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4.26.2012

UNA CONTRATAPA

Por Damián Tabarovsky




En los 90, Luis Magrinyà publicó dos libros de cuentos en Debate, cuyo editor era Constantino Bértolo. Luego pasó a publicar en Anagrama. Y Bértolo, siempre en Madrid, se convirtió en editor de Caballo de Troya –del grupo RHM–, donde armó uno de los catálogos más interesantes del habla hispana (sólo matizado por algún escritor argentino, evidentemente publicado en exceso). Las contratapas de Bértolo se han vuelto famosas por ser piezas maestras de crítica literaria. Recientemente reeditó en Caballo de Troya aquellos dos libros de Magrinyà, y la contratapa es tan genial, que me despido hasta la semana que viene, dejándolos en manos del texto completo: 

“Un editor tenía dos autores y uno de ellos, el que menos libros vendía, le dijo un día: ‘Editor, quiero conocer más mundo y que el mundo entero conozca mis escritos, no hagamos debate de esto, dame pues la parte de los derechos de autor que me corresponde por dos libros de cuentos’. Y el editor, con dolorido sentir, comprendió lo justo de sus deseos. Fue así que aquel autor se marchó a un sello editorial bien afamado donde invirtió sus talentos, acrecentó renombre, mereció entrevistas y obtuvo premios, alcanzando condición y prestigio. Cuando hubo gozado de todo ello, le sobrevino nostalgia por aquellos primeros tiempos y libros en que todo era promesa de futuro y sintió deseos de liberarse, aunque fuera por un día, de las pompas con que la púrpura atosiga a sus hijos.
Y, entrando en sí mismo, se dijo: ‘¡Cuántos nuevos narradores de mi viejo editor tienen horizontes en abundancia, mientras yo aquí me muevo apacentando tesinas, famas, interrogatorios, congresos y presentaciones predecibles. Me levantaré, iré donde mi viejo editor y le diré: ‘Pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado autor tuyo, trátame como a uno de tus rechazados’. Y levantándose, partió en busca de su antiguo editor. Estando todavía lejos, le vio el editor y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le firmó un nuevo contrato, por cinco años y sin incluir sus derechos digitales. Contento, dijo a sus colaboradores: ‘Traed aprisa al mejor diseñador gráfico y maquetad de nuevo sus libros, ponedle una cubierta a color y demos un gran recibimiento a este retorno impredecible. Desprogramemos el presunto best seller, y celebremos una fiesta, porque este autor mío estaba lejos y ha vuelto; estaba ajeno y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta.
El otro escritor, el que más vendía, estaba en la Feria del Libro de Guadalajara y, al volver, cuando se acercó a casa, oyó la música y las danzas; y, llamando a la Jefa de Prensa, le preguntó qué era todo aquello. Ella le dijo: ‘Ha vuelto el otro autor y vuestro editor ha encargado un marketing completo, porque lo ha recobrado sano’. El escritor que más vendía (aunque tampoco era para tanto) se irritó y no quería entrar. Salió el editor y le suplicaba. Pero él replicó: ‘Hace años que publico contigo y jamás me has hecho una promoción como es debido, ¡Y ahora que ha venido ese escritor, quien en su día se marchó hacia editoriales con más glamour y ventas, has encargado un marketing completo para él!’. Y el editor le dijo: ‘Hijo, tu siempre estarás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse porque este hermano tuyo estaba en extravío y ha vuelto; estaba perdido y ha sido hallado’. ‘Me voy con otro –respondió ofendido el escritor que más vendía aunque no era para tanto–, a una editorial independiente si hace falta. Con tus devoluciones te lo comas’. Y dirigió sus pasos hacia la lista de libros más vendidos, donde fue tragado y digerido y comprado y hasta leído, gozoso y bienvenido, el autor pródigo entró en el vientre del Caballo de Troya y fue lo nunca visto y lo nunca oído y por una vez Casandra amó el presagio y se llenó de júbilo”.

Ilustración: Virgo Paraíso
Diseño Gráfico: Andrés Gustavo Fernández

4.04.2011

EL SOBRINO DE LA TÍA JULIA

Por Juan José Oppizzi


Sus Artículos en ADN CreadoreS




El escritor Mario Vargas Llosa publicó en estos días de Marzo de 2011 una carta dirigida a protestar por lo que él llamó un “pedido de censura”. Fue por la anterior carta pública del director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, sugiriendo a los organizadores de la anual Feria del Libro de Buenos Aires que no lo incluyeran como invitado para abrirla. Tal misiva está impregnada de ese lloroso quejido que emiten los que siempre desean ser víctimas de la censura. El asunto es: ¿a qué censura se refiere el señor Vargas Llosa? Nadie le impide asistir a la Feria del Libro. La posición de Horacio González no pasó de ser una sugerencia a los organizadores a fin de que no se lo invitara a encabezar la apertura, no para que se le impidiera asistir. En todo caso, lo que el director de la Biblioteca Nacional hizo fue usar de su derecho a cuestionar las ideas de cualquier persona, según los principios de libertad que Mario Vargas Llosa dice defender. Salvo, claro, que el señor Mario se crea incuestionable. No voy a juzgar acá la conveniencia o la inconveniencia de tal expresión de deseos de González (aunque pienso que le dio a Vargas Llosa un libreto que no era necesario darle); lo que me interesa es la retorcida argumentación que despliega el escritor ex-peruano (se nacionalizó español).

Primeramente debo hacer notar que me parece una ingratitud de parte de Vargas Llosa el criticar a Jorge Rafael Videla. La dictadura del Proceso, y las de todos los países latinoamericanos triturados en la década de los setenta, cumplieron –bajo la sabia dirección de Henry Kissinger– con el trabajo sucio que les permitió a los liberales hacer sin mucha resistencia el horroroso experimento socioeconómico de los noventa, al que el señor escritor ex-peruano defiende con tanta pasión. Vargas Llosa pertenece a una organización internacional que maneja el franquista (reciclado en el discurso) ex Presidente del Gobierno de España, José María Aznar, encargada de difundir los idearios más cavernícolas del capitalismo mundial y de disfrazarlos con argumentos buenitos. En su momento también colaboró con la oscura y fanática secta fascista del reverendo coreano Moon. Además, convendría recordarle a este campeón de la libertad el poco (el ningún) brío que sus colegas de ideología liberal (Fraga Hiribarne, Aznar, Büchi, Alsogaray, Sormann, Fukuyama, etc) pusieron en criticar las barbaridades cometidas en los años de plomo de América Latina. La censura de su libro La tía Julia y el escribidor bajo la bota de Videla fue una de las torpezas medievales de alguien que, como el obtuso militar argentino, no tenía la agudeza ni la astucia como para ver el panorama a largo plazo (¡Perjudicar a alguien que luego estaría en el mismo segmento político de tantos seguidores del Proceso!). Convengamos, también, en que Vargas Llosa en esa época aún no había puesto decididamente su talento literario al servicio de una siniestra derecha internacional, y que, por eso, la condena a las “horrendas dictaduras militares” le es a él mucho más cómoda que la que puede emitir algunos de los otros liberales con conciencia sucia.

La calificación de “piqueteros intelectuales” y “kirchneristas” al grupo de intelectuales de “Carta abierta” me parece de una cortedad burda. Se entronca con el criterio que muchos ideólogos argentinos de orientación parecida a la de Vargas Llosa utilizan para medir a cualquier opinante: si no descarga sobre el gobierno los dardos que consideran obligatorios, recibe motes despectivos. ¿Se puede calificar de “piqueteros intelectuales” y “kirchneristas” al recientemente fallecido David Viñas, a Osvaldo Bayer, a Vicente Battista? (ya sufren, en otros ámbitos, las estampillas de traidores Víctor Hugo Morales, Horacio Verbisky, Eduardo Aliverti, Liliana Daunes, Ricardo Forster, Teresa Parodi, León Gieco, etc.) ¿Se puede embolsar a un grupo de intelectuales que sufrió –mucho más que el señor Vargas Llosa– la persecución de la dictadura argentina de 1976-1983 en el mismo criterio censor de los criminales que los acosaron? ¿No es una injusticia flagrante, un sarcasmo destructivo?

El cuerpo principal de la carta de Mario Vargas Llosa está dedicado a criticar al nacionalismo. Nada más fácil y redituable, expositivamente hablando, en virtud de los antecedentes que se registran de la confusión entre amor al terruño y xenofobia; especialmente si se lo hace desde un falso punto de vista de la libertad. Y él apela a argumentos falaces: involucra a San Martín y al Che Guevara en el palabrerío sofístico. ¡Tan luego al Che!, a quien su hijo Alvarito no duda en tachar de “idiota delirante” en ese panfleto irrespetuoso y mendaz llamado Manual del perfecto idiota latinoamericano y que papá Mario avala en un vistoso prólogo. Dice en un párrafo de su misiva: “Si tal mentalidad hubiera prevalecido siempre en la Argentina (se refiere a lo que llama “estrecho nacionalismo de los intelectuales kirchneristas”), el General José de San Martín y sus soldados no se hubieran ido a inmiscuir en los asuntos de Chile y Perú y, en vez de cruzar la Cordillera de los Andes impulsados por un ideal anticolonialista y libertario, se hubieran quedado cebando mate en su tierra...” ¡Increíble!; justamente él, Vargas Llosa, encomia el ideal “libertario y anticolonialista”, cuando, por su credo neoliberal, al mismo tiempo apoya las rapacidades colonialistas y antilibertarias del capitalismo. Y no menos absurda es su alusión al Che: dice que, de seguir las directivas kirchneristas, “...se hubiera eternizado en Rosario, ejerciendo la medicina en vez de ir a jugarse la vida por sus ideas revolucionarias y socialistas en Guatemala, Cuba, el Congo y Bolivia.” ¡Nuevo hallazgo!; usa de arma lo mismo que en otras ocasiones –las más– se desgañita en descalificar; habla admirativamente de las ideas “revolucionarias y socialistas”, cuando otras veces se llena la boca con el libreto de que los ideales sólo deben alimentar el arte y no pretender influencia sobre la sociedad.

Pero, como todo sofista, puede tropezar en piedras desconocidas. Habla de su admiración por Juan Bautista Alberdi y le adjudica que “...llevó su amor a la justicia y a la libertad a oponerse a la guerra que libraba su propio país contra Paraguay, sin importarle que los fanáticos de la intolerancia lo acusaran de traidor”. Allí parece tener un bache referencial. ¿Sabrá don Mario que la Guerra de la Triple Alianza tuvo como artífices y sostenedores fanáticos a Bartolomé Mitre y a Domingo Faustino Sarmiento, sucesivos presidentes argentinos? ¿Sabrá que esas veneradas figuras del “período liberal” del siglo XIX intercambiaban correspondencia confidencial en donde se planeaba el exterminio de toda la población paraguaya y la destrucción del Paraguay como país? ¿Sabrá que los motivos de la guerra no fueron ni el nacionalismo (al que, obviamente se usó para justificar la matanza) ni ideal alguno, sino el pedestre deseo de eliminar a un creciente competidor comercial, es decir la muy capitalista costumbre del monopolio económico?

El gran escritor ex-peruano cae luego en la remanida selección (muy propia del discurso neoliberal de los noventa) de las izquierdas latinoamericanas: rescata los regímenes que estuvieron o están en el poder en Chile, Brasil y Uruguay. Les adjudica haber sido “capaces de renovarse, renunciando no sólo a sus tradicionales convicciones revolucionarias reñidas con la democracia ‘formal’ sino al populismo, al sectarismo ideológico y al dirigismo, aceptando el juego democrático, la alternancia en el poder, (y aquí viene la inevitable exposición de colmillos) el mercado, la empresa y la inversión privadas, y las instituciones formales que antes llamaba burguesas”. Hace lo mismo que ciertos sectores de la derecha argentina: pondera de lejos lo que aborrecería de cerca. Me pregunto qué calificativo le merecería a la muy puntillosa camarilla neoliberal vernácula la presencia en el sillón de Rivadavia de un José Mujica o de un Lula Da Silva. Seguramente dirían que José Mujica es “ese tupamaro bruto” y que Lula Da Silva es “ese negro resentido”. Para los Vargas Llosa la única izquierda potable es la remota o la inexistente. Ni soñar con tocarle un pelo a la insignes empresas e inversiones privadas, al dios Mercado y a las venerables instituciones burguesas. Por supuesto, las frutillas del postre son los gobiernos de Cuba y de Venezuela: ahí la argumentación parece calcada de “Selecciones del Readers digest” (tal vez una de las fuentes formativas principales de su etapa liberal, sea ese pasquín afortunadamente desaparecido).

La penúltima parte de la carta de Vargas Llosa adquiere el suspenso de una mala película yanqui, en donde el populacho enloquecido, en Rosario, asaltó un ómnibus e intentó asesinar a los asistentes a una conferencia de liberales (entre los cuales estaba él). Según su conclusión, eso ilustra “la triste vigencia de aquella confrontación entre civilización y barbarie que describieron con tanta inteligencia y buena prosa (si bien con grandiosa injusticia y parcialidad, diría yo) Sarmiento en su Facundo y Esteban Echeverría en ese cuento sobrecogedor que es El matadero”. ¡Qué horror! ¡Hordas salvajes, asaltando un vehículo en donde viajaban los más civilizados representantes de las más modernas y elevadas concepciones filosóficas del mundo, que la masa ignorante no comprende! ¡Menos mal que ese linchamiento no se produjo! (como suele suceder en los relatos que requieren la presencia del autor para difundirse).

Y la última parte de la carta es increíble. Llega al extremo de presentar –con pena, eso sí– a Horacio González como un eventual destructor de libros de la Biblioteca Nacional que no coincidan con sus convicciones políticas o que desentonen con las corrientes progresistas del pueblo argentino.

Lo que debería apenar a Mario Vargas Llosa es haber tirado por la borda un pasado lúcido y haberlo cambiado por un presente lleno de dogmatismos fósiles a los que ve en los adversarios pero no en su propio razonamiento.





7.22.2008

LA MAESTRA DEL VACIO.

Por Pedro Valtuille







Brighton, Inglaterra, 24 de Diciembre de 1980. Fuí invitado por un amigo japonés, pintor Zen especializado en vidrieras, de nombre Shigeru Yoshida, a una cena de Nochebuena. Shigeru sabía que en Caracas yo había conocido en 1975 a un Sensei de Shorinji Kempo, Yoshio Hama, quien sería mi primer mentor en el ámbito del Budismo Zen. 


Yo le había contado que en el ´75 Kazuo Wada me había iniciado el la práctica del Karate-Do Shitu Ryu y como a través de él había conocido a Yoshio Hama, Sensei de Shorinji Kempo, y mis viencias con él en relación al Zen... También le conté que en Caracas había conocido a Ishiyama, a Carlos Moreno y... al Shihan Shoko Sato para quien mi padre había trabajado como transportista de sus alumnos...

Yo le había contado a Shigueru mis Vivencias, de hacía varios años, de Shunyata y de Maha-Shunyata... Shigueru también sabía que realizaba una Disciplina de Dhyana intensa, pues a diario Meditaba de 6 a 8 de la mañana y de 21 a 21:30; además de las prácticas en Vipassana, Metta y otras en diversos Centros y Grupos Budistas, como los Friends of the Western Buddhist Order, Lamas Tibetanos y Diversas Escuelas Mahayana...


Así que Shigeru me preparó un Regalo inesperado...


La Cena de Nochebuena la daba en su habitación. Allí­ no habí­a cuarto de baño ni ningún tipo de cuarto, compartimento o biombo, sólo una pequeña habitación donde él viví­a. A la Cena estaban invitados cuatro amigos suyos japoneses: un Señor experto en Flamenco, dos Señoras Cristianas y la Dama que no me fue presentada, a la cual denomino Maestra del Vací­o... pues Ella fue el Regalo.


A las dos japonesas Católicas y al Señor experto en guitarra española les hací­a mucha gracia que yo estuviera tan interesado en el Budismo Zen y en la Cultura Japonesa, mientras que ellos tres lo estaban de la Cultura Española... Nos reímos todos por ello.
Pero veamos el Regalo que me hizo la Maestra del Shunyata, una mujer experta en Ikebana
Cha-no-yu o Ceremonia del Te, desde la perspectiva Zen. 

Es importante saber que en ningún momento Ella salió de allí­, ni se maquilló o desmaquilló estilo Geisha, ni se quitó o cambió de ropa. Su Regalo fue el mostrarme su Dominio del Vací­o. Para ello me hizo vivir intensamente el momento presente. Como una Maestra del Teatro me hizo cuatro representaciones en vivo, sin yo saber que lo hací­a...

Veamos Su Destreza en la Representación y en el dominio del Shunyata... En cada representación viví­a con intensidad el momento presente sin poder recordar las escenas anteriores. Cada escena duró aproximadamente una hora.


Primera Escena: Cuando entro en la habitación la Dama es una Joven de unos 16 años. Shigueru me presenta a todos menos a esta 
ꞋjovenꞋ, al menos yo no lo recuerdo. La ꞋjovencitaꞋ era bellísima y estaba decorando cuando yo entré.

Ella no se inmutó ni me miró, y siguió haciendo su trabajo durante una hora, más o menos, sin parar. Durante toda esta Escena todos mis sentidos estuvieron enfocados en Ella, no podía dejar de mirarla... habí­a tanta Belleza y Armoní­a en cada gesto y movimiento suyo... no había visto tanta perfección, nada igual en mi vida... 

Ella no me miró ni me habló en ningún momento, estaba plenamente centrada en la decoración, en crear Belleza. Pero Ella era la Belleza en sí­ misma, todos mis sentidos no podían dejar de focalizarse en Ella...

Segunda Escena: Ahora Ella aparentaba unos 23 años y yo pasé a ser el centro de atención de todos sus sentidos, cada gesto o movimiento mío durante la cena atraí­a todos sus sentidos. Su mirada era profunda y penetrante... En esta Escena no hubo tampoco cruce de palabras, yo hablaba con los demás en inglés mientras Ella me observaba... Durante todo el tiempo también viví intensamente el presente sin recordar la escena anterior...


Tercera Escena: Ahora la Dama aparentaba unos 35 años... Sigo sin recordar sus anteriores aspectos, ya que me hacía vivir muy intensamente cada Escena, momento a momento... Por tanto, no noto el instante del cambio de cada Escena. En esta Tercera Representación yo me convierto en el blanco de sus crí­ticas...


Cuarta Escena: En esta aparenta unos 45 años y sigo sin recordar las escenas anteriores. Esta vez, durante todo el tiempo, Ella se convirtió en el blanco de mis críticas mentales; por cada comentario que hacía, por su conversación, por cada gesto o movimiento... por todo...


Fin de Escena, Acción Maestra y Dominio de la Vacuidad: Nada más salir de la Habitación, y despedirme de Shigueru y de sus amigos, la Maestra Desapareció Absolutamente de mi Consciencia, sin dejar la más mí­nima huella. Podí­a recordar al Sr. Yoshida, al guitarrista y a las dos Señoras Católicas, mas no a la Maestra de Chanoyu...


Y así­ pasaron unos 23 dí­as en Inglaterra sin recordarla. Regresé a León, España, y pasaron varios meses... Seguí­a recordando sólo a tres japoneses, a parte de mi amigo Shigueru, con quien mantenía correspondencia.


Un día entré en la ya desaparecida librería Pisa, y en la sección de Orientalismo cogí un Libro de Okakura: La Ceremonia del Te. Un libro publicado en Kairós. Antes de abrir el Libro cerré los ojos dirigiéndome a lo Profundo y anhelando intensamente conocer la Esencia de la Ceremonia del Te, no el Procedimiento...


Al abrir el Libro por la mitad, al azar, ví el título del Capítulo que comenzaba:
Te: Virtualidad... y lo leí. Trataba de la Esencia de la Ceremonia y se narraba la historia de un matrimonio occidental, quienes llegan a Japón invitados por un amigo que residía en Kyoto. 

Ya en la Ciudad de los Jardines, los Templos Zen y las Geishas, el amigo les invita a presenciar una Ceremonia de Te. Una vez dentro del recinto, sale una joven bellísima que les sirve el Té, de tal forma, que la pareja queda hondamente impresionada, por la Armoní­a que desprendí­a la joven en cada gesto y movimiento... 

Pasa un tiempo y la pareja de occidentales siguen impresionados por tal Perfección... Entonces el amigo japonés les dice que la joven es solo una principiante, que el Maestro les sirvió después, con tal Perfección, que les pasó absolutamente desapercibido... Cerré el Libro y, entonces, ¡Lo recordé todo!... Recordé a la Maestra del Vací­o, sus Cuatro Escenas, y el toque Maestro de Dominio del Shunyata al final... 

¡Qué Regalo! La Historia del Libro se quedaba corta ante la destreza de esta Maestra, pues Esta habí­a hecho el papel de Aprendiz, me habí­a impresionado muy intensamente en Tres Escenas posteriores para, a continuación, desaparecer plenamente de mi Consciencia sin dejar huella... 

Esto iba mucho más allá de lo realizado por el Maestro aquel de Kyoto quien, aprovechando el impacto que la Principiante habí­a causado en la pareja, El les habí­a servido posteriormente pasando desapercibido...

Abrí­ de nuevo el Libro, pero no encontré el Capí­tulo. Miré el I­ndice: Pero 
Te: VirtualidadꞋ no aparecí­a. Revisé el Libro durante una hora, más o menos, y ¡Nada!... lo que sí pude comprobar fué que el Texto invisible que habí­a visto tení­a el mismo tipo de Letra, incluso la Letra del Tí­tulo era igual.... 

¡Había leí­do un Capítulo invisible, inexistente! Una amiga compró ese mismo ejemplar, el único que quedaba en esa Librerí­a, lo leí­ entero y me decepcionó. Efectivamente el Capí­tulo no estaba. Le dediqué el Libro a esa amiga, con el Capí­tulo invisible incluido...

Días después me llegó una carta que Shigueru me había enviado con una foto hecha aquel dí­a y... ¡La Maestra aparentaba unos 56 años, o quizás más, y no era nada atractiva... ¡Qué Maestr­a! ¿Cómo pudo realizar la Primera Escena mostrando tanta Belleza y Juventud? ¿Y el toque Maestro final desapareciendo de mi mente, después de haberme impactado tanto sensorialmente durante varias horas?


Varios años después encontré la misma Historia del Capí­tulo inexistente, que ví­ proyectado en la obra de Okakura, en un Libro de Antonio Blay Fontcuberta titulado Los Yogas, de Editorial Cedel. La historia es contada por Blay en el Capí­tulo dedicado al Zen y, evidentemente, el Tí­tulo no era 
Te: Virtualidad ni el tipo de Letra era el mismo. 

La Historia era más light que la del Capítulo invisible, pues en ella el amigo japonés sólo señalaba la posibilidad de que un verdadero Maestro les hubiera servido sin dejar rastro en la Consciencia.

El Mensaje: Veamos ahora el Mensaje que nos da esta Maestra. Ella Representó las Cuatro Variedades básicas extremas de impactos que nuestra psique puede recibir en la relación humana, en cualquier tipo de ambiente social normal. 


El Mensaje que nos da con su ejemplo es el de vivir Plenamente Desapegados a los fenómenos de los Tres Mundos del esfuerzo humano en los que podamos estar inmersos... Vivir centrados en el Shunyata, sin reaccionar ni ser afectados en cualquier tipo de ambiente social. Con su ejemplo nos Enseña la Maestría que se ejerce desde la Vacuidad sobre los Tres Mundos del esfuerzo humano -fí­sico, emocional y mental. 

Te: Virtualidad nos enseña que toda Ceremonia o Ritual es solo un medio -Virtual- de hacer consciente a nuestro Inconsciente, adentrándonos en un Ritmo que nos Abre a lo Real, al Noúmeno que subyace en todo Fenómeno. 

Las Representaciones fueron escenas virtuales que ocultaron la edad, apariencia y personalidad real de la Maestra. Virtual también significa con efecto retardado... Y es evidente que el toque Maestro hizo que tuviera un efecto retardado sobre mi Consciencia!...

Solo pude recordar todo al leer aquel Capítulo etérico mostrándome la Esencia del Cha no yu. Ahora bien ¿Cual es la personalidad de Aquel o Aquella que mora en el Vací­o? Evidentemente quien mora en el Vacío puede Representar cualquier papel y actuar también como un Espejo.

Bhagawan Sri Sathya Sai Baba nos dice que la Maestrí­a en la Meditación nos puede servir para cometer un crimen perfecto... Es decir que el Dominio del Shunyata no nos da la Iluminación, es algo frí­o. Solo a través de la Devoción, el Amor y la Caridad se puede atraer la Arul, Anugraha o Divina Gracia... 


Solo entonces penetramos en el Maha-Shunyata. Por ello Daisetz Teitaro Suzuki, habiendo domesticado el Shunyata, es decir, habiendo despertado en el Nivel de la Gran Ignorancia -daisetz-, se dedicó a la práctica del Nembutsu en la Ultima Etapa de su Vida. 

El Nembutsu es la practica Devocional Budista, la Repetición del Nombre de Amida Buda, Ambita Abha o Amitayus, el Buda de la Luz Infinita. Lo que podía aparentar un retroceso en su Práctica no lo era en modo alguno. 

El Dominio de la Vacuidad se puede lograr a través del Adiestramiento Zen, Maha Mudra Tibetano o Kriya Yoga; pero la Gracia del Gran Vací­o Meta-Cósmico que es lo Absoluto, la Suprema Luz de la Gracia -Arul Perun Yoti- solo Desciende sobre un Sadhaka lleno de Devoción, Compasión, Amor y Humildad.

Hay quien siendo ignorante cree que sabe algo. Quien esto escribe sabe que es ignorante y que aún no ha despertado al nivel de la Gran Ignorancia -daisetz-... A ese estado donde el Dominio del Vací­o es una Realidad Práctica.




Diseño|Arte|Diagramación: Pachakamakin
Portada: Pachakamakin