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3.01.2013

ESCUELAS EN EL SIGLO XXI

Por Mónica Beltran
Sus Artículos en ADN CreadoreS






Esta semana, en pleno verano, 11 millones de chicos acalorados volverán a colocarse el uniforme o el guardapolvo blanco para ingresar a aulas repletas de computadoras, pizarras electrónicas y hasta cámaras de televisión, elementos que se enmarcan en una política pública cada vez más orientada a lograr la inclusión digital de los estudiantes. Pero en las Escuelas siguen sin resolverse los interrogantes de siempre. ¿Cómo se hace para que los alumnos aprendan? ¿Cómo se logra que estén concentrados y valoren el Conocimiento como un bien que les resultará una Herramienta fundamental en la vida adulta? 

Los Avances Tecnológicos entraron en la Escuela para quedarse y abrieron de par en par las puertas del otrora Templo del Saber. La información rápida y no siempre confiable de lo que pasa en el mundo puebla la cabeza de los estudiantes, pero ese cambio, lejos de solucionar los problemas del Aprendizaje, creó nuevos interrogantes.

La Escuela Tradicional, con sus tiempos claramente establecidos; la hora de ingreso, el acto de izar la bandera, el timbre para el recreo, se lleva mal con la flexibilidad de las Nuevas Tecnologías. Hay Maestros que terminan pidiendo a sus Alumnos que no traigan más la Netbook a clase porque se frustran intentando que los chicos les presten atención.

Los tiempos del Aula y los de la Vida Cotidiana parecen estar divorciados y no tener puntos de encuentro. 
“El marcapasos social no está más hegemonizado por la formación del ciudadano. Todas las instituciones están en crisis: la escuela y la familia. Hoy los tiempos que valen son los del consumo. Los chicos están formándose, pero no como ciudadanos, sino como consumidores. Las Nuevas Tecnologías se adaptan a los niños, que las usan con naturalidad. Para no son Herramientas, sino su Cultura. Todo fluye, no hay fronteras, y el horario y las reglas de la Escuela representan una frontera”, opina el psiquiatra infantil Juan Vasen.
La Profesora de Psicología y Ciencias de la Educación, Analía Segal, puntualiza que la Escuela históricamente tuvo problemas con el afuera y el adentro. 
“Antes de que llegaran las Netbooks el Tema era el celular. Los tiempos de la Escuela no son los de la red. Hay que sostener la diferencia. Con estas políticas de inclusión digital, sanamente, se obliga a los docentes a preguntarse cuál es esa diferencia entre la Escuela y el Afuera”.
Para la especialista en didáctica y Coordinadora de Calidad Académica de la UADE, María Laura Barsabe, la Escuela: 
“Sigue siendo la principal Agencia de Transmisión Cultural”. Lo que el uso intensivo de Medios Digitales genera son “nuevas demandas y posibilidades en tres aspectos: en los modos de aprender, lo que se enseña y cómo se enseña”. “Dado que la mente humana funciona a partir de Herramientas Externas en las que se apoya para operar, el uso de Recursos Digitales desde una edad cada vez más temprana da lugar a nuevos modos de conocer y Habilidades Cognitivas que la Escuela no puede ignorar. Su uso intensivo en la Vida Cotidiana obliga a incorporar el manejo de estos Lenguajes como parte de la experiencia formativa. Las tics impactan en el Currículum, no sólo generando nuevos Contenidos, sino redefiniendo la Enseñanza”, dice.
“El problema no es la cantidad de tiempo que el Alumno está en el Aula sino lo que se hace con él, apunta Barsabe. “La Atención nunca es constante, fluctúa. Por ello, el trabajo en el Aula requiere Variaciones de actividad y formatos dentro de un segmento de tiempo, en mayor medida cuanto más pequeños son los niños”.
¿Qué significa estar concentrado? “Es impensable que un chico pueda estar 120 minutos concentrado y luego tener sólo cinco de recreo. Ni siquiera los adultos podemos estar ciento por ciento focalizados en una sola actividad tanto tiempo”, apunta Vasen. En Capital, el año pasado la mayoría de las Escuelas Primarias empezaron a trabajar con módulos horarios más extensos y sólo dos recreos en la jornada simple de cuatro horas.
“El horario fijo para todos los Grupos Escolares y para cada día responde a razones organizativas, desde el punto de vista didáctico un uso más flexible del Tiempo permitiría dar una mejor respuesta a las necesidades de la Enseñanza y el Aprendizaje”, señala Barsabe.
Desde la Universidad Pedagógica (UNIPE) Fernando Bordignon, director del Laboratorio de Medios, opina que:
“Estamos inmersos en una Revolución y, como somos parte de ella, no nos damos cuenta de lo que pasa alrededor”. A la UNIPE asisten 2.350 Docentes bonaerenses en actividad, que buscan Formarse y Actualizarse. El año pasado se entrevistó a 700 Docentes sobre los usos de las Netbooks en el Aula. “Si bien todos recibieron las Netbooks con alegría, hay críticas por el tiempo que le lleva al Profesor incorporar esto en el Aula. La Formación de los Docentes tiene que salir de una Etapa Instrumental y pasar a una de reflexión y comprensión sobre cómo cambió la sociedad en los últimos treinta años”, precisa Bordignon.
Para su colega Rosa Cicala, especialista en Enseñanza de las Ciencias, hay investigaciones sobre la integración de las tics en Enseñanza de la Matemática que concluyen que el freno mayor de los Docentes es cómo gestionar el Tiempo. 
“Al integrar las Computadoras en la clase de Matemática los Profesores perciben que no pueden controlar el Tiempo Didáctico. Un Profesor puede anticipar cómo organizará una Clase Tradicional, realizando una distribución temporal del Conocimiento que desea enseñar, pero no ocurre lo mismo al desarrollar Actividades que no formaron parte de su vida de Estudiante ni de su vida profesional como Docente”. La experta recomienda la modalidad de trabajo de tipo taller que genera un ambiente propicio para desarrollar propuestas más flexibles.
En provincias como Buenos Aires, Córdoba y Río Negro, hay Escuelas que abren sus puertas los fines de semana o a contraturno para permitir a los jóvenes realizar Actividades más bien recreativas que favorecen la retención escolar. En Río Negro, explica el Ministro de Educación, Marcelo Mango, este año se va a incorporar la Jornada Completa de ocho horas al 30% de la Matrícula Escolar, con la prioridad puesta en el Tercer Ciclo de la Educación Primaria (Sexto y Séptimo Grado). 
“Queremos que terminen la Escuela y que estén interesados en Aprender. El principal problema de la Provincia es el abandono en el Primer y Segundo Año del Secundario, donde perdemos el 50% de los chicos”, admite el ministro rionegrino.
Con la plata no alcanza. Argentina invierte el 6,5% del PBI en Educación y, según el Director del Area de Educación del CIPPEC, Axel Rivas, pasó de estar en el Ranking Mundial de Inversión Educativa del puesto 81 en el año 2005, al 19 en la actualidad. Pero esa Inversión, que se tradujo en mejores salarios docentes e infraestructura escolar, no arrojó resultados claros de mejora de la calidad de la Enseñanza y los Aprendizajes.

El Estado argentino entregó ya más de dos millones de Netbooks en Escuelas Secundarias, de Educación Especial y Profesorados y, además de continuar con esta política, anunció que creará Aulas Digitales en los Colegios Primarios. Antes de fin de año dotará a la totalidad de las Escuelas Urbanas con un Aula en la que habrá Netbooks, Pizarra Electrónica, un Servidor y una Cámara, para que los chicos de Primaria puedan también trabajar con un entorno digital.

En Río Negro las Aulas Digitales están llegando con fondos provinciales hasta el Jardín de Infantes. “El 50% del Nivel Inicial tendrá este año Aulas Digitales”, dice el ministro Mango, un Profesor que fue dirigente de la CTERA.

