al mismo tiempo, muy sumisas, lo que, por otra parte, atestigua sin dejar lugar a dudas la literatura cortesana. 

Pienso en ese movimiento que hizo por entonces que el individuo, la persona, se separase del gregarismo; pienso en lo que, emanando de los Centros de Estudios eclesiásticos, daba a la sociedad mundana la calderilla, por una parte las reflexiones de los pensadores sacros sobre la encarnación y sobre la caritas, y, por otra, el eco un tanto sesgado de una lectura asidua de los clásicos latinos.

Es evidente que los héroes masculinos que los Poetas y Narradores cortesanos proponían como modelo fueron admirados e imitados durante la segunda mitad del Siglo XII. Los caballeros, al menos en el entorno de los mayores príncipes, se aplicaron a ello. Hay algo que es seguro: si Guillermo, el Mariscal estando aún soltero, fue acusado de haber seducido a la esposa de su señor, fue porque tales empresas no eran excepcionales. Los caballeros se aplicaron a ello porque las reglas de ese Juego ayudaban a plantear mejor, e incluso a resolver, algunos problemas acuciantes de la sociedad que se planteaban en la época, cuyos supuestos se articulaban con las proposiciones del fine amour. De qué manera lo hacían es lo que me gustaría explicar en pocas palabras.

Comenzaré por lo privado, es decir por las cuestiones que las estrategias matrimoniales producidas en la sociedad aristocrática,suscitaban en cuanto a las relaciones entre el hombre y la mujer. Ya he tratado desde diversos ángulos estas estrategias y la moral en la que se apoyaban. Resumiré mi visión simplemente afirmando que me parece que prepararon directamente el terreno para la Justa entre el joven y la dama. Las severas restricciones a la nupcialidad de los jóvenes multiplicaban en este entorno social el número de hombres no casados, celosos de aquellos que tenían una esposa en su lecho, frustrados.

No me refiero a frustraciones sexuales, que encontraban fácilmente medio de disolverse, sino a la esperanza obsesiva de hacerse con una compañera legítima con el fin de fundar una casa propia, establecerse, y los fantasmas de agresión y de rapto que esta obsesión alimentaba. Por otra parte, los acuerdos de esponsales se concluían casi siempre sin tener en cuenta para nada los sentimientos de los prometidos; la noche de bodas, una hija demasiado joven, apenas púber, era entregada a un joven violento al que nunca había visto. 

Finalmente también intervenía esa segregación que a partir de los siete años situaba a los niños y a las niñas en dos universos totalmente separados. Por tanto, todo se conjuraba para que se estableciera entre los cónyuges no una relación ferviente, comparable a lo que es para nosotros el amor conyugal, sino una relación fría de desigualdad: en el mejor de los casos se trataba de dilección condescendiente por parte del marido y de reverencia medrosa por parte de su mujer.

Ahora bien, estas circunstancias hacían deseable el establecimiento de un Código cuyos preceptos, destinados a aplicarse fuera del área de la conyugalidad, sirvieran de complemento del derecho matrimonial y se construyeran de forma paralela a éste. Rüdiger Schnell, en Alemania, ha demostrado magistralmente que la intención de André Le Chapelain consistió en trasladar todas las Reglas que los moralistas de la Iglesia acababan de crear a propósito del Matrimonio, al terreno del juego sexual. 

Este tipo de Código era necesario para contener la brutalidad, la violencia, en el progreso hacia la civilidad que he mencionado. Se esperaba que este Código, al ritualizar el deseo, orientase hacia la regularidad, hacia una especie de legitimidad, las insatisfacciones de los esposos, de sus mujeres, y sobre todo de esa masa inquietante de hombres turbulentos a los que las costumbres familiares condenaban al celibato.

Esta función de regulación, de ordenamiento, me lleva a considerar otra categoría de problemas: aquellos relativos al orden público, problemas propiamente políticos que la codificación de las relaciones entre los hombres y las mujeres podía ayudar a resolver. Los Historiadores de la Literatura han llamado a este amor, con propiedad, amor cortés. Todos los Textos a través de los cuales conocemos sus normas fueron escritos en "cortes" del Siglo XII, bajo la mirada de príncipes y para satisfacer sus deseos. 

En un momento en el que el Estado comenzaba a separarse del enmarañamiento feudal, en el que, dentro de la euforia propiciada por el crecimiento económico, el poder público se sentía nuevamente capaz de modelar las relaciones sociales, estoy convencido de que el mecenazgo principesco favoreció deliberadamente la institución de estas liturgias profanas, algunos de cuyos ejemplos eran Lancelot o Gauvain. 

Era un medio de incrementar la influencia del poder soberano sobre esa categoría social -quizá la más útil para la reconstrucción del Estado, pero también la menos dócil-, que era la caballería. Efectivamente, el Código del fine amour servía a los proyectos del príncipe de dos maneras.

