3.12.2012

UNO DIVIDIDO UNO



Llegó el momento, el Temazcal está presente, las personas van ingresando a la parcela. Cada una a su ritmo, sin obligación. Mi estado es profundo este día, más de lo habitual. En la mañana, Elfa pronunció mi segundo nombre, Fabiana. Llamó mi atención que lo hiciera, ya que para mí ese nombre significó una vivencia que me llevó a verme en un aspecto herrado de hembra cultural. Cuando ella lo pronunció, mis antenas comenzaron a observar qué me quería decir ese momento, pues desde mi entender, detrás de cada palabra hay una posibilidad más para descubrir de uno mismo.

Observé la conversación  y me detuve a ver qué  me sucedía, que significa para mí  el segundo nombre. Mientras me quedé sola en la cocina, haciendo la sopa para compartir con los temazcaleros en la noche, miré hacia atrás y recordé qué etapa representó en mi vida ser llamada Fabiana, es lo único que en sí entendí que podía hacer para comprender lo que estaba asomando entre mis sentidos como una emoción profunda que desbordaba la razón.  El silencio se apoderó de mí y entró  Fabiana a mi propio diván, en ese espacio pude ver el segundo nombre de un nombre, representado sutilmente como el segundo lugar de una mujer. Parece una locura pensar que exista un segundo lugar en uno, al igual que parece una locura que exista yo misma con la creencia de ocupar un segundo lugar como mujer. Dos caras de una mujer que necesita reconciliar su pasado, dos extremos que anclan el punto de equilibrio,  y sé que puedo hacerlo, al reconocer y liberar ese valor de creencias que son la distancia que me separa de mí misma.

Comencé a hurgar en el recuerdo hasta que dí con la experiencia en donde este nombre tuvo protagonismo. El último empleo en relación  de dependencia, y sí, nada más representativo para esta creencia que la dependencia y el sometimiento. En este lugar, existía una mujer, Andrea, que figuraba como esposa del dueño de la empresa, y si bien ella quizás entendiera poco lo que estaba mostrándome, podía ver como este personaje formaba parte, al igual que todas las personas que allí estaban, de lo que yo llamo, el shopping del inconsciente.  Ahí en donde por decir así, tuve la posibilidad de ver de una manera acelerada, cada uno de los personajes que no son ni más ni menos, que sutiles proyecciones de actores de la personalidad de  las creencias que hasta ese momento creía mías. Y para sacar el jugo a esta puerta, necesito trascender esas formas, ir más allá de ese sistema de creencias, más allá de ese juego de poder que se enquista en lugares como los que formaron mi entorno en ese momento.

Al verlo así, hoy puedo reconocer la manipulación desde la ambición que converge en un mismo punto, la necesidad de poder en sus dos aristas, una que se somete por no creer tenerlo y la otra que somete por temor a perderlo, en ambos casos  el punto de encuentro es el mismo, el temor al poder poseído o desposeído por no poder ser. Creencia tras creencias creyendo ser verdades, y el desenmascararlas, es lo que está haciendo posible que hoy comprenda muchas actitudes que como Fabiana tomé, actitudes basadas en ideas de competencia y rencor, que en sí, me llevaron a caer en la victima, frente a un sistema que juega con la idea de sacarle valor a la energía femenina y masculinizar las estructuras para que así funcione. Y en sí, es ridículo y destructivo creer que una funciona sin la otra, y el equilibrio es lo que hace posible que cada relación se exprese como una danza en esta pista de baile que es la vida.


Y entrar en este espacio, reconocerlo, conmueve a la mujer que soy, y al mismo tiempo me libera. Y este punto, me ayudó a comprenderme más aún con el libro de Elfa, "La Mujer Consciente!. Ya que el énfasis que ella pone al exponer que las creencias en contra de la mujer no nos pertenece,  y que  las tomamos en momentos de la historia donde el miedo fue la carta de presentación para existir. Y frente a esto la propuesta de mover la pieza de la reina en el tablero de la creación y dejar de identificarnos con el peón disponible que alimenta la gula de la ignorancia de un sistema de "patrones" que cree ser dueño de todas las fichas. Sin embargo, sin ellas no habría posibilidad de jugar. Y  es ahí, cuando nos cae la ficha de que la mano que mueve el juego,  lleva el impulso de la actitud. Y si esta se sabe dueña de sí misma, ya sea hombre o mujer, no necesita directivas de ningún patrón más que el propio, ni menos aún necesita someter a alguien por creerlo amenazante para su existencia.

Ya que la mayor amenaza para la existencia son las creencias tomadas como verdad.
Entonces Andrea Fabiana, es una mujer íntegra, al igual que la mujer en sí,  si deja de competir consigo misma y se dispone a dialogar con las creencias para encontrarse un poco más  con cada experiencia que en si la lleva al encuentro consigo misma, reconociendo que es lo que de  manera sutil llega a someter y manejar la integridad y el sentido de la mujer. Y me atrevo a decir, la del hombre, por correspondencia. Ya que el sentido que encuentro viable es el de común acuerdo íntegro para el género humano ya sea mujer u hombre.  Entonces, podría ser que lo que queda en el tintero, es la posibilidad de  escribirnos ahora de una manera diferente, responsables de uno mismo. Y si tengo que transgredir la gramática establecida de repetición de palabras lo hago con la palabra conciencia, consciente de que es el vehículo posible, innato, gratuito e infinito.

Ahora sí, habiéndome compartido conmigo misma en este espacio que deleita los sabores del paladar, me dirijo al plano físico del Temazcal. Previamente a esto, las personas se reúnen a conversar en un círculo creado por la familia para este fin entre otros. La conversación es variada, sin embargo hay un tema en común que nos atañe a todos y que surge una y otra vez. Y que desde donde lo veo, e incluso desde donde lo viví, es uno de los condimentos necesarios para el alimento que mantiene en pie el mercado inconsciente: la esclavitud del ser humano por el propio ser humano. Y esta realidad se vive en los distintos entornos citadinos principalmente, y esto es sabido, sin embargo aun existe. Entonces me pregunto;  en manos de quien está la decisión de permitirlo, y no encuentro otra más que en la de cada uno. Y sé muy bien que esta decisión es una realidad posible de tomar y transformar, porque así lo hice y lo afirmo en cada espacio que comparto. Y es por esto justamente que el entorno que ahora está en mi vida, es acorde a esa elección. Entonces puedo darme cuenta que lo sofocante-mente explotador existe en tanto y en cuanto se le dé lugar. Y aunque estas palabras parezcan simplistas como dicho, el hecho es confirmable  cuando se toma la decisión de hacerse responsable de lo que cedimos irresponsablemente, la libertad de elegir como vivir.

Y estas  costumbres forman parte de los diez manda-mientos criados desde hace tiempo en el moisés que navega por el mar turbio de las limitaciones mentales. Sin embargo, podría ser que  el moisés ya quede chico, que la queja sea el anzuelo de mal turbio, y las limitaciones mentales la tarjetas de invitación para atreverse a nadar mas allá de este mar. Y en esta orilla, donde hoy estamos, existe la oportunidad de compartir cuestionamientos llevándonos la  posibilidad de bucear océanos y encontrar las perlas que tienen el brillo propio. Es decir, animarnos  a nadar sin la necesidad de utilizar salvavidas que se inflan y se desinflan con expectativas que no nos pertenecen. Ya que el tomar eso es un recurso limitado a eso, y es justamente lo que en cierta forma le da a la explotación, entre otras cosas, la posibilidad de existir.

Es sinceramente sabido que el sistema por sí solo no puede mantenerse en pie como sus dioses mandan. Y me pregunto, cómo manda un dios en un mundo creado a su imagen y semejanza con la posibilidad de la libre voluntad?  Quizás, sabiendo que quienes ceden la libre voluntad, toman el espacio que sobra de las tarjetas horarias de entrada y salida para poder vivir, y se premian cada fin de semana comprando la cajita feliz  al mejor empleado del año en un restaurante de hamburguesas de lombriz. Y darse cuenta de estos pequeños detalles es ilimitado. La federrata del sistema, traducida globalmente como la fe herrada al sistema. Y es aquí cuando la fe deja de mover montañas de reservas a los bancos del estado privados  de la conciencia. 

Respiro profundo, y me detengo  a ver como detrás de cada pensamiento se proyecta una película, y acceder al  tráiler oficial es lo que entusiasma mi recorrido. A veces se torna poco alentador  ya que  implica atención sabiendo que el resultado puede ser no deseado. Y habitualmente los resulta-dos son así o uno u otro. Lo que entusiasma es que ni uno ni otro es  lo que Es.  Y saborear este plato es una experiencia propia a cada paladar donde las palabras recobran  el sentido, y son, la melodía más preciada para el oído que se atreve a escuchar su propia voz.

Ahora me dispongo a descansar en el silencio del inipi. Caco dirige el Temazcal, entra en primer lugar y luego los demás temazcaleros  lo hacemos cada uno en su momento. Mientras los guardianes del fuego continúan acompañándonos, y se disponen a dar la entrada a las abuelitas que avivan esta nave de purificación.

La vivencia es personal, y el grupo se acompaña con respeto y con la premisa que se ofrece. Humildad y Honestidad. Nada simple en nuestras vidas, debido a la necesidad de apariencia a las que venimos acostumbrados. Y esto desde donde lo veo y vivo, se expresa hasta en el momento que podríamos mostrarnos físicamente desnudos frente a otros y por cuestiones que consideramos importantes, titubeamos al quitarnos la ropa. Sabiendo esto, no doy lugar a que esas líneas sutiles de prejuicio me detengan, suelto mis harapos  para entrar como vine a esta tierra al nacer. Des-nuda, esto me suena a sin nudos que me aten a ideas. Así me presento a esta tierra que me vio nacer y morir más de una vez. Así me entrego para nacer otra vez sin temor a  morir para vivir.

Como tripulante, no puedo describir cómo se dirige un Temazcal, ya que no soy quien lo dirige. Lo que sí puedo es compartir este viaje personal, en la medida de lo posible. Que es lo que recuerdo. El cuerpo es quien habla aquí, me traduce la  resistencia que se presenta en los primeros momentos. Cierro los ojos, comienzan los cantos, las palabras van y vienen, y el debate en uno mismo por dejar salir lo que ya no se necesita va perdiendo intensidad, entonces ahí uno comienza a disfrutar esta experiencia, comienza a dejar que la tierra  nos inunde y nos permita reconocernos un poco más momento a momento...

Lo que se vive aquí no lleva traje y corbata, ni manuales de instrucciones técnicas, lleva corazón, tierra y valor. Entonces es ahí cuando nos permitimos ver que los problemas solo existen en nuestra manera de interpretar. Las lágrimas comenzaron a recorrer mis ojos, se retuerce mi cuerpo con el apego de historias sentimentales que al parecer no resultaron como esperaba.

En un momento afortunado, el despertador se hizo presente y Caco comenzó a entonar una canción del tipo popular que hablaba del amor. Lo que generó fue una angustia cómica en mi interior. Algo así como una parodia sentimental en donde el Romeo comienza a perder la forma, y queda solo un vacío de esa ilusión. Y aquí es cuando uno se entrega con patas y todo para aprender de la experiencia que es uno mismo, aquí es cuando me doy cuenta, una vez más, que no sabía nada de lo que creí saber. Aquí, el martillo inconsciente me da en el ombligo del pequeño centro del mundo de las creencias, se derrumba la historieta. Y entonces el para qué de estas experiencias son el vehículo hacia las aguas claras de lo que somos y de lo que vivimos.

La travesía es intensa y profunda. Y a medida que las olas van suavizando su ritmo, nos regocija encontrarnos con la plenitud de poder contemplarnos y dejar de ser náufragos a merced de las  creencias.

Así, pasa este momento único para nuestras vidas, penetrante en lo sutil. Cada quien  se retira a su tiempo y de una manera natural, mas allá de las sugerencias, nacemos con menos capas de las que entramos. Nos entregamos con el cuerpo a la tierra fresca que nos cobija y nos comparte con el inmenso cielo que en su plenitud nos ilumina la noche con el brillo de la luna, las estrellas y los planetas que acompañan y forman esta comunidad con el planeta tierra. Y en este  sueño hecho realidad llegó la hora de descansar hasta la mañana siguiente. En donde nos encontramos a compartir entre mates y meriendas, las vivencias, las palabras que necesitamos quizás diariamente expresar y que por razones racionales solemos dejar para otro momento. Y esto salta a la vista, ya que los rostros se ven alegres, contenidos, relajados. Y quien decide el silencio como voz, no necesita justificar su tono, pues es natural no problemático, y más aun, es parte del compartir.

Comienza una semana nueva.  La agenda solo indica una acción: yo misma.  Esta tarea que se presenta en mi vida no es nada fácil, y mas allá que ni llega a ocupar un reglón, su contenido es profundo y más aun, interminable.  Sin embargo sé, que es necesaria para poder elegirme cada vez. Y cuando hablo de elegirme, me refiero al sentido que va más allá de la idea idolatrada de solo aquí importo yo. Más bien, me dirijo a desmenuzar  la idea cuestionada de cuando sobre tiempo me dedicare a saber quién soy y qué elijo en esta vida para crear y compartir. Y si digo cuestionada es porque sé que los  momentos de lucidez nos llevan a esto una y otra vez, hasta que en si nos comenzamos a dar cuenta que aquí estamos, que llegamos dormidos, la gran caída, que el despertador de la creación sonó tantas veces como es necesario con el ringtone universal del sentido de la existencia, y el cuestionarla, es el primer paso. Ya que pasar la vida detrás de un entorno sin sabernos generadores de él nos quita protagonismo en esta obra, y lo mundano se transforma en la pantalla que se toma como realidad y la vida pasa a ser una ficha repetida en el casillero de la creación.

Y la profundidad que nos permite reencontrarnos con lo que somos, se tapa con la vestimenta de la rutina. Entonces, vivimos aburriéndonos de nosotros mismos hasta que nos damos cuenta de que este  circo comienza a tener sentido, y la diversión se hace divertida con el simple hecho de vivir cada instante conociéndose uno mismo, y se, que esta frase es popularmente repetida, tanto, como las veces que la pasamos por alto. Sin embargo, es una de las principales  señales de tránsito en la autopista de la consciencia.

Ahora, tras tomar el lápiz y el papel de la observación, me entrego a compartir lo cotidiano para entrar de una manera simple a lo más complejo, la idea de lo que uno es…