Las Aulas Digitales son una propuesta nueva que puso en escena el Ministerio de Educación, parte del Plan de Educación Nacional Obligatorio, un Plan Quinquenal que se extenderá hasta 2016 que Cristina Fernández de Kirchner anunció hace unas semanas.

El anuncio incluyó también la construcción de tres mil nuevas Salas de Cuatro Años, la duplicación de las Escuelas Primarias de Jornada Extendida en el país y programas específicos de Matemáticas y Ciencias que tiendan a resolver el problema de sobreedad en las Escuelas Primarias. En la Secundaria, para mejorar la permanencia de los chicos, se desarrollarán 300 Nuevas Escuelas con Orientación Artística y 200 deportivas. Se construirán Salones de usos múltiples en establecimientos para poder extender la Jornada Escolar de cuatro a seis horas y permitir Espacios de Reflexión sobre el trabajo docente.
“Este Plan tiene metas bien concretas, no es un discurso ni una declaración de buenas intenciones y eso es positivo, pero muestra un aspecto crítico. No hay una Hipótesis de Cambio. Habla de más horas de clase, más Computadoras, más Escuelas, pero es necesario tener una Hipótesis de Cambio para la Educación Secundaria. Hay que repensar profundamente el vínculo entre los Alumnos, los Profesores y el Conocimiento, eso hay que refundarlo. La Formación Docente es la piedra basal del Sistema Educativo del Futuro, se necesita un modelo de Formación más prestigioso y riguroso. No vamos a necesitar muchos más Docentes en el futuro y, por lo tanto, tenemos la oportunidad de seleccionar a los mejores Aspirantes, tener un Sistema de Formación Docente más riguroso que tenga la capacidad de leer los Cambios, no sólo Tecnológicos, sino también los Cambios Culturales. La Argentina necesita Docentes que interpreten los Cambios y los resuelvan en el Aula, y no un Estado que elabore cambios curriculares cada cinco años”, dice Rivas.
¿Tecnología vs. Arte? Juan Carlos Videla es abogado y docente. Participa hace más de treinta años del Centro Pedagógico de La Plata y que cuenta con una concepción pedagógica experimental y novedosa. Su filosofía se basa en el Arte y el Vínculo Humano y solidario entre Docentes y Profesores. Juan Carlos junto a otros cuarenta colegas integran la Planta Docente del Instituto de Educación Superior Roberto Themis Speroni, una Unidad Educativa Estatal (de Nivel Inicial, Primario y Superior) con Sede en City Bell. Hace ya más de veinte años firma convenios con otras instituciones para asistirlas técnicamente y llevarles su Proyecto Educativo. Hoy trabajan con 28 Escuelas Públicas y Cooperativas de nueve Provincias.

“¿Qué se puede hacer con una Netbook en una Escuela de una villa de emergencia, donde el paco destruye la cabeza de los chicos? Ahí lo que hace falta es el vínculo humano”, dice Videla a Perfil mientras muestra orgulloso las fotos del Centro Educativo Los Hornos, escuelita cooperativa de los alrededores de La Plata a la que asisten con su Pedagogía Experimental y cuya primera Sede se levantó con el aporte económico de los Docentes.

Las Escuelas que cobija este Centro Pedagógico platense tienen promoción sin examen, eligen a sus Docentes en Asamblea de Maestros, internamente funcionan como Escuelas No Graduadas (sin que sus Alumnos repitan de año) y no cuentan con personal de limpieza, ya que Docentes y Estudiantes limpian los establecimientos. 
“Hemos tenido miles de problemas, funcionarios que no comprendían lo que hacíamos, algunos que decían que éramos una secta, pero también miles de padres que eligen año a año estos Proyectos y nos apoyan mucho”, explica Juan Carlos.
La Experiencia del Centro Pedagógico de La Plata fue recogida por la película La educación prohibida, un Largometraje Documental filmado por un equipo de cineastas jóvenes (el director tiene 24 años), producida especialmente para las Redes Sociales y distribuida mediante los principios de Cultura Libre realizada con una producción colaborativa. Los Autores son un grupo de jóvenes de menos de 25 años todos y la película, que cuestiona la Educación Formal, cuenta ya con 800 Proyecciones en 17 países, más de 500 mil descargas y 65 mil en Facebook.

El director de La educación prohibida, Germán Dorín, contó a Perfil que la película está alineada con Autores que piensan que los chicos que entran a la Escuela a los cinco años pierden de a poco su curiosidad y su interés. Algunas de las filosofías pedagógicas recogidas por Dorín incluyen el Método Montessori, la Pedagogía Waldorf, la Escuela Nueva-Activa y los movimientos norteamericanos de home schooling (educación en casa).

Otras experiencias educativas se basan en soluciones relacionadas con crear un Vínculo Docente-Alumno diferente. Es el caso de los once Colegios (religiosos) de la Congregación de las Hermanas de San José. Su Coordinadora Pedagógica, Iris Maimone, se anima a trabajar temas polémicos para una comunidad religiosa como las adicciones y el alcoholismo en la juventud. 
“¿Qué posibilidades de Aprendizajes brindamos a los que llamamos más lentos y qué hacemos con los “rápidos” que se aburren en el Aula?, se pregunta la Profesora Maimone. “¿Cuando un Alumno no responde, debe repetir y hacer lo mismo con otro grupo? El retraso y la precocidad son obstáculos que agudizan los modelos de comunicación que circulan en la Escuela. Los Docentes somos Transmisores de Cultura y tenemos la responsabilidad de intentar convertir el Aprendizaje en algo más interesante, desde un lugar intelectual más productivo y políticamente más fecundo que los que producen la crisis y la fragmentación social”.
¿Cuál es el nuevo rol del Maestro en una Aula hiperconectada y repleta de estímulos de múltiples Tecnologías? Esa es la pregunta que resuena cada vez más en la cabeza de los Docentes y en las discusiones profesionales. 
“Los Profesores todavía no comprenden su Nuevo Papel, no tienen que dar más Información, eso está en la Red, sí tienen que Enseñar a Sistematizar, a pensar, a identificar la buena Información, darle sentido a la Información. Lo que se está teniendo es dificultad en convertir a la Computadora en un medio intelectual, porque hacerlo requiere una organización del Aula diferente”, apuntó, polémica, la investigadora de FLACSO, Guillermina Tiramonti.



8.22.2012

MANDEN FRUTA

Por Roberto Daniel León







Mandá AMOR al 2008. Cada pocos minutos, en casi todos los canales de TV, este o similares mensajes invitan al consumidor a comprar via mensaje de texto. En este caso particular, la oferta es de “las palabras más dulces”, para seducir a alguien que bien podría ser del sexo opuesto. La publicidad del “servicio” está evidentemente dirigida a los más jóvenes, como público apto para consumir este tipo de ofertas.

Reza una expresión mas o menos modernosa del capitalismo, que toda crisis es una oportunidad de negocios. En este sentido, la excelente periodista canadiense Naomi Klein, hablando del shok económico, sugiere que aún mas allá de esta expresión, los sectores económicamente poderosos no solo aprovechan las crisis para hacer negocios, sino que a falta de ellas, las provocan con el mismo fin. En mi particular interpretación, traduzco la expresión como aprovecharse de la necesidad del otro.

Cuando el pibe manda “AMOR” al 2008, lo que envía en realidad es dinero. Ahora bien, confirmado el negocio, ¿Cuál es la crisis que provee la oportunidad para ese negocio? La crisis de la palabra, entendiéndose como crisis, la carencia de ella. 

¿Qué persona y-o institución faltó de tal manera en las últimas generaciones, para que tengan que comprar palabras? El mercado moderno está bien aceitado, ya nadie encara negocios sin la certeza de que funcionará; de modo tal que si se venden palabras, es porque está demostrado que hay muchos clientes, aunque solo escuchando un poco basta para saberlo.

Sospecho que el énfasis desmedido en las formas y la imagen, conduce a un gradual deterioro de la construcción. Los padres en general prefirieron –y lo siguen haciendo- ver la tele antes que hablar con sus hijos. Cuando digo hablar, me refiero a una conversación, un intercambio donde se aporten palabras, mucho mas allá del escueto “¡no molestes!”. 

Por otra parte, siempre influenciados por el culto a la apariencia, muchos siguen preocupados por que sus hijos tengan un “título”, pero no conocimientos, y la escuela se doblega dia tras día haciéndose cómplice de semejante imbecilidad. Los “profesionales” de muchas disciplinas -hasta algunos psicólogos, aunque suene disparatado-, promueven los deportes y ejercicios físicos en general, con un cartel de panacea aloevérica que todo lo cura, mientras en el mercado se venden PALABRAS por teléfono.

¿Puede ser que un adolescente no disponga en su vocabulario de palabras dulces? ¿Que las tenga que comprar? Si, evidentemente. ¿De cuanto podrá servir una palabra que le es ajena y además fuera de contexto? Las personas se construyen con palabras. 

Es lo que nos diferencia de los animales y, cuanto más atravesados por la palabra, más lejos del animal primigenio. La ausencia de palabra nos regresa lentamente –o no tanto- a lo más instintivo y primitivo del reino al que pertenecemos por origen. 

No es de extrañar la brutalidad o bestialidad de actos cada vez mas frecuentes, cometidos contra personas de cualquier edad o género. Cuando a alguien le dicen bestia o animal, generalmente a modo de insulto, se está reconociendo aún sin saberlo, que la palabra no pasó por ese cuerpo. La carencia de palabra no solo deja sin terminar a la persona, sino que dificulta seriamente el aprendizaje, por no decir que lo hace imposible. 

Hacen falta más de 100 palabras para crecer y desarrollarse. Los libros las proveen con generosidad. Y las palabras dulces, deberían ser provistas por los padres, con amor. Aunque solo sea para tumbarles el negocio a los aprovechadores de las crisis.





Diseño|Arte|Diagramación: Pachakamakin
Portada: Pachakamakin

7.29.2012

ROMPER EL SILENCIO

Por Roberto Daniel León


Algo de hambre y algo de ganas de comer pizza me condujeron -dónde sino- a una pizzería. Mesa grande en la vereda (por los últimos calorcitos en un incipiente otoño) rodeada de estómagos festejantes y dentro, solo una pareja. Escogí el interior y -sin alarde de originalidad- pedí pizza y cerveza. Me senté debajo de donde se encuentra el televisor, para no verlo, en arriesgado desafío a la ley promulgada por don Isaac Newton. 

Pronto comprobé que no ver sería insuficiente, ya que del engendro se estaba extrayendo su máxima potencia en volumen, para ametrallar el aire y hacer rebotar en las membranas auditivas, las voces superpuestas y simultáneas de conductores y participantes de un programa de entretenimientos. No era Tinelli, pero uno de los conductores hablaba -gritaba, en realidad- como él. 

Cuando percibí que a nadie parecía molestarle y mi resistencia se acercaba a su límite, invadido también por el temor a que la vibración favoreciera la manifestación de la Ley de Isaac, decidí aumentar la apuesta y arriesgar también la revelación de mi estado llamando a la joven que atendía las mesas, a la que solicité con mi último aliento cuerdo que disminuyera el volumen. Argumenté que como los conductores del programa hablaban todos a la vez, no se entendía nada -lo cual, bien mirado, constituye el lado bueno de la desgracia- y que por lo tanto era en vano el exceso de volumen. 

Amablemente la dama accedió y tomando el control, bajó el volumen y cambió de canal con una sonrisa condescendiente. Quise abrazarla pero me contuve, ya había ocasionado suficiente disturbio. Como la pareja de al lado miraba de reojo, aproveché para comentarles esto de la alienación y el torpe barullo. 

Para mi sorpresa, coincidieron conmigo y me contaron que recién venían del colegio, de una reunión de padres, y que ahí pasaba lo mismo, que todos hablaban a la vez, que nadie escuchaba, que no se entendía nada, que era imposible arribar a una conclusión, etc. Todo ello relatado por ambos al unísono y a voz en cuello...

Alguien llegó a tiempo para interrumpir el dislate e impedir que derramara la cerveza en mis oídos, permitiéndome disfrutarla por donde corresponde.

¿Qué habrá sido de los oyentes? Me pregunté mientras perseguía una aceituna y reflexionaba acerca del porvenir de las radios. 


Definitivamente los parlanchines están ganando la batalla: estos auténticos jíbaros del sistema, utilizan el taponamiento de oídos como principio elemental para el reduccionismo de cabezas, lo cual tiene su lógica dado que, dejando libre la boca para que drene y tapando la entrada, el vaciamiento se produce rápidamente facilitando el achique, funcional a ciertos propósitos...

CONTINUARÁ, cuando me venga en ganas...




Diseño|Arte|Diagramación: Pachakamakin
Portada: Pachakamakin

7.11.2012

SI EL VINO VIENE...

Por Roberto Daniel León


Con la habitual fascinación del bebedor, paseaba la mirada por varietales, malbecs, sauvignones y tintos tantos que ofrece la góndola del súper, cuando una joven acompañada por la cajera se acerca al sector de privilegio. 

Exhibe un estuche de madera para vino, de buena calidad, con habitáculos tallados en el interior de la tapa, conteniendo sacacorcho, termómetro y otros adminículos para la ceremonia del buen beber. 

Refiere la muchacha a los $200 (aprox U$S 50) que pagó por el estuche y pretende ayuda para elegir un vino acorde, a fin de “quedar bien” con el regalo. Implícito en el diálogo el permiso para intervenir, sugiero un Rutini (lo mejor exhibido), que ostenta míseros (por comparación con el estuche) $62.-

La dama retrocede espantada y opta por otra bodega que ofrece uno de sus tintos a $12.- Todos felices, sonrisa de despedida y agradecimiento por nada... es decir, por la frustración de la primera impresión y por la confirmación de una persistente observación: vivimos a cada instante la cultura de la imagen, de la apariencia, del “parecer ser”. 


Nada de esta elucubración estaba –seguramente- en la cabeza de la joven que quería agasajar a su suegro. Casi no tengo dudas de que haya logrado “quedar bien” y es probable aún que, mas allá de eso, legítimamente aprecie a ese hombre. 


Sin embargo, influida por esta cultura hasta lo hipnótico, nunca supo que privilegiaba el continente por sobre el contenido. Lo esencial es invisible a los ojos, había dicho Saint Exupery en El Principito, también solitario y frustrado a estas alturas.

La desmedida y sobrevalorada importancia que se le da a los envases (continente), actúa en desmedro de los contenidos; tanto así que, no hace mucho, una publicidad llamaba la atención con el lema: lo que importa es la cerveza.

Pero, infinitamente mas trascendente que los objetos es la persona y, sin embargo, el packaging se apropia despiadadamente de ella, envolviéndola en una presentación exquisita, excluyendo sin ningún pudor al contenido, de tal modo que todos los estímulos están dirigidos al cuerpo, el envase o continente de la persona.

Se transmite con abrumadora fuerza la idea de que ésta y su apariencia serían la misma cosa, creando estereotipos para todos los gustos y proliferando entonces no pocas decepciones que aún no alcanzan para despertar a esta humanidad occidental, cristiana y globalizada, del sueño hipnótico en que se encuentra por obra y gracia del consumismo (entre otras cosas que podemos buscar mas atrás).

Tenemos hoy superabundancia de cosméticos, cirugías, gimnasios, prendas de vestir, drogas, derivados lácteos y otros incomibles que suelen venderse con el argumento de que servirían para vivir más, una falacia que en realidad confunde el vivir de la persona con el durar del cuerpo, con el agravante de la dudosa efectividad del producto aún en eso de la duración. 


Suele proponerse también que “verse bien” tendría efectos milagrosos en el “interior” del sujeto que, a estas alturas, ya es objeto; habiendo resignado su condición de ser pensante, a la de ser pensado por otros, esos que le dictan como es “verse bien” y que comprar para lograrlo. 

Dado que esta última condición persigue intereses de poder, casi invariablemente económicos, ¿Cuánto de la persona puede llegar a construirse? ¿Cuánto de su propio deseo? ¿Cuánto de adquisición de conocimientos, de capacidad de análisis, de evaluación y valoración de actitudes? ¿Cuánto estímulo dedicado al pensamiento, a la construcción de la persona que habita ese cuerpo? ¿Cuánto valor se adjudica a las “mil palabras” que crean y construyen, y cuánto a la imagen que supuestamente “vale más”?

“Si el vino viene, viene la vida...” jugaba y casi cantaba don Horacio Guaraní; pero, ¿Qué pasa si solo viene la botella? Aquí, precisamente, es donde estamos.






Diseño|Arte|Diagramación: Pachakamakin
Portada: Pachakamakin

7.02.2012

CRUEL EN EL CARTEL


Por Damián Tabarovsky



No recuerdo si fue bajo el gobierno de Macri, Telerman, Ibarra o incluso antes, en el de De la Rúa, cuando era jefe de Gobierno de la Ciudad. Pero recuerdo con exactitud que eran unos afiches que decían “La cultura llegó a los barrios”, donde se indicaban las actividades en los centros culturales barriales. Sería demasiado fácil burlarse de esos viejos carteles que ya no recuerda nadie: la idea de que la cultura “llega” a un barrio, es decir que se irradia desde el centro para llegar al barrio –que, obviamente, antes de esa llegada no tenía cultura–, es tan rudimentaria que ni vale la pena detenerse. 

Otro asunto son las instituciones culturales y sus comercios que, como sabemos, son cada vez más escasos en las barriadas porteñas. Cines que se han vuelto garajes o templos, librerías que han cerrado, centros culturales abandonados, son avatares de todos los días. Y si ya casi no hay esa clase de establecimientos, tampoco llegan demasiado las publicidades sobre temas culturales. A mí me gusta andar por las anchas avenidas del centro sólo para ver las propagandas de las películas por estrenar, de las obras de teatro, de los megarrecitales auspiciados por cervezas o celulares. 

Por eso, mucho me sorprendió, yendo a visitar a un amigo, la inmensa cantidad de afiches publicitarios de Evita. Jirones de su vida, de Felipe Pigna, pegados en la avenida Alvarez Thomas a la altura de la calle Estomba, en esa zona en que no se sabe si aún es Villa Ortúzar o ya es Villa Urquiza o incluso Colegiales. Llegado a la casa de mi amigo, le comenté el hallazgo y rápidamente, como en procesión cultural, nos dirigimos a la esquina en cuestión. Efectivamente, allí estaban los afiches, inmensos, resplandecientes. El mercado editorial también se ocupa de los barrios. Y entonces, mientras mirábamos levemente embobados la reproducción de la tapa del libro (una ilustración que muestra a Evita rodeada de niños), se nos ocurrió sacar la cuenta de cuántos libros, en estos últimos años, se escribieron sobre Evita y/o Perón y/o el peronismo: cuando, sin hacer demasiados esfuerzos, ya habíamos contabilizado 116 (entre narrativa, poesía, ensayo, no ficción) se largó a llover y tuvimos que guarecernos bajo un techito: eso sí que es el clima de época. Y de repente, nos surgió la duda: ¿Pigna no había ya escrito sobre Evita? Que sí, que no, que cómo Pigna iba a dejar pasar un filón así, que si también Pacho O’Donnell había escrito o no; cuando de golpe vimos algo en el cartel que hasta ese momento nos había pasado desapercibido: una especie de asterisco, una llamada, una estrellita de mil puntas que en su interior decía “Nuevo libro”.

Todo ocurría como si la propia publicidad se hubiera percatado de nuestras dudas y las había resuelto con un pequeño asterisco. ¡El libro era nuevo! ¿Y cómo podía ser entonces que nos parecía irremediablemente conocido? ¿Cómo podía ser que nos parecía que el libro ya había sido publicado hace años, y no sólo eso, sino también que ya lo habíamos leído (sin necesidad de leerlo), que ya sabíamos todo sobre el libro? El secreto de la publicidad: volver familiar aquello que ya nos era familiar (ese es también el secreto de buena parte de la literatura contemporánea de mercado o de la investigación histórica o periodística ídem: lo nuevo que no renueva nada).

Algo mojados llegamos a la casa de mi amigo, y uno de nosotros preguntó sobre los efectos culturales o políticos que pueden causar esos “nuevos” libros, los debates o discusiones que se pueden generar en torno de él. Un silencio entre piadoso y perplejo se apoderó de la habitación. Entre tanta retórica épica y contrarretórica inexpresiva, el mercado es el gran ausente de las discusiones políticas de estos años. En silencio, la casa gana.


Ilustración: Pachakamakin
Diagramación & DG: Pachakamakin

6.21.2012

DICTAME QUE ME GUSTA...


Por Roberto Daniel León


Escandalizada, joven profesora cuelga los libros...

Siempre me gustó eso de los títulos y los epígrafes, quizá por aquello de la síntesis. Debo confesar, no obstante, que no confío del todo en la completud de las mismas, por lo que procederé de inmediato a victimizar ocasionales lectores con el siguiente desarrollo: Ella comenzó hace muy poco a dictar clases en la escuela secundaria (o como se llame la semana próxima). No tanto por ser joven, sino por habérselo tomado en serio, pretende que los alumnos adquieran los conocimientos impartidos y utiliza recursos que faciliten el proceso, como es el caso de la analogía.


La cosa parece simple: se refiere a imágenes y-o situaciones concretas –por todos conocidas- para trasladarse desde allí, mediante la comparación, al nuevo concepto que se pretende transmitir. Jesús usaba ese método –las parábolas- según se relata en los Evangelios (especie de biografías del maestro de las cuales se “popularizaron” cuatro). A él le fue bastante bien en general –exceptuando el final- pero a nuestra joven amiga no.


Aunque cualquiera podría jurar lo contrario, el elemento “conocido” utilizado en la analogía, resultó no serlo tanto. Parece que el funcionamiento de una ciudad es algo bastante misterioso para muchos y la recolección de residuos (por nombrar un detalle), es una actividad que se registraría en el terreno de la generación espontánea, o algo así. Intentando sostener una presencia de ánimo que tambalea entre el estupor y la frustración, nuestra protagonista procura explicar lo que suponía obvio.

Como la cosa se ponía difícil para todos, los educandos proponen una salida: 

-Profe, por qué mejor usted nos dicta y nosotros escribimos?

Nada qué entender, a quién se le ocurre? 
El dictado, aparte de ser un recurso, tiene en sí mismo un alto contenido simbólico y, en este caso, representativo de la sociedad que los formó. Son muchos los que prefieren que les “dicten”. La asociación es libre.

Por otra parte, cualquiera con dos dedos (horizontales) de frente, sabe que en el contexto actual la práctica del dictado es para que parezca. En general, la mayoría no solo escribe mal lo que le dictan, sino que además no tiene comprensión alguna de lo que está oyendo y escribiendo.

Cómo se llegó hasta ahí?

Hay causantes y muchísimos cómplices, encontrándose en los primeros puestos los docentes-estafadores. Un docente estafador es aquel que, acomodándose al deterioro o los intereses del poder de turno, se pliega a la decadencia propuesta para generar consumidores pasivos, lo cual termina por producir un caos de tal magnitud que amenaza no solo a la sociedad, sino a la civilización toda. Así como pueden organizarse para resistir la decadencia de los salarios, bien pudieron hacerlo con la decadencia de los conocimientos. Aprobar a un alumno que no sabe, es estafarlo. Ocurre a menudo que algunos de los estafados quieren ser docentes, y lo logran…

Sigo pensando que tiene razón mi amigo, el que dice que la escuela reproduce inexorablemente a la sociedad.

Quizá deba desterrar definitivamente la fantasía con la que crecí, un mundo donde los maestros eran diferentes y lo sabían todo. En fin…




4.14.2012

LA MURGA DEL INCONSCIENTE



Esta semana, la colmó principalmente el silencio de estar conmigo misma. Lo incómodo que suele resultar este estado no es algo que necesite ocultar, ya que solo lo estaría haciendo de mí misma. Cada una de las personas aquí, se dedica a lo suyo. Es decir, no se está pendiente de lo que hace el otro. Más bien se eligen momentos en común para compartir mates, desayunos, almuerzos, cenas. Si bien, esto en teoría sería aceptable y hasta diría, común. No lo es a la hora de la práctica y aquí es momento de ser sincero con uno mismo, ya que si veo las distintas convivencias que se dieron en mi vida, la mayoría presentó conflicto estando de un lado o del otro, ya sea atento o desatento a lo que hacían los demás. Ahora no dispongo de otra distracción que no sea yo. Y esto me lleva a preguntarme qué puedo hacer con mi día aquí. Y solo hasta mi día aquí puedo llegar hoy a ver, ya que sería algo contradictorio en este momento, pensar en otro día más además de hoy.

Y así es cómo me encontré frente a un tapiz en donde los pensamientos pasaban y pasaban, como para que en algún momento se me ocurra pensar que ese es mi pensamiento y lo tome, y así comenzaría una acción con la idea absurda de que esa era mi idea. La única opción que encontré fue observar, como en un libro con sus hojas un poco desordenadas, entre esas líneas y puntos suspensivos, cuáles son esas incógnitas, esos interrogantes, que hicieron caricaturas de mí misma haciendo mil cosas a la vez, y esto me llevó a recorrer distintos lugares de mi vida en los que siempre encontraba algo para hacer, y no creo ser la única que tenga esa habilidad, es algo así como el eslogan de moda para un sistema basado en la no profundidad. Mientras uno más hace, menos se detiene a pensar lo que hace.

Sin embargo qué pasa cuando uno no encuentra nada de donde agarrarse, se pincha el globo de la rutina de la acción y en la pregunta de la vecindad citadina: ahora quién podrá distraerme? Aparezco sólo yo con mi vestido floreado hasta los pies, mis manos, mis piernas, y la mirada puesta en la nada. Y sólo la certeza de saber que estoy en el lugar indicado para verme, me mantiene en pie frente a mí misma con sus personajes mirándome y esperando de el OK para que comiencen a actuar.

Y frente a todo esto, ni siquiera me atrevo a decir que de la cadena interminable de pensamientos, algo me pertenece. Esta idea comienza a aterrizar sin paracaídas, las veo venir y estrellarse contra el piso, sé que ahora es menos precipitado, tienen el amortiguador de lo que se vivió ya, sin embargo, las siento y aunque mi rostro con algunos de sus personajes no lo acompaña, se dé que se trata. Es como si estas actitudes que se descubren descendieran al mismo infierno que les dio origen. La ignorancia, y esto desde dónde lo veo no es vergonzoso. Más bien, forma parte del desconocimiento. Y en ese mismo momento que descienden a este caldero donde supuestamente se pagan las culpas de los pecados, uno cae en la cuenta que es un pescado de sí mismo. Es decir, quedó atrapado durante un tiempo que no voy a definir como corto o largo en esa red de pensamientos que creó a cada personaje.

Y ahí es cuando el estrado del Juicio Final queda vacante para la conciencia que sólo conoce la experiencia, y con ella se exime a sí misma de toda culpa y decide ascender hacia la única realidad posible, conocerse uno mismo sabiendo ya que el infierno y el cielo existen en un mismo lugar, que lo que uno decida creer es lo que hace posible esa existencia. Y con esto no voy a caer en la simpleza de creer que uno puede, por decir así, controlar todas esas líneas de creencias que durante tanto tiempo nos condenaron a un mismo lugar, la ignorancia, sino más bien, darme cuenta que lo que hoy vivo, responde a elegir qué camino tomar. Y esto define el lugar en donde estoy ahora. De lo contrario, estaría confesando mis supuestos pecados en la iglesia del barrio más cercana que es el camino más fácil para alejarme del único templo que me comulga: la conciencia.

Y es en estos momentos cuando uno confirma que la cuántica y la metafísica, y demás misteriosas técnicas milenarias, están para algo más que para estar de moda, existen para ponerlas en práctica. Y para eso, más que nombrarla, visualizarla, promulgarla, es necesario adquirirla con la experiencia, y como dicen aquí con la honestidad, y le agrego, la necesaria para darnos cuenta de qué poco ponemos en práctica de lo que decimos. Así como poco de lo que pensamos observamos, y por ende lo que hacemos no nos pertenece, nos aburre, acción por acción, y luego la famosa depresión aguardando comprensión en el diván de Freud.

Sé que nunca tuve duda de que algo tan extremo no podía ser realmente confiable, sin embargo, reconozco que en algún peldaño de la historia esa experiencia existió y por alguna razón la tomé. Y cuando esta idea se destiñe, es el momento en que se ilumina la creencia y es de-mente creer en ella. Y lo atrevido y posible es salir de esos peldaños y más aun, lo entusiasmarte es darse cuenta que ya es necesario saborear, y el temor al cielo deja de existir porque ya dejé de condenarme.

Al escuchar todo esto que digo, me pregunto, a qué se debe este cuestionamiento desde algo que al parecer nada tendría que ver, y sí, todo tiene que ver. Y ya que está de moda decir que todo está conectado, prefiero meterme un poco más en este dicho, y para eso lo que encuentro es llevarlo a la práctica y ahí ver si funciona o no, el tema es que quizás lo hace de maneras sutiles, y atreverme a reconocer esas conexiones me lleva además de observarlo, a accionar acorde a eso. De lo contrario sería una línea más, disponible de tomar alguna vez que me atreva a más que pensar y sacar conclusiones. Y esto al parecer, es porque uno se enfrenta con toda una serie de cosas que son cómoda-mente aceptadas, y cambiarlas no se trata de imaginación o visualización, se trata de ver como se tiñe o justifica la realidad en que se vive con esas interpretaciones sutiles. Entonces de nada sirve creer en un milagro si no me atrevo a crear ese milagro viviéndolo.

Y para mi entender, esto es lo ilimitadamente posible dentro del límite que es uno mismo. Entonces me pregunto, hasta qué punto es necesario actuar la inacción para darme cuenta de cuánto accioné de manera inconsciente, hasta qué punto de inconsciencia es necesario llegar para darme cuenta de la existencia de la consciencia en cada momento. Hasta que punto de división es necesario llegar para darme cuenta que existe un punto en común no divisible que es uno mismo. Y responderme hasta qué punto, me lleva a ver una ruleta girando y girando, con una esferita que cae al azar en un casillero como bola sin manija, entregada al mejor postor, que es la suerte si es que llega, y al mismo tiempo veo esa esferita en una altura de mi vida que impulsada por el giro aburrido de sí misma decidió saltar el curso cómodo de ese círculo vicioso y se atrevió a recorrer su curso que es diferente a la rutina de la ruleta, y eso hace posible que se elija una y otra vez sin temor a avanzar sabiéndose dueña de lo que elige vivir. Y si bien continúo sentada frente a todo esto, y podría decir que nada cambió en este paisaje, sin embargo puedo reconocer que el entrar en esta situación me llevo a un lugar extremo de mí misma.

Y aunque aún no se cuál es mi próximo paso, tampoco es algo que esté generando problemas. Sé que este momento es necesario en mi vida. Sé cuánto me he movido, sé cuanto soy capaz de hacer mirando hacia afuera. Sin embargo aun no soy consciente de cuánto puedo hacer mirando desde adentro, y percibo que para eso estoy aquí. Y el silencio que vivo es tan profundo, que hasta la respiración parece estar suspendida en este instante.

Pasaron uno, dos o tres días. No lo sé con exactitud, hasta que decidí dedicarme a leer. En el lugar hay libros dispuestos para que uno, si así lo desea los tome. Como es de costumbre tomo más de uno; todo es tentador. Sin embargo, esto también trae algo así como el no querer perderse de nada; aquí me detengo nuevamente y puedo ver la ansiosa idea pululando sutilmente alrededor de mis dedos. Mira esto, aunque esto es mejor, pero no dejes aquel, y más aun, allí hay más. Toma todo.

Aunque seguramente hay más en algún lugar. Respiro profundo y pongo stop a este zapping ansioso, lo cuestiono, dime de donde provienes. Comienza la acción. Veo que lleva las agujas del tiempo finito, tan fino que se quiebra cuando comienza el final. Y tan irreal que vuelve a surgir con un nuevo comienzo. Entonces, me pregunto quién cree ser este tiempo de metal, solo existe en ese lugar que motiva la ansiedad a perderse de algo. Y algo, es menos que nada. Y al verlo, puedo notar como manipulo mucho de lo que no terminé, y un ejemplo palpable, son la cantidad interminable de libros que están abiertos en mi PC, en los distintos escritorios que ocupé, en las universidades que asistí... y aseguro que fueron más de dos. Ahí en donde el puntaje de lo que uno supuestamente sabe se mide con la presión de este tiempo y se califica con un rango del uno al diez. Porque el once, que es un número maestro, escapa de las garras de esta regla de competencias profesionales.

Me detengo y elijo qué realmente de todo esto ahora me gustaría leer; sé que todo está a mi alcance, el tema es, qué realmente necesito ahora. Y nuevamente lo sutil entra, solo que para eso estoy aquí, para eso escribo ahora, para darme cuenta cuánto de lo que desconozco me manejó y cuánto manejé. Una vez más, el silencio penetra, cala esa ansiedad, la traspasa y se detiene mirándome de frente, se desvanece y resurjo otra vez.

Muchas veces me pregunté, y en cierto punto me pesó la idea de que no terminaba lo que comenzaba, y más allá de que se dé la existencia de un sistema creado con el calzado de la ansiedad para correr con ese tiempo extraño y sé de las calificaciones de tinta que se borran en un papel, se también, cómo se inmiscuyó en mi manera de actuar durante una etapa de mi vida. Y sé que eso marcó el valor frente a ese sistema, y sé de las luchas de intentar pertenecer a él de alguna manera para ser aceptada como estudiante, como profesional, como hija. No me cabe la menor duda de que eso es irreal dentro de lo real, sin embargo existió y aun existe para otras personas, que de una manera u otra intentan pertenecer, y con esto no quito la vocación o el don de lo que se escoge hacer en la vida, sino más bien cuestiono la manera en que esto se presenta, y cómo ese desordenado sistema llega a generar resentimientos, malos entendidos, frustraciones. Que lo único que logran es distraer lo que nos llena de gozo hacer. A tal punto que nos cuesta decidir qué libro leer.

Y sin ir más lejos, confirmé más aun esto casi al finalizar la semana, cuando conversando con Caco me comenta que aquí en Chile, en Valparaíso, se presentaba la semana del clown y motivada para que fuera, lo tomé. Y sabiendo lo que el clown significa para mí entender, dentro del teatro, algo así como un área que me permite cuando lo práctico, encontrar de una manera divertida personajes que en sí en la vida diaria, quizás no me animaría a mostrar con tanta liviandad.

Así partí al encuentro de esta invitación. Que después de haber estado varios días aquí en la parcela, se que significaría mucho más que ver un espectáculo callejero. Y así fue, tomé el tren en destino a Valparaíso, descendí y previamente al espectáculo me dediqué a recorrer el lugar lo mas que podía hacer con mis pies, así que caminé y lo primero que recorrí fue el mar con su puerto. Me intrigó mucho al llegar el no ver una entrada directa a la costa, ya que había rejas por todos lados, paredes, que en sí no permiten que uno ingrese por cualquier lugar. Me dio la sensación de que el mar estaba encarcelado en medio de una ciudad, es una locura pensar esto, lo sé, sin embargo, recorrí durante largo tiempo las veredas que costeaban el mar hasta encontrar una entrada, lo único que faltaba es que tuviera cartelitos con horarios de visita. En fin, esto no es novedad, sin embargo aun existe en una ciudad, y más aun, se acepta con indiferencia y siento que esto es lo cuestionable.

Luego de un largo rato, disfrutando de algunos puestos de venta de artesanías, decidí caminar Hacia el lugar donde se presentarían los clowns. Al llegar, justo comenzaba el espectáculo, lo disfruté riéndome sin parar, pues lo que muestran los clowns es una obra protagonizada por los prejuicios de lo que creemos ser, pero con nariz de payaso. Pasé el rato sin siquiera notarlo, cuando menos me dí cuenta, había terminado la función. Ahí me pregunté qué seguía, y en ese mismo momento, apareció Diego, un chico que conocí apenas llegue a la parcela en Limache cuando se festejaba la bienvenida del verano. Diego, me saludo con una gran sonrisa amistosa, se sorprendió de verme ahí y más aun, me invitó a que luego nos encontráramos ya que tenía que tocar música con su banda en un pasacalles de la ciudad.

Al no tener en sí un plan fijo, no pregunté mucho de qué se trataba, y entusiasmada por su cordialidad lo acompañé. Así fue como después de un largo rato de andar entre buses llegamos a la universidad en donde se encontraban varios estudiantes con el fin, para mi sorpresa, de reclamar por medio de un pasacalles una educación gratuita universitaria. Sin embargo, este reclamo, no era común a lo que se relaciona con la palabra reclamo, aquí el instrumento que dirigía la marcha era el arte.

Ahí fue cuando el silencio se apoderó de mí nuevamente y comencé a retroceder en el tiempo, el entusiasmo de ver esa etapa de mi vida que estaba resentida, ahora, expresada por un grupo de jóvenes bailando con sus pies, tocando instrumentos musicales, haciendo acrobacias, cantando armoniosamente, cómplices unos con otros de este sentido de manifestarse, me estremeció el alma misma.

Y uno se preguntaría por qué resentida, pues sí, lo que no pude hacer en su momento como estudiante, ya que la resistencia a un sistema educativo limitado fue para mí una piedra gigante para desarrollarme en esa época, que me costó lo que sería un largo tiempo de aceptación y comprensión a mí manera de concebir la educación como una posibilidad de crecimiento creativo, receptivo, disponible para que uno pueda desarrollarse con la posibilidad de cuestionar y la libertad de expresarlo, en donde las calificaciones no sean sometidas a la tirana mesa de educadores mal pagos, en su mayoría. Sino más bien, que el compromiso y la dedicación motivada por el entusiasmo de aprender lo que a uno le gusta sea acompañado por quienes se llaman profesores.

Y decir que esta sea accesible, no solamente desde mi manera de entender incluye que sea gratuita, sino también, que los elementos que se necesitan para ese desarrollo estén disponibles, al alcance de quien aprende. Ya que sería algo ilógico ser rotulado atleta, sin antes haber corrido por la pista. Y esto, no solamente que generó un desanimo en esa época, sino que abocó mi tiempo a la parte del sistema que me daba algo supuesto a cambio, el trabajo. Ya que el dinero según lo que el mismo sistema propone, es sinónimo de libertad y justamente por esta razón es que condiciona a un sistema de educación con ese supuesto poder de decidir cuánto de las migajas del presupuesto, le corresponde a la educación de un pueblo, a la cultura, a la salud, a la dignidad.

Esto, además de ser visto a nivel general como una falta de sentido de la realidad de quiénes pensábamos así por no seguir el camino marcado, fue y es a nivel familiar como una rebeldía que intentaba cambiar lo que es así por ley dormida, y que como tal si uno quiere ser alguien, que es poco en la vida. Debe acatar las reglas del juego, que obviamente no son más que reglas de dos por dos, con principio y final conocido, sistema de educación limitado a la conveniencia del sistema general que se alimenta de la ignorancia sometida del pueblo. Ya que solo se estudia lo que se quiere enseñar y la manera de hacerlo es como le convenga al bolsillo del estado que entrega la limosna.

Y ver que todas estas palabras recobraban forma y sentido frente a esta manifestación artística llegó a recorrer mis ojos con lágrimas de alegría y entusiasmo de saberme comprendida, y al mismo tiempo, llevó a preguntarme si en algún momento cesaría esa escasez en el desarrollo humano, si en algún momento sería posible que la juventud se exprese con plenitud en lo que le agrada hacer, sin tener que recurrir a manifestaciones para defender un derecho que como tal no es defendible, ya que existe en cada uno de nosotros al momento de nacer. Y es el derecho natural a desarrollarnos con plenitud, no a medias tintas, ni por necesidad económica, ni por cumplidos. Por plenitud. Y aquí hago un paréntesis, ya que si bien sé que es reconocible manifestarnos, al mismo tiempo me pregunto cuántos de nosotros somos conscientes de que este derecho está implícito en nuestro origen. Y al mismo tiempo cuántos de nosotros reconocemos que estos sistemas se alimentan de lo que evitamos en la mayoría de los casos reconocer, que es el camino que permite desplumar las creencias, los prejuicios, siendo responsables a conciencia de la inconsciencia no reconocida aun. Y esa inconsciencia es la puerta a la misma libertad, si uno comprende que esta lo integra y que solo actúa cuando uno no quiere tomar el papel principal en la vida. Ser uno mismo.

Con este sentido enriquecido, regreso a la parcela y en ese trayecto veo que aunque parece incómodo a veces profundizar, detrás de cada una de las situaciones que vivo y viví, se oculta lo que de una manera u otra me permite reconocer que es lo que generé y genero con cada elección. Y si bien, aun no soy consciente de todo y sé que bastante falta por recorrer, el poder darme cuenta de que esta posibilidad existe, que está a mi alcance, que no se trata de algo que necesite estudio universitario precisamente, sino más bien se trata de dedicarme a ver mi manera de interpretar la vida, las cosas cotidianas que se presentan, las palabras, los gestos, lo que es y lo que no es. Y por medio de eso encontrar lo que de una manera u otra desconozco de mí misma y que está pidiéndome a gritos que lo reconozca. Por medio de la lengua del Inconsciente, que con sus símbolos y jugadas no es más que la posibilidad de hacer el diccionario propio de la vida con una sola definición que integra a todas: la conciencia en cada interpretación.

Y al haber tomado la decisión de salirme de la gran ruleta azarosa, ahora que me atreví a saltar más alto -de los lineamientos chatos de la rutina-. Recibo la posibilidad de dedicarme a ver quién soy, que creo y que no creo de mí misma. Y el entorno que me acompaña, las personas que aquí están y que sé que en su recorrido esto ya es huella hecha, integran la posibilidad que la misma creación me da al haberme trasgredido en esa condena mediocre y cómoda , con el hecho de haber elegido no ser lo que se debe ser por conveniencia del otro. Y este no ser, más allá de la filosofía que implica, se reconoce cuando me atrevo a desafiar lo que creo y lo cuestiono una y otra vez sin miedo, y esta forma de des ocultarme se traslada a lo que vivo diariamente, ni más ni menos. No se trata de nada extravagante, ni de misterios, ni de fantasmas o espíritus que me hablan del más allá. El único lugar que encuentro posible para verme esta aquí, ahora, al escucharme, al observar, al elegir. Al reconocerme con honestidad y entusiasmo como un aprendiz de la vida, que sin error eligió experimentar para despertar y así evolucionar.

Ahora, recibiendo el entusiasmo que dejó esta semana, voy al encuentro de una nueva semana, que es una posibilidad alentadora a descubrir lugares no tangibles de mí misma, aunque sí existentes. Y ese mapa sutil, está lleno de tesoros que se abren con la llave de la conciencia posada en uno mismo. Y el pirata del inconsciente, comienza a jugar a mi favor cuando se da cuenta que me atreví a observarlo y escucharlo, pues el desafío y la osadía es una virtud cuando uno la toma, más aun, sabiendo que puede ser una tempestad cuando el pirata se apodera del timón. Y trascender el sabor de la adrenalina, que fue el combustible del pasado inconsciente, hace posible que ahora lo desconocido sea lo que hay por conocer por uno mismo.

Así me despido dando la bienvenida al propósito de mi existencia…





Ilustración: Fotografía de Andrea Fabiana Marqués
Diseño Gráfico: Andrés Gustavo Fernández

3.24.2012

MUNDO FACHO

Por Daniel Guebel



No lo conocía ni sabía quién era, posiblemente porque no tengo gran afición por la radio. El habla espectral de los parlantes, el diálogo imaginario con un interlocutor que no contesta, me parece la forma socialmente aceptada de la proliferación de voces imaginarias propia de la psicosis. De hecho, me enteré de su existencia por casualidad, una vez que haciendo zapping vi, en una serie penosísima de la televisión local, a un ser tirando a pequeño y obeso y fuera de estado físico que interpretando a un héroe solitario y vengador al estilo Charles Bronson corría, asesinando gente a troche y moche. Me impresionó el error del casting, la pésima interpretación, que en vez de producir el efecto de identificación buscado y el subrayado subsecuente (“salgamos a hacer justicia por mano propia, el otro es tu enemigo, matemos a lo que no se nos parece”), llevaba todo involuntariamente para el lado del ridículo. Me asombró también, cuando cayeron los títulos, que el protagonista que desempeñaba el papel de duro llevara por nombre artístico el seudónimo “Baby” (bebé) precediendo a su apellido que imagino es real.


La segunda noticia acerca de esa persona la tuve gracias a un amigo cuyas opiniones en general respeto y que en una reunión lo mencionó como autor de performances radiales nocturnas. Mi amigo exaltaba las bromas a costa de los oyentes, las frases disparatadas, el fascismo salvaje del personaje, su brutalismo populachero, estimando la mezcla como una actuación extraordinaria, de carácter surrealista o dadaísta. La tentación más convencional es prestarles atención y darles crédito a aquellos que reman contra el sentido común, así que me prometí escuchar alguna vez el programa de Baby Etchecopar. ¡Quizá fuera un genio radial y un fiasco televisivo! Luego, por supuesto, me olvidé.

Hasta que una vez, volviendo de una de esas tediosas aventuras nocturnas que nos dejan sabor amargo, escuché su famoso programa radial. Me pareció que el señor Etchecopar era ducho en la respuesta rápida, ingenioso de baja manera. Era, sí, muy bueno en lo suyo, pero lo suyo no me gustaba nada.

Francamente, lo que escuché me pareció una repulsiva demostración de sadismo profesional, un proferidor de barbaridades y un exaltador de la barbarie más vil, un apologeta ruin de la violencia que se solaza en el desprecio exhibicionista por las opiniones y las emociones de las pobres gentes que lo llaman en la ingenua creencia de que van a ser escuchadas y a cambio reciben el mismo trato que el ganado que se lleva al matadero. “Mi amigo –pensé– en este caso se equivoca de principio a fin”.

Desde luego, la violencia es un diamante brutal y multifacetado, que soporta las miradas de una múltiple interpretación. Y por supuesto, el deseo de que le vaya mal a alguien que nos disgusta profundamente debe tener ciertos límites, así que, enterado de la historia del asalto a su domicilio y del tiroteo subsecuente, no puedo sino lamentar lo que le ocurrió al señor Etchecopar y a su hijo, desearles la más pronta y completa recuperación, y también lamento, aunque este sentimiento no sea, en este momento social, muy compartido, el sufrimiento de la familia del asaltante muerto.

Mientras un periodista como un perro rabioso recitaba los hechos de violencia que el difunto había perpetrado, vi por televisión las fotos de su prontuario, de frente y de perfil, y tuve la impresión de que ahí había un tipo sin opciones y sin futuro, alguien que tal vez había agarrado un arma sin saber qué hacer con ella, como suele ocurrir con tantos otros sin futuro que matan o mueren sin saber por qué.

Desde luego, que un asaltante que porta un arma reciba diez balazos de un apologeta de la violencia que finge sufrir un ataque al corazón y desarmado encuentra su razón de ser y dispara, da mucho que pensar. No tanto sobre los hechos, sino acerca del modo en que se montan y se presentan al público, y sobre el modo en que el mundo se organiza sin saber qué hacer con la gente que se ve empujada a salirse de él.



Diagramación & DG: Andrés Gustavo Fernández

7.06.2011

EDUCAUCION!

Por Roberto Daniel León



No hace mucho, había logrado –no sin esfuerzo- convencer a mi hija menor para que llevara a cabo una tarea de principio a fin, sin distracciones. El desafío consistía en que terminara de anudar sus zapatillas, caminara desde su habitación hasta el comedor, se calzara el guardapolvo, tomara su mochila y saliera para ser llevada a la escuela. Juro que todo apuntaba al éxito, cuando en medio de su desplazamiento hacia el objetivo, alguien, con forma de madre, le arrojó a la pasada una cuestión que nada tenía que ver con el emprendimiento. No hizo falta nada mas para marcar un nuevo fracaso en la grilla de mis experimentos, a tal punto que algunos de ellos están señalados casi proféticamente. Eso si: todos mis fracasos han sido exitosos y lo seguirán siendo.

Mientras transitábamos el camino de casa a la escuela –acción que en si misma no garantiza el aprendizaje- y aumentaba mi preocupación por aquello de llegar último, como aplauso de sordo, pude pensar en las cuestiones distractivas que le fueron arrojadas a la escuela, tanto como para que –a estas alturas- perdiera su objetivo.

Se dijo, y se sigue diciendo, que la escuela moderna debe enseñar a pensar. Hasta ahí todo muy bien, pero lo que no se quien dijo, es que para enseñar a pensar había que dejar de transmitir conocimientos. Para poder pensar, es necesario que existan elementos que se puedan comparar, asociar, conectar, evaluar, cuestionar, etc. Es decir, sin conocimiento no hay posibilidad de pensamiento; sería como intentar nadar sin agua. Nuestra escuela ha dejado de transmitir conocimiento hace muchos años. Es cierto, antes, la formalidad del conocimiento establecido como definitivo según las necesidades de la política de turno, no dejaban lugar al pensamiento crítico y al cuestionamiento; pero, al intentar incorporar el pensamiento crítico en la casi simplista expresión de “enseñar a pensar”, dejaron de hacer lo otro. Ambas cosas son indispensables para construir personas y sociedades con mejor calidad de vida. No es una u otra, son las dos.

Ejemplo: escuché enviar alumnos a investigar el proceso de las cuatro estaciones, que como sabemos tiene su explicación en la traslación de la tierra y la inclinación de su eje, etc. Ese conocimiento ya existe, ya fue investigado y no hay dudas razonables al respecto. ¿No sería mejor transmitir directamente el conocimiento, en vez de perder tiempo en dilaciones e iniciar, en todo caso, una investigación de algo más dudoso? Ese método es un vicio escolarizado, cuyo único logro es descomprimir la tarea docente en el aula (sin beneficio alguno para el alumno) y garantizar que terminarán su secundario sin saber un ápice de astronomía o geología, sin mencionar que en muchísimos casos aún la lecto escritura se encuentra ausente. Es frecuente observar que, debido a la ausencia de conocimientos previos, en el proceso de “investigación” de ciertos asuntos, los jóvenes copian de Internet y pegan en sus trabajos prácticos, disparates envidiables por cualquier humorista, que poco o nada tienen que ver con el tema propuesto.

Con esta metodología, el año escolar transcurre de pérdida de tiempo en pérdida de tiempo, sin que conocimiento alguno termine por quedar acabadamente instalado en la mayoría de los cascotes, muchos de los cuales permanecen vírgenes hasta el final de sus días, exhibiendo en alguna pared su certificado de “estudios” cursados... y aprobados!!! Permítaseme destacar que cuando digo MUCHOS, es precisamente eso lo que quiero decir. Como este deterioro lleva ya varias generaciones, sería mínimamente heroico esperar que en cuatro años de formación, los docentes adquieran los conocimientos que no adquirieron en 15 años de escolarización, con lo cual el círculo se repite y se ajusta cada vez más.


El sistema provee a los estudiantes de magisterio extraordinarias herramientas pedagógicas para transmitir nada. Saben muy bien como, pero no saben que. Por supuesto que hay casos de esfuerzo individual y de familias especiales que pusieron bases en la cabeza de sus hijos, construyendo individuos con conocimiento y capaces de pensar, pero por desgracia son relativamente pocos. Lo cierto es que la escuela llega tarde y sin remedio, distraída por un sinnúmero de actividades modernas y elegantes, que prácticamente eliminan de la escena el trabajo áulico, único que puede dar frutos. 

La cultura de la apariencia (algunos la llaman de consumo), hace que las familias crean que la cosa pasa por tener cosas, entonces quieren que sus hijos tengan la cosa que simula o supone el conocimiento, pero no les importa esto último que sería la esencia o el contenido, dado que el diploma se puede exhibir y el conocimiento, en cambio, está dentro de la cabeza. Este último también se podría exhibir, en caso de ser necesario, si la sociedad no hubiese abandonado también la palabra y su contracara que es la capacidad de escuchar. La situación se agrava considerablemente cuando alguno de estos chicos quiere ser maestro-a... y lo logra!!! De este modo, cuando algún docente aislado tiene la osadía de reprobar a sus alumnos porque no están a la altura de lo requerido, en vez de ayudar a sus hijos a estudiar y aprender, los padres marchan pidiendo la cabeza del docente.

Por lo que algunos amigos docentes pensantes me informan, los diseños curriculares actuales son excelentes, solo que hay al menos dos pequeños problemas: casi no hay quien esté en condiciones de transmitirlos y, en caso de ser ello posible, irían a parar a un enorme vacío cultural. Para que tuviesen alguna expectativa de éxito, serían imprescindibles importantes cambios de paradigmas en la sociedad. Para poner proa en esa dirección, será crucial la neutralización de los jíbaros multimediáticos, ya que de lo contrario este país sería Honduras, en menos que canta un gallo.