En primer lugar, realzaba los valores caballerescos, afirmaba en el terreno de los alardes, de las ilusiones, de las vanidades, la preeminencia de la caballería que, de hecho, minaba insidiosamente la intrusión del dinero, el ascenso de las burguesías. El fine amour practicado en la honestas, fue presentado como uno de los privilegios del cortesano. El villano estaba excluido del Juego; de este modo el fine amour se convirtió en un criterio primordial de distinción. 

Sólo demostrando su capacidad para transformarse mediante un esfuerzo de autoconversión similiar a aquel que cualquier hombre debía realizar si quería, subiendo un peldaño en la jerarquía de los méritos, ingresar en una comunidad monástica, sólo proporcionando la prueba de que podía jugar ese Juego de forma adecuada, el advenedizo, el Comerciante enriquecido gracias a los negocios, conseguía hacerse admitir en ese mundo particular, la corte, encerrado, como el Jardín del Roman de la Rose, por un muro. Sin embargo, dentro de esta clausura, la sociedad cortesana era diversa. Consciente de esta diversidad, el príncipe pretendía atarla más corto, dominarla.

Así pues, el papel del mismo criterio consistía en resaltar la diferencia entre los diferentes cuerpos que se enfrentaban en torno al señor. En su extrema "finura" el amor no podía ser el del clérigo, ni el del "plebeyo" como dice André Le Chapelain, es decir el del hombre de dinero. De entre los miembros de la corte, era característico del caballero. En el propio seno de la Caballería, el ritual también contribuía de otra manera, complementaria, al mantenimiento del orden: ayudaba a dominar al sector tumultuoso, a domesticar a la "juventud". El juego amoroso era, en primer lugar, educación de la mesura. Esta es una de las palabras claves de este vocabulario específico. 

Al invitar a reprimir los impulsos, era en sí mismo un factor -de calma, de apaciguamiento; sin embargo, este Juego, que era una Escuela también incitaba a la competencia. Se trataba, superando a los contrarios, de ganar lo que estaba en juego, la dama. El Señor, el jefe de la casa, aceptaba situar a su esposa en el centro de la competición, en una situación ilusoria, lúdica, de primacía y de poder. La dama negaba a tal sus favores, concediéndoselos a tal otro. Hasta cierto punto, el Código proyectaba la esperanza de conquista como un espejismo en los límites imprecisos de un horizonte artificial. Como dice G. Vinay, son "fantasías adúlteras".

De este modo la Dama tenía la función de estimular el ardor de los jóvenes, de apreciar con sabiduría, juiciosamente, las Virtudes de cada uno. Presidía las rivalidades permanentes y premiaba al mejor, que era aquel que la había servido mejor. El amor cortés enseñaba a servir y servir era el deber del buen vasallo. De hecho, fueron las obligaciones vasalláticas las que pasaron a localizarse en la gratuidad de la diversión, pero exigiendo, en cierto sentido, más agudeza, ya que el objeto del servicio era una mujer, un ser naturalmente inferior. El Aprendiz, para adquirir mayor dominio de sí mismo, se veía obligado por una pedagogía exigente, y tanto más eficaz, a humillarse. El ejercicio que se le pedía era de sumisión; también era de fidelidad, de olvido de sí mismo.

Los Juegos del fine amour enseñaban en realidad la amistat, como decían los trovadores, la amicitia según Cicerón, promovida, con todos los valores del estoicismo, por el Renacimiento, por esa vuelta al humanismo clásico que se dio en el Siglo XII. Lo que el Señor esperaba de su hombre es que éste deseara el bien del prójimo más que el propio. No hay duda -y para convencerse de ello basta con releer los Poemas y las Novelas- de que el modelo de la relación amorosa fue la amistad viril.

Esto lleva a preguntarse sobre la verdadera naturaleza de la relación entre los sexos. Acaso la mujer no fuera más que una ilusión, una especie de velo, de tapadera, en el sentido que Jean Genet dio a este término o, mejor, un intérprete, un intermediario, la mediadora. Es lícito preguntarse si, en esta figura triangular -el "joven", la Señora y el Señor- el vector mayor que se dirige abiertamente del amigo hacia la Dama no rebota en este personaje para dirigirse hacia el Tercero, su verdadero Objetivo, e incluso si no se proyectaba hacia éste sin rodeos. 

Las observaciones de Christiane Marchello-Nizia en un buen Artículo obligan a plantearse la siguiente, pregunta: en esta sociedad militar, ¿No fue en realidad el amor cortés un amor de hombres? Contestaré gustosamente, al menos en parte: estoy convencido de que al servir a su esposa, aplicándose, plegándose, inclinándose, lo que los jóvenes pretendían conseguir era el amor del Príncipe. 

Del mismo modo que apoyaban la Moral del Matrimonio, las Reglas del fine amour reforzaban las de la moral vasallática. De este modo sostuvieron en Francia, durante la segunda mitad del Siglo XII, el renacimiento del Estado. Disciplinado por el amor cortés, ¿Acaso el deseo masculino no fue utilizado con fines políticos? Esta es una de las hipótesis de la incierta y titubeante investigación que estoy llevando a cabo.